jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, teleprensa.com

Hace mucho tiempo que en este país ya no se condena a nadie por ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de un ministro del bando contrario y ser homosexual, que son los cargos que pesaban contra Federico García Lorca el 18 de agosto de 1936. En su tiempo era un rojo, un perroflauta de la época que mira por donde llevó por las plazas de pueblos y barrios su Barraca, representando obras de Calderón de la Barca, Miguel de Cervantes o Lope de Vega. Aún así, fue objeto de críticas por esconder, presuntamente, mensajes de propaganda política en sus giras hasta el punto de que grupos de ultraderecha sabotearon representaciones de La Barraca como la del claustro del Monasterio de San Juan de Duero.

Obviamente los dos titiriteros de Madrid, que mira por donde son granadinos, no son ni mucho menos un reflejo lejano de Lorca y Ugarte, sencillamente son dos malos aspirantes a no se qué, que han llevado al terreno de la vergüenza ajena la crítica de una sociedad que no está para tirar cohetes ni tracas valencianas. Está claro que no es una representación para niños, pero de ahí a que metan en la cárcel a nadie por ello, es como si Podemos se presenta en el juzgado para denunciar a Fernández Díaz, el anciano ministro del interior, y a éste le meten en la cárcel por la cantidad de barbaridades que está diciendo sobre ellos y las consecuencias que tendría  dentro del entramado terrorista internacional que lleguen al gobierno de España. Vamos que no hacen falta títeres en este PP en caída libre  para que las barbaridades que se puedan decir sean objeto de vergüenza ajena.

Pero el caso Madrid no es más que una cortina de humo que los populares intenta alargar y engrandecer lo más posible para que de una u otra forma solape el escándalo de Valencia. Es una táctica de comunicación pura y dura, de libro, pero ciertamente necesita de colaboradores en posiciones de poder que puedan generar esa alarma social que sustituya una crisis por otra. Desde luego que el encarcelamiento de los dos puñeteros titiriteros es una causalidad que vale su peso en oro, pero que no obedece a ninguna acción coordinada.

En Almería, por ejemplo, el tal Gabriel Amat, alcalde de Roquetas de Mar, presidente de la Diputación Provincial y del PP, intenta con todos sus medios y aquellos que pone a su alcance los cargos que ocupa en administraciones públicas, que el archivo de una causa relacionada con una única licencia urbanística sirva para tapar todo lo que se le viene encima. Este es el famoso alcalde de los gps en las palmeras puestos por la empresa de su yerno, el mismo que también le vendía coches al propio ayuntamiento o para el que se recalificaba suelo en la capital, según las noticias que han ido apareciendo en El País y otros medios nacionales.

Pero el peor de los miedos de este otro anciano dirigente de la rancia derecha viene por otro lado. La denuncia que la fiscalía ha cursado en Purchena por los planes provinciales de Olula del Río, la localidad almeriense en la que Mariano Rajoy se dio la caminata campestre, llevan directamente hacia Gabriel Amat como la persona que firmó contratos de obras por más de 200.000 euros, en uno de los casos, cuando hacía meses que esa actuación ya estaba hecha. Y las pruebas apuntan a él y en su defecto a su vicepresidente, Javier Aureliano García, vicepresidente de la Diputación y secretario general del PP, porque al fin y al cabo son los que mandan en la junta de Gobierno que dice cómo y cuando se hacen las cosas. El caso es tan enrevesado que puede cargarse hasta el nuevo equipo de gobierno del Ayuntamiento de Almería, ya que dos de sus principales caras visibles también están salpicados por un caso, el de Olula, que puede levantar muchas alfombras en la Diputación Provincial de Almería. O pagan políticos o lo hacen los funcionarios y dos de ellos, con nombres y apellidos, llevan un buen número de papeletas para el sorteo.

Las cortinas de humo están a la orden del día y en estos días vamos a ver muchas más, pero si se confirma que los populares intentaban llevar a España hacia unas nuevas elecciones sin que hubiese debate de investidura, y que esa es la causa de su distanciamiento con la Casa real, no harán falta nuevos casos de corrupción para sacarlos a gorrazos de las instituciones, porque un intento de manipulación de la democracia de ese tipo a ellos les hunde y al rey, por el contrario, puede hacerlo por obra de biribirloque un tipo más o menos enrollado para todos los Españoles. Ya le pasó a su padre un 23 de febrero de tampoco hace tantos años.

 

 

Cortinas de humo entre titiriteros
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