Javier Salvador Grupo Teleprensa
La libertad de una persona cuesta mil quinientos euros para las mafias que se dedican a traer seres humanos desde el norte de África hasta Almería. Su esperanza de una nueva vida entre dos y cuatro mil, que es lo que pagan por embarcar en una patera a la que, posiblemente, otra embarcación mayor ayude durante un largo trecho del recorrido.
Y podríamos seguir relatando detalles, y sin dejar de asombrarnos por cada uno de ellos, pero no vale la pena porque sería hurgar en nuestras miserias y nadie la gusta que le recuerden a qué huele su estela.
En esta ocasión hay que llorar con un ojo, porque la Policía actuó con rapidez. El viernes se enteraron de la historia, el secuestro de dos adolescentes que llegaron en patera hace 20 días, y el lunes desarman la banda. Pero que nadie se asuste, que no es la primera vez que sucede, pues los secuestros de inmigrantes marroquíes para que sus familiares en España les paguen determinadas cantidades de dinero es algo que está a la orden del día. Vamos, que viene de atrás y ya se han producido intervenciones en las que se encontraron a varios inmigrantes en un cortijo, en una infravivienda de una barriada de la capital y cosas así.
Y sí, señoras y señores, esta es otra parte de la realidad de Almería, de esta provincia en la que sólo nos parece importante la especulación inmobiliaria por la envidia natural que se siente al ver que otro se lleva la pasta.
Esta es la Almería que la mayor parte de los días del año nos recibe con un sol radiante, cielo de despejado y nos hace exclamar en silencio ¡qué cojonudo es vivir aquí! Y nos vamos a la oficina pensando en el café que tomaremos antes de ponernos a trabajar y todo eso. Pero también es la Almería que ha crecido tanto en los últimos años y de forma tan acelerada, que no sabemos aún si los cimientos son fuertes, seguros y duraderos. Y uno de esos cimientos es precisamente la población inmigrante, a la que normalmente vemos como problema y no como la manos de obra que nos soluciona problemas.
Ayer veíamos a los trabajadores de una subcontrata de la construcción manifestándose a pie de obra. Entre ellos había un montón de inmigrantes. La señora que nos cuida la persona mayor que tenemos en casa es normalmente ecuatoriana, rusa o algo por el estilo. Inmigrante. El que nos sirve en la terracita de verano el refresquito fresquito tampoco suele de por aquí. Pero nosotros, los de raza pura española, no solemos prestar atención a los problemas que tienen en ese submundo en el que se les ha vendido que todo funciona con tráfico de influencias, anticipos de dinero y mil y una trampas que tienen que asumir o marcharse, porque mafias hay muchas, de muy diferentes tipos y no todas secuestran, esas son además de las más peligrosas las más evolucionadas.
Sería interesante conocer la trayectoria de los personajes detenidos por la Policía a raíz del secuestro de los menores y respondernos a preguntas como ¿cuándo y cómo llegaron?¿dónde han trabajado hasta ahora? ¿con qué círculo se han relacionado mientras han estado en el país?, porque creo que las sorpresas pueden ser gordas y nada gratas.
Lo más cachondo de todo este asunto, el del secuestro de dos menores inmigrantes, es que va a importar a poca gente. Estos hechos se van a leer como algo curioso, pero no preocupante. Sólo llevará a manifestaciones por el Paseo de Almería cuando el apellido del niño sea Pérez, Martínez, Rodríguez o algo muy de aquí, es decir, español de pura raza nacido en Almería. Estas cosas empezarán a preocuparnos cuando nos lleguen a la puerta de casa los primeros casos de secuestros express que normalmente sólo vemos por la tele a la tres de la tarde.
Será en ese momento cuando nos manifestemos y pidamos que se haga limpieza, que se ponga Almería patas arriba y se mire debajo de todas las alfombras, y si para ello es necesario dotar a Policía y Guardia Civil de excepcionales medios ahí nos veremos todos pidiendo esos extras “a grito pelao.”. Verán si no me equivoco mucho.
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