Javier A. Salvador, teleprensa.com
A día de hoy, en España, no levantamos cabeza con el fenómeno Podemos, ese grupo formado por jóvenes profesores y estudiantes universitarios al que se han ido sumando miles, cientos de miles y camino de millones de seguidores por el mero hecho de que han dado con un tecla sensacionalmente interesante en estos tiempos que corren. Sencillamente comunican, trasladan un mensaje directo, sencillo de entender y a medio camino entre lo que quiere escuchar el receptor y lo que por lógica todos entienden que debería ser natural ¿Populismo? No, de eso nada, es comunicación.
Es cierto que se ha perdido el norte en la relación partidos y ciudadanía vía medios de comunicación, porque algunos políticos interpretaron que comunicar era sencillamente comprarse los medios para poder decir lo que ellos querían, en su propio lenguaje y sin que nadie rechistase.
Estaba claro que medios de comunicación que soportan deudas multimillonarias por todas sus pérdidas acumuladas durante los últimos años, como El País o El Mundo por citar a los más leídos, no iban a poner muchas objeciones en ese sentido y de hecho cuando alguno se sube a la parra al fin y al cabo se tarda muy poco en encontrar un apóstol tipo Marhuenda y montar un periódico que sirva de escarmiento a aquellos que se salen del tiesto si le puedes dar apoyo económico incondicional.
Pero no todas las claves vienen impresas en billetes de euro. El caso está en que se han intentado trasladar verdaderos ladrillos como mensajes. Historias para no dormir a las que se les ha dado eco aún sabiendo que se trataba de verdaderas tomaduras de pelo. Pero si mucho nos metemos con los catalanes, al final somos todos los que terminamos diciendo aquello de “la pela es la pela”. Y en favor de algunos hay que reconocer que la libertad de expresión no paga deudas, aunque sí que es cierto que te puede llegar a mantener en modelos de autosuficiencia.
Y ahí está la clave de ese fenómeno llamado Podemos, que ha tirado de su propia libertad de expresión, se ha puesto como objetivo la autosuficiencia y ha comunicado inteligentemente, demostrando que la difusión en este momento ya no está en manos de El País, El Mundo o las televisiones principales. Pero es más, también es cierto que de alguna manera nos está obligando a hacer nuevamente periodismo, porque me consta que muchos están mandando literalmente a la mierda a quienes les presionan para que no publiquen las informaciones de la #perroflautasrevolutions. Pero no pueden pararlo, resulta que son noticia, que se han ganado un espacio diciendo cosas como “me siento español y entiendo que hay que arrebatar el término patriotismo a los patriotas de pulserita rojigualda que luego venden la soberanía y cierran escuelas y hospitales. Creo que querer a tu país es querer a su gente y respetarla y respetar los servicios sociales y que tengan derecho a decidir sobre cualquier cosa. Creo que ser patriota no es amenazar a nadie porque hable una lengua distinta”, palabras de Pablo Iglesias en un entrevista publicada en El País, periódico que parece recapacitar sobre sus movimientos editoriales de estas últimas semanas y vuelva a estar en lo más parecido a un sitio próximo a su lugar natural.
Y claro, no se trata de que el chaval de coleta y ropa comprada en Alcampo, profesor de universidad y parlamentario europeo tenga un discurso de masas a lo Obama, pero entre esa frase y estas otra "Una indemnización indef... en diferido, en forma efectivamente de simulación... simulación o lo que hubiera sido en diferido en partes de una... de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la Seguridad Social”, -que es nada más y nada menos que de la secretaria general del PP en España y presidenta de la comunidad de Castilla La Mancha-, intentado explicar la relación del PP con uno de los casos más importantes de corrupción política en España, pues te llevan a pensar que igual, lo que hace falta en este país es menos compra de espacio y más comunicación.
