jueves. 04.06.2026

Desde hace meses y sobre todo en las próximas semanas vamos a ver cómo toda configuración de cualquiera de los posibles gobiernos que pueden formarse para esta legislatura pasa por grandes, enormes concesiones a País Vasco y Cataluña, y tras ellos Canarias y algún que otro voto de tinte nacionalista que resurge, como ocurre en Galicia.

Frente a estos privilegiados del panorama político nacional, estamos los andaluces. Parece que una vez aprobada nuestra autonomía nos fuimos a pegarnos una siesta que aún no ha terminado. Que nos ha impedido terminar el trabajo, porque para qué queremos una autonomía si no conlleva ganar un peso específico que permita dignificar la posición de esta región, de sus habitantes. Durante décadas soportamos que nos miren como ese hermano grande, enorme, pobre, inculto y vago del que hay que arrastrar porque no les queda otro remedio, pero #seacabó.

Tragar y tragar porque nunca hemos tenido la más mínima fuerza en el panorama nacional, sencillamente porque no hemos tenido jamás voz propia #seacabó.

Mirad a nuestro alrededor. Cataluña y el País Vasco han logrado avances significativos en sus autonomías, gracias a movimientos nacionalistas que han sabido defender sus intereses en el Congreso de los Diputados. Han negociado mejoras en infraestructuras, en educación, en sanidad. ¿Y qué hay de Andalucía? ¿Dónde está nuestro lugar en esta mesa de negociación?

No es un secreto que las regiones con representación fuerte en el Congreso han logrado beneficios tangibles. Recordemos las negociaciones en la formación de gobiernos en la era democrática española. Cataluña y el País Vasco han sabido jugar sus cartas, apoyando a gobiernos a cambio de inversiones y competencias. ¿Por qué Andalucía no puede hacer lo mismo?

Blas Infante nos habló de un regionalismo que no es separatismo, sino la afirmación de nuestra identidad dentro de la diversidad española. Nos habló de una Andalucía que contribuye al progreso de España y, por ende, al progreso de la humanidad. Es hora de actualizar ese mensaje al año 2023.

Necesitamos un movimiento nacionalista andaluz que defienda nuestros intereses, que luche por una mejor distribución de los recursos, que exija inversiones en nuestras infraestructuras, que mejore nuestras posibilidades globales. Un movimiento que tenga el peso específico en el Congreso para negociar en igualdad de condiciones con el resto de España.

Pero para ello, primero debemos encender la llama del nacionalismo práctico aquí, en el corazón y el bolsillo de cada andaluz y andaluza. No tenemos que defender grandes ideales o separatismos, sino ser prácticos, conscientes de nuestra posición en un nuevo equilibrio de fuerzas en el que al igual que con PNV, ERC o Junts, se tenga que negociar con los andaluces. Debemos sentirnos orgullosos de nuestra historia, de nuestra cultura, de nuestra tierra. Debemos unirnos bajo una bandera que represente no sólo nuestro pasado, sino también nuestro futuro pero por encima de todo, nuestras necesidades de hoy porque, señoras y señores, volvemos a quedarnos descolgados hasta que no gritemos #Seacabó. 

Hasta que no pongamos fin a esta realidad no consentida que nos toca tragar y que, además, mantenemos con nuestros votos no tendremos voz.

Andalucía sin voz #seacabó
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