Javier Salvador teleprensa.es
Existen situaciones en esta vida en las que es mejor abstraerse de lo que ocurre a tu alrededor. Dejar de lado lo tópico, eso de lo que todo el mundo espera que escribas, como durante estos días de la campaña electoral, de sus candidatos, satisfacer el morbo de leer que se les da caña. Más o menos ver en la pantalla reflejado lo que uno mismo piensa, pero opina que no es políticamente correcto decirlo, aunque hay momentos en los que, de verdad, se hace extremadamente difícil.
Hoy es el día en que diría mil y una barbaridades sobre la campaña, sobre los guays del PP, del trío pandereta formado por Acebes, Zaplana y Rajoy, aunque de este último pensaba que realmente era más serio. Lo penoso de todo es que llegamos a tan poco mentalmente que decir lo que se piensa de estos tres se entiende como significarse a favor del PSOE y eso te puede fastidiar más, sobre todo cuando empezamos a vivir un fenómeno social que parece acabar con el escenario bipolar de la política.
Escuchar día tras día, durante unas elecciones municipales, las barbaridades que se dicen sobre el tema vasco e intentar que sea el eje central de los comicios en todo el Estado es como para mandarles a paseo. Pero realmente creo que no se dan cuenta estos tres mosqueteros de la libertades, de las suyas y como ellos las entienden, que son los tres y a título personal, y no los partidos localistas o sus propias escisiones, quienes se están cargando aquello que tantos años costó levantar.
Porque realmente fue un trabajo titánico desarraigar al PP, después de llamarse AP, de esa sensación de derecha rancia para que poco a poco ocupase espacios de centro.
Aún no entiendo las tripas que algunos de los más fieles e históricos tienen para seguir callados, sin responder a las provocaciones que se les han lanzado hasta desde los medios más servilistas del régimen que los panderetas intentan imponer. El día que un par de gallardones respondan podrán suceder dos cosas. Una opción, el verdadero resurgir de una idea de centro-derecha que gane adeptos y agrupe las mil y una formaciones que surgen a la sombra del descontento, o que aparezca otra opción más que termine por agrupar a los mismos pero dejando de lado a la parte más rancia de un PP que se vale de la generación del odio, del uso del terrorismo para generar situaciones de afinidad.
La crispación está llegando a tales extremos que empieza a ser muy complicado entenderlo. Mi hijo pequeño me preguntaba el otro día qué significaba eso de 11M = ETA que alguien dejó escrito en lo poco que queda de la antigua piscina cubierta de la Diputación Provincial de Almería. Mi respuesta fue clara: “un capullo que se sigue creyendo su propia mentira”, porque ya no vale decir otra cosa.
¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Cuál es el final de todo esto? ¿Será realmente efectivo otro voto de castigo o nos obsequiarán con un nuevo post11m?
El pasado domingo Ángel Acebes, el hombre que transmitió por televisión uno de los mayores engaños a los ciudadanos españoles en las que fueron posiblemente nuestras horas más bajas de la historia reciente,- ratificado además en la sala de audiencias de la Audiencia Nacional-, paseaba tranquilamente, como si nada, por las calles de Adra apoyando a María del Carmen Crespo. Flaco favor creo yo.
Siento pena, tristeza real, de ver como se cae un modelo en el que muchos creímos. Empiezo a creer a pies puntillas los argumentos de quienes formaron líneas independientes, GIAL, PAL, el ya desaparecido partido o foro de Manuel Pimentel. En estos momentos lo único que cabe pensar es que todo es una provocación para que vuelva la violencia a las calles en el País Vasco, para que vuelvan los atentados y las sábanas blancas cubriendo cadáveres en los telediarios y apuntarse un “Si ya lo decíamos nosotros”. Si no es así les aseguro que no lo entiendo.
Estas son las municipales y desde Almería nos interesan las cosas de aquí. Pero que no pierda nadie el norte, que tanta crispación puede pasar factura y no muy tarde, más bien pronto.
