domingo. 14.08.2022

Come carne y quema bosques

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

Sinceramente me revuelco por el suelo de la risa que me entra cada vez que veo en un telediario llamar a determinados políticos “gilipollas” sin nombrarlos ni hacer alusiones directas a ellos. El último episodio sucedió el pasado martes, cuando en medio de la preocupación por los incendios y las olas de calor, se enlaza con los comportamientos que provocan estos episodios y sus posibles soluciones. Obviamente me refiero a las explicaciones que dan catedráticos o doctores en la materia, del porqué y cómo arreglarlo, es decir, bastante más criterio que la oposición de Cuca Gamarra, Inés Arrimadas o cualquier otro cada vez que se suben a la tribuna del Congreso.

Y, por ejemplo, ese otro día un experto, doctor y profesor en la mayor universidad española, decía textualmente que como una de las medidas urgentes para paliar los efectos del cambio climático tenemos, debemos, asumir que entre las principales claves está reducir drásticamente el consumo de carne.

No me malinterpreten, porque la única coincidencia entre un vegano y yo es que no tomamos lácteos, y en mi caso por intolerancia, porque no hay nada que eche más de menos que el colacao de mi niñez.

Ahora bien, recuerden cuando hace unos meses el ministro de Consumo, que por el mero hecho de ser rojo y republicano sufrió las de Caín, dijo que había que acabar con las macrogranjas de productos cárnicos por su alto impacto ambiental, independientemente de que no críen animales y que sencilla e inhumanamente produzcan carne.

Y otra igual o similar ¿Recuerdan la antepenúltima crisis con Borrell? Dijo en marzo, desde su posición como alto representante de la UE y vicepresidente de la Comisión, que habría que ir pensando en bajar un poco la calefacción, los aires acondicionados y esas cosas ridículas que tanto se criticaron para ahorrar energía en un escenario de crisis internacional como el que padecemos. Pues ahora, hoy, son cosas que la UE impone como medida de los que saben, no de los gamarras de turno, sobre cómo afrontar el futuro más inmediato.

El resumen de todo esto que quiero contarles, seriamente afectado por el calor del verano, y con la única intención de molestar para obligarnos a hablar, debatir y sentir que corre algo por nuestras venas, es sencillamente que, además de las medidas climáticas para evitar incendios, bajando el consumo de carne entre ellas ahora que está tan cara, es precisamente desterrar los populismos baratos. El no por respuesta automática al igual que si mandásemos una reclamación a Telefónica, lo único que genera es que precisamente esos que están muy arriba puedan mantener la esperanza de que nunca, nadie, podrá tomar medidas que realmente cambien las cosas.

Somos rehenes de una sociedad que maneja menos del 10% de quienes la conformamos, y lejos de luchar contra ello competimos para conseguir entrar en ese exclusivo club en vez de repartir. Porque lo más heavy de todo es que ese pequeño grupo atesora más riqueza que el resto de los mortales. Vamos, que cualquier día podemos pasar de rehenes a esclavos, y estamos más cerca de ello que de la siguiente ola de calor, de veranos con 50 grados y parques naturales de montaña sin árboles.

Come carne y quema bosques
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