Aunque creamos que estamos en esa España mejor formada de nuestra historia, porque hay más población con estudios universitarios y medios que nunca, la incultura, en su más amplio significado, es uno de los problemas más serios a los que nos enfrentamos como sociedad. Y esto sucede, precisamente, porque hemos hecho del mundo en que vivimos una mezcla de modelos ínfimos, a medida de nuestra propia mente, exactamente a la medida de nuestro propio ego. Ya nos vale con 300 likes y 40 comentarios para sentir que has contribuido positivamente al mundo que nos rodea. De ahí para arriba, en el actual estándar, te crees que eres una estrella.
Ayuso, con sus números en redes, muy por encima de su propio partido, seguro que se cree una verdadera estrella polar. De las que sirven para guiar al resto. Pero claro, es fama y estrellato efímero, que carece de toda relevancia futura y que, por ello, deja unas secuelas mentales que te convierten, en el mejor de los casos, en carne de psicólogo dos a cuatro veces por mes.
Verán. Tengo una estrecha relación con el País Vasco, Euskadi, Euskal Herria. Jamás me he sentido ofendido o amenazado por el hecho de que se dirigiesen a mí en euskera, lo hablasen entre ellos conmigo presente o cualquier otra situación por el estilo. Todo lo contrario, siempre he sentido una enorme envidia por no alcanzar a hablarlo, como el catalán, el gallego o el valenciano. A partir de ahí, que una dirigente política lance a su audiencia que se siente amenazada cuando han hablado de ella en euskera, que interpreta como si se le dirigiera una advertencia pseudoterrorista, es sencillamente para meterla en una celda y tirar la llave. Si no por delinquir incitando al odio, sí por estar como un puto cencerro.
Obviamente no es ella quien genera el mensaje. Solo traslada, y lo hace en unos medios de comunicación concretos, que son los que siguen sus fieles. Tres presentadores muy determinados, dos emisoras de radio específicas, obviamente Telemadrid, y su ejército de grupos de WhatsApp creados para replicar cualquier mensaje o convocatoria. Estos últimos vienen a sustituir el papel de aquellas asociaciones vecinales que antaño tan bien les funcionaron a estrategas como Alfonso Guerra.
Puesto el mensaje en la calle: Ayuso, víctima, ataques, vascos… corre como pólvora seca.
Mientras media España se descojona de cómo se puede ser tan tonta como inculta y meter la pata de esta manera, por no cerciorarse antes de lo que le estaban diciendo en euskera, de la otra media habrá un 3 % que crea que ETA se está rearmando porque Ayuso es una amenaza. Y eso tiene tanto sentido y lógica como creerte que “divorcio” en chino se dice chaochochin.
Dos apuntes: “eta” en euskera significa “y”. Por la mañana me levanto eta / y por la noche me acuesto. Euskal Herria es lo que para el de afuera sería País Vasco. Vascongadas si quieres ofender. Y gilipollas se escribe igual en Almería que en Gran Vía, pero mira por dónde, en euskera no tiene traducción. Es un idioma tan ancestral que nuestros insultos no tienen traslación en el suyo. Igual, por ahí, algunos serían capaces de entender algo entre líneas.
A lo que estamos llegando no tiene nombre ni perdón. Y si faltaba algo para tener el cuadro completo era poner a Feijóo de nuevo vigilante de fronteras con Ayuso eta Euskal Herria como nuevo campo de batalla. Buenísimo
