Javier A. Salvador, teleprensa.com
El miércoles 16 de Marzo, a las 19:30 horas, diversas organizaciones y partidos políticos han llamado a una concentración, manifestación o protesta, elijan ustedes el término, para oponerse de esta manera tan práctica al acuerdo sobre refugiados de la Unión Europea. El lugar de reunión es la Puerta de Purchena, y el primero en llegar será don Nicolás Salmerón y Alonso, frío como siempre, de semblante inmóvil, y a quien nadie sacará de sus pensamientos por mucho que se grite.
La causa es justa y no sólo por las imágenes desgarradoras que a cualquier hora podemos ver en un medio de comunicación, sino porque no hace mucho eran españoles los que cruzaban la frontera pidiendo auxilio a Francia. Yo he escuchado esos relatos en primera persona de aquellos que con apenas nueve años fueron arrastrados a un excusión que nunca entendieron, de la que poco hablaron a sus propios hijos y de la que sobre todo recuerdan el hambre que pasaron. Sólo han pasado 77 años desde aquel episodio y bueno, si fuésemos estadounidenses con una historia que se remonta a día de hoy a 233 años sería una antigüedad digna de museo, pero como en España cualquier rincón es milenario podemos decir que prácticamente fue ayer y que no conviene olvidar tan rápido.
Aunque en todo este asunto de los refugiados hay un pero.
Está muy bien solidarizarse con el pueblo sirio, afgano y todo el que sea necesario, pero suena un tanto hipócrita que nos rompamos la camisa por los refugiados que están de moda cuando llevamos treinta años dando la espalda a unos señores que, lo queramos o no, son refugiados nuestros, españoles, y que llevan viviendo en campos de refugiados ubicados en el desierto de Argelia desde 1975. Es muy cierto que querían independizarse, -igual que hoy los catalanes-, pero fueron los primeros señores con DNI de bandera rojo y gualda que le plantaron cara a la dictadura de Franco y consiguieron de ella un referéndum de autodeterminación. Casi nada.
El Aaiún, Auserd, Smara y Dajla eran ciudades españolas en el Sáhara Occidental, y hoy son sencillamente campamentos de refugiados en la provincia de Tinduf, al sur de Argelia, donde casi todos parecen haber olvidado que ellos también son refugiados que se acogieron a la legalidad internacional para que les devolviesen su territorio.
Y así le va.
Dos tercios de las mujeres que viven en estos campos sufren anemia por matemáticas puras y un tercio de los niños que viven en estos campos sufren desnutrición crónica. Ellos tampoco son números, también son seres humanos.
