jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, @jsalvadortp

A Gabriel Amat le han sobrado diez años de pampaneo político y es precisamente en este tiempo cuando se le han complicado las cosas. En política no hay nada peor que creerse aquello que los aduladores pueden susurrarte día tras día, pero en su favor hay que decir que si las palmaditas en la espalda se las daban personajes de la talla de Javier Arenas, que le llegó a definir como su hermano mayor de Almería, es muy difícil no caer en el error de creerse invencible, protegido por las más altas esferas de su partido. Y es precisamente esa amistad tan aireada con Arenas la que ahora le va a pasar factura.

Durante los años más flojos del ex secretario general del PP, los dominios de Gabriel Amat han sido ese refugio desde el que podía seguir sacando la cabeza siendo incuestionable. No hubo problema en colocar a Juan José Matarí en las listas del Congreso de los Diputados porque a Javier Arenas le hacía falta sacar a su hombre de confianza de la nómina de la calle Génova. Tampoco se le pusieron objeciones a su particular capricho de nombrar a Rosario Soto parlamentaria primero y senadora después.

Arenas tenía en Almería su pequeña taifa, todo lo que necesitaba en sus horas más bajas, y cuando recuperó fuerza en el PP,- hasta que estalló la Gürtel- fue tremendamente generoso con su hermano mayor de Almería, al que devolvió todos y cada uno de los favores, dándole a éste un poder que jamás podría haber imaginado.

Si necesitaba algo o a alguien en Madrid ahí estaban Arenas o Matarí para superar sus propias expectativas, pero esa seguridad de tenerlo todo a su alcance le hizo descuidado y arrogante. Una época en la que, para que se hagan una idea, el ahora intocable Rafael Hernando Fraile llegó a creer que no repetiría por Almería al no tener ninguna afinidad con Arenas, el hombre que mandaba en Almería y por ende con Gabriel Amat, mero altavoz de los deseos del sevillano convertido en almeriense de adopción.

Amat era intocable porque Arenas le protegía, y éste era el hombre de Rajoy hasta que la Gürtel todo lo torció. Las conexión andaluza de la trama amezaba con estallar en cualquier momento porque no hay que olvidar quién fue el secretario general del partido en los años que los papeles de Bárcenas pusieron al descubierto, y que ahora la confesión de Jaume Matas puede llegar a convertir en verdad absoluta.

Si Arenas cae o es retirado, Juan Manuel Moreno, presidente del PP en Andalucía, no tardará en quitar a los suyos de en medio y Amat es el primero de ellos. Presa fácil ahora que está denunciado por la fiscalía.

Junto a Gabriel Amat peligran perfiles como Javier Aureliano García, vicepresidente de la Diputación y secretario provincial del PP en Almería, “la sombra del abuelo”, como le llaman sus detractores, y que sería insostenible como heredero por el mero hecho de callar o no haber visto todo lo que hacía su jefe más directo.

Así las cosas, se abre el incierto camino de la sucesión en Almería con una Carmen Crespo seriamente toca por el escándalo del sueldo de su marido en el Ayuntamiento de Adra, y aunque intenta que el caso no le quite posibilidades en Sevilla, los hay que ya se mueven para que el caso Crespo no pierda calor. Mientras tanto los alcaldes de la provincia empiezan a moverse para encontrar un escenario de cordura ante el futuro incierto que se avecina si no gobierna el PP en el Estado. Con una capital de provincia que saben perdida, señalados por las informaciones de corrupción que Amat les dejará como herencia y las luchas por la supervivencia de jóvenes políticos locales que sólo han sido en su vida asesores en la diputación, concejales o diputados provinciales, necesitarán de mucho más que la experiencia de Rafael Hernando y sus apoyos del mármol para salir adelante sin el respaldo del rico Gabriel Amat.

Si, efectivamente, al final todo es dinero.

Amat y su hermano Arenas, en caída libre
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