jueves. 04.06.2026

Javier Salvador Grupo teleprensa

Virgilio dejó escrito que las cosas humanas mueven a llanto, y sus males tocan el corazón. Ayer muchos almerienses quedaron seriamente tocados, yo entre ellos, al conocer lo ocurrido en la carretera de Aguadulce. Un matrimonio circulaba en una motocicleta y a eso del mediodía un coche ocupado por un joven de poco más de veinte años invadió el carril contrario y provocó algo más que un accidente mortal. Los dos ocupantes eran amigos míos, Gúmer Clemente y Emi Tijeras. Los dos murieron en el acto.

Es terriblemente difícil escribir algo que te encoge el corazón, dar una noticia que nunca hubieses querido dar, pero ese conductor del vehículo que provocó el accidente no sabe aún el daño que ha causado. La pareja fallecida, a los que durante un largo espacio de mi vida estuve muy unida personalmente, tienen dos hijos. El mayor apenas ha cumplido doce años y la pequeña no llegará a los ocho.

Su suerte, si en estos momentos la hay, es que tienen suficiente familia para hacerse cargo de ellos, pero eso no va a aliviar el mayor dolor que los padres de los fallecidos, sus hermanos y otros familiares están padeciendo y padecerán durante largo tiempo. Tampoco aliviará a dos niños que aún no serán conscientes de lo ocurrido, de algo que nunca alcanzarán a entender.

En las últimas veinticuatro horas no me quito de la cabeza que no conozco a nadie que haya planificado el futuro de sus hijos en el caso de que ocurra un desastre de esta magnitud en el seno de una familia. Ya no se trata de lo económico, sino del futuro, de una vida que a partir de ahora es totalmente distinta y en la que durante mucho tiempo del corazón sólo brotará dolor.

No me lo puedo explicar. De verdad.

Llevo 24 horas pensando en el carné por puntos, en controles de la Guardia Civil y todas esas cosas que se suponen que alivian la presión de las muertes en la carretera, pero ¿qué haces? Cuando un joven de veintitantos invade el carril en el que vas con tu motocicleta, te quita la vida física a ti y la emocional a toda tu familia ¿qué haces? Cuando un insensato deja a dos niños de la misma edad que los míos huérfanos de padre y madre en fracciones de segundo ¿qué es lo correcto?

Gumer Clemente trabajaba en el sector pesquero, en el seno de una familia que durante generaciones siempre ha hecho lo mismo. Dejó los estudios muy joven para pegarse a su padre y sus tíos a la empresa familiar. Toda la vida levantándose a las tres de la madrugada para trabajar hasta la una, dos o tres de la tarde. Y aún así siempre sonreía.

Emilia Tijeras era la gerente de los negocios de su padre, un histórico de la hostelería de Almería que murió hace unos años, Valentín Tijeras, Valentín el del Alcázar. Licenciada en empresariales ha tenido a lo largo de su vida innumerables oportunidades de incorporarse a empresas que le podrían haber dado una carrera más próspera de cara a la galería. Pero la fidelidad a su familia, a sus hijos, a su marido, le hizo escoger el camino más duro, el de la empresa familiar.

Si la utopía del jardín de la alegría fuese alguna vez realidad no duden que Gúmer sería el agua que regaría todas las flores y Emi la persona que pondría cada cosa en su lugar para que todo fuese correcto, para que todos fuesen felices en ese entorno.

El mayor legado que les queda a sus hijos es ese número indefinido de amigos que entre ambos hicieron a lo largo de sus vidas, personas que algún día les contarán la grandeza de sus padres, el imborrable recuerdo que dejan entre nosotros, el vacío insustituible que queda tanto para ellos como para nosotros.

La vida es imprevisible y esto es una prueba de ello. Ayer me repetía que no hay Dios justo que permita esta atrocidad. Ahora, después de reflexionar, sólo me queda el convencimiento de la necesidad de cambiar, de ser mejor persona, para ganar un lugar en ese cielo al que seguro que serán llamados, donde prometo volver a verles alguna vez.

Hoy si me van a perdonar el taco, porque ésta que vivimos es una auténtica mierda de vida y si no, abracen a sus hijos o llamen a su ser más querido y piensen en Gúmer y Emi.

Comentarios: jsalvador@teleprensa.es

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