miércoles. 03.06.2026

Elena Torres teleprensa.es

Escucho y leo en algunos medios de comunicación tratar con cierto desprecio a toda esa amalgama de partidos políticos que optan a tener representatividad a partir del próximo 27 de mayo en alguno de los ayuntamientos a cuya alcaldía optan. Y no lo entiendo. Da la sensación que algunos sólo quieren ese intercambio entre los dos “grandes” y lo de escuchar a las minorías no va con ellos.

Y decir minorías es por decir algo, porque si no que le pregunten a Megino, con la mano en el corazón como se decía en la escuela, si esperaba sacar cinco concejalías en 2003 y posicionarse como tercera fuerza política por delante de siglas como las de IU que tienen toda una trayectoria política.

Pero eso es lo que tiene el descontento y yo no sólo creo que es legítimo que en democracia surjan nuevos partidos, -dado que las ideologías propiamente ya no existen y todo se reduce a distintas formas de gestionar, con más o menos sensibilidad, eso sí, pero gestión en definitiva-, sino que creo que se merecen más respeto del que se les dispensa.

Que un partido como Gial pase a duplicar su presencia en pueblos o que el PAL, recién nacido opte a un número aún mayor que el anterior, no es moco de pavo. Estamos hablando de dos fuerzas que ya han conseguido echar sus redes en la mitad del territorio provincial y a poca batalla que planten a más de uno van a fastidiar.

Tampoco me vale eso de cuestionar quiénes están en las listas y cómo éstas se han confeccionado, cuando vemos que las “grandes” siglas sufren también hasta el último momento para crear candidaturas en algunas plazas y cómo la dirección de algunos partidos no respalda la actuación de su candidato al frente de un ayuntamiento. Porque lo que sí está claro es que son pocos, muy, muy pocos quienes se someten a la ejecutiva de unas siglas, aunque sean centenarias, si éste no le da unas muy buenas razones para seguirla a pies juntillas.

Que localidades como Mojácar cuenten con tanto candidatos como sillas a ocupar en el Ayuntamiento es el síntoma de ese descontento y de ese descrédito que sufren los partidos.

Los futuros alcaldes van a tener que sudar la camiseta para colocarse al frente de sus respectivos consistorios y me temo que la suerte, para nada, está aún echada por lo que cerrar el plazo de presentación de candidaturas no es más que el comienzo de una complicada campaña que a buen seguro dará muchas sorpresas.

Complicada campaña
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