Javier Salvador teleprensa.es
Hace días que recibo una serie de correos sobre columnas de opinión y comentarios que se centran en el movimiento gallardonista. Parece que el patio anda caliente, y eso es mucho más que revuelto, y cada uno hace sus propias quinielas sobre plazos y modalidades de ruptura.
Hace años un amigo me auguraba que un día de un futuro que puede ser nuestro presente aparecería un líder de centro, maduro políticamente y que agrupase a esos que quieren hacer política sin situarse a la derecha o a la izquierda de ningún lugar.
Coincidiendo con estos treinta años de democracia que en mi caso he mamado desde que tengo uso de razón, ha vuelto la imagen de un líder joven, resuelto, que supo mantener un gobierno ya no sólo en minoría sino con las zorras dentro del gallinero en muchas ocasiones. Hablar de la historia de la democracia en España es traer al presente a Adolfo Suárez y despertar en el pueblo español la necesidad de volver a encontrar el centro, ése al que tímidamente se asomó el PP en una postura netamente mediática y que le llevó a la mayoría absoluta, para luego volver a la oposición cuando se quitó el fino velo de confusión creada y dejó bien visible su lugar en la derecha que ocupa.
En la política, como en lo personal, no siempre tienes la oportunidad de tomar aquello que deseas, de entregarte sin mirar atrás a eso que sabes que te llenará y te devolverá la vitalidad que guardas a la espera de que algo suceda. Pero en la política, a día de hoy, y aunque parece un sueño lejano, todos coinciden en lo mismo: “si Gallardón toma las riendas y convierte al PP en un partido de centro arrasa”.
Centrándonos en el puro y duro análisis de la situación estamos viendo como el propio PSOE incita, invita y chincha al alcalde de Madrid para hacer ver, aún más, que su sitio no está en este Partido Popular. Su mejor opción en estos momentos, la del PSOE, es conseguir que Gallardón rompa por la tangente, que recupere siglas de centro genere un nuevo partido ¿imposible? ¿improbable? ¿inoportuno?¿necesario? Así sería una división o escisión y no una apisonadora. Por ahora.
Berlusconi formó un partido en apenas unos meses y ganó las elecciones de su país. De hecho el 26 de enero del 94 inscribía su partido y el 29 de abril del mismo año recibía el encargo de formar Gobierno tras ser la fuerza más votada en los comicios del 28 de marzo de 1994. Y no es el ejemplo que mas me pone, pero es uno de ellos.
Pero los hechos tal cual podemos plantearlos a día de hoy son más que concluyentes. Hay una enorme masa de población con derecho a voto que pasa de largo por las urnas porque pasa un montón de los candidatos, del modelo de partidos y del concepto de liderazgo instaurado en los partidos tradicionales.
Antes decía que tanto en lo personal como en la política hay momentos en los que tienes frente a ti esa oportunidad que sabes que te permitirá ser la persona más feliz del mundo. Puede que luego te equivoques, y suele pasar, pero por lo menos tomas esa decisión en el mayor acto de sinceridad contigo mismo. En ocasiones se esperan algunos años y en ese tiempo ves los trenes pasar, uno tras otro, pensando que ese era último y que te tienes que amoldar a lo que hay que, en definitiva es algo que tu mismo ha elegido. Pero la paciencia, madre de la ciencia, demuestra que siempre aparece ese nuevo tren, si es el definitivo o no es algo que realmente nadie puede llegar a saber, pero que va lleno de proyectos y nuevas ilusiones es algo tan cierto como que España, de Norte a Sur, de Este a Oeste, espera paciente a que su político más valorado, su líder más veces silenciado y ninguneado grite de una puñetera vez eso de ¡Santiago, Cierra España! Y los tercios, sus fieles, se agrupen en torno a un ideal para poner una pica en Flandes, en La Moncloa o donde sea necesario. Estoy seguro de que apoyos, de todo tipo, no le faltarían.
