Javier Salvador Grupo Teleprensa
Seguimos acercándonos en esta Almería nuestra a los días de Navidad y una promesa es una promesa, y continuamos en la línea de lo positivo, resaltando valores de personas a las que nos guste o no tenemos entre todos ubicadas en los órganos de decisión de esta ciudad, de esta provincia. Opinar es gratuito, pero dar opiniones con tu cara y nombre tiene un precio que muchos no están dispuestos a pagar, pero hacerlo aún sabiendo las consecuencias es lo que vulgarmente llamamos libertad de expresión, sin ataduras, sin matices. Si toca, como hoy, resaltar algunos aspectos positivos del actual alcalde de Almería, Luis Rogelio Rodríguez Comendador, puede hacerse y que nadie piense que no hay donde rascar, porque personalmente creo que se le culpa más de los errores y manejos de los suyos, que por las acciones propias.
Un amigo común, del alcalde y mío que en un tiempo llegamos a ser colegas, me decía no hace mucho que el problema de Luis Rogelio Rodríguez no es tanto él como quienes le rodean. Me decía textualmente “hasta que no cambie el bastón de mando por una garrota se las van a hacer todas”.
Si nos vamos a unos años atrás, cuando era presidente del PP en Almería y se vio obligado a marcharse para intentar poner Paz, con eso de “si yo soy el problema, desde este momento no hay problemas”, algunos podrán ver una retirada despavorida y otros un acto de elegancia política. Luis Rogelio Rodríguez, en política, lo ha sido todo en Almería y llegar a la alcaldía le ha costado más que a ningún otro candidato. Para que se hagan una idea, antes de que el PP llegase a la era del gobierno de Aznar a Luis Rogelio le tocó siempre bailar con la más fea, es decir, ocupar esos puestos que sólo con suerte y mucho trabajo podrían conseguirse en el Congreso o en el Senado. Es más, cuando la situación escampaba y por primera vez había un segundo al Congreso seguro, fue un paracaidista quien ocupó el puesto y el eterno sacrificado siguió su camino.
Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua que Comendador, en las órdenes de distinción, tiene dignidad superior a la de caballero e inferior a la de gran cruz y casi eso resume el perfil, desde mi punto de vista, de este político: sobresale de la media, pero no cuaja al final porque sólo no se pueden hacer las cosas.
Hace unos meses, en una asociación de vecinos y haciendo un guiso para las mujeres de un barrio, vimos al Luis Rogelio Rodríguez de siempre, durante unos meses fue más esa persona que llegaba, que el actual personaje solapado por las ganas de protagonismo particulares. Fue nada menos que Platón quien dijo eso de “allí donde el mando es codiciado y disputado no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia”.
Quizás el mal del actual alcalde de Almería sea el arribismo, los amigos que igual te ponen motes que te piden dinero o su facilón “si me apunto” para todo aquello que personalmente sienta como justo y que dos pasos más adelante, sus inferiores, los que no llegan a comendadores ni por asomo, lo derrumben para convertirse en su mayor cantera de descrédito.
Dicen que las encuestas no pintan bien para el alcalde, que las cosa se ponen feas de cara a las municipales, pero por mucha caña que reciba en los próximos meses y por mucho que muchos critiquemos su gestión en algunos aspectos, si se va o desaparece, perderemos a un político formado a la almeriense y que, creo, está a punto de llegar a su mejor momento de madurez política. Personalmente creo que sólo le sobra lastre, mientras que muchos de esos que dicen la verdad en la calle porque no tienen que recibir nada de nadie, dicen que le falta dar dos golpes sobre la mesa, un buen bastón de mando y tapones en los oídos para no escuchar tanto halago de los mismos.
Comentarios jsalvador@teleprensa.es
