Javier Salvador Grupo Teleprensa
El pasado viernes les dimos a conocer unos datos propios, una nueva marca de teleprensa.es y su Diario Digital en cuanto a audiencia, sin más ánimo que agradecerles a ustedes, nuestros lectores, esa confianza que están depositando en nosotros. El hecho es que justo cuando recibimos los datos desde Italia, es allí donde auditan nuestro tráfico de visitas, coincidió que hablaba por teléfono con uno de ustedes, un lector que además es amigo desde hace mucho tiempo y nos felicitaba, que tampoco viene mal de vez en cuando por lo que él entiende como “un servicio público positivo a la sociedad almeriense”. La verdad es que al pobre le solté una de euforia en cinco minutos de las padre y muy señor nuestro. Y no sé si se enteró de la mitad de los datos o los llegó a comprender, pero fue el primero que se me cruzó en el camino y se lo solté a bocajarro. Así que perdona hombre, pero los amigos también están para compartir los buenos momentos.
Pero durante todo el fin de semana he tenido metido en la cabeza la dichosa frase de “un servicio público positivo a la sociedad almeriense”, porque me entristece, y ya lo he dicho en otras ocasiones, que el ciudadano deje de ver en los medios comunicación precisamente eso, un servicio público.
Cuando lanzamos teleprensa.es nuestra intención, única intención además de vivir de ello, era contar las cosas como son, sin interpretaciones o manipulaciones. Contar aquello que nos llega y buscar esas otras historias que construyen nuestra Almería.
Muchos pensaban que estábamos locos cuando decidimos que teleprensa.es tenía que ser un web que sólo hablase de Almería y que su expansión no consiste en generalizar la información, sino en abrir otros microportales como éste, porque es la única forma de ofrecer una información concreta a un grupo de población determinado, como en nuestro caso es Almería y breve, ya les anuncio, serán otros.
Pero tenemos que dar un paso más. A nosotros nos mueve el fin de hacer que el almeriense sepa lo que pasa en su territorio e Internet nos facilitan que otros se enteren, desde muy lejos, de lo que sucede aquí. Aprovecho y saludo a nuestros nuevos suscriptores de Argentina y Uruguay, creo que descendientes de almerienses, que reciben el mismo Diario Digital que mis amigos de Olula. Eso es Internet.
Pero les decía que buscamos algo más, y ese “algo más” es contar las historias que han hecho de Almería un ejemplo en los últimos 20 años. Casos con nombres propios, los de esa gente que de la nada crearon pequeñas empresas que hoy son verdaderas fortalezas y que entre todas ellas hacen de nuestra economía un castillo inexpugnable. Y no lo hicieron solos, así que también cuentan todos y cada uno de los que participaron en esa aventura.
Me vienen a la cabeza nombres como Rosell, que de un pequeño hotel de playa en Garrucha creó Playa Senator o del Águila y el fenómeno Cajamar. Tino, que de un empleo básico en Marbella pasó a abrir tiendas de “texturas de mármol” en todo el mundo. Ramón y Paco Martínez, que abrieron el camino del valor añadido en el mármol y el segundo lidera hoy el mercado mundial. Picón, con más de mil empleados a sus espaldas en los peores momentos y en vez de arrojar la toalla tiró “pa lante” el solo. José Antonio, que de empleado de un concesionario de coches es hoy una de las piezas claves en el mundo del Automóvil en España. Pepe Matillas o Pepe Daza, empresarios hortícolas que llevan en esto del tomate desde los doce años o el mismo Alfredo Moreno, a quien nadie puede cuestionar la fuerza de Almerinvest.
Todos y cada uno de ellos representan lo que yo llamo el sueño almeriense, el hacer de la nada una empresa de la que tu gente pueda sentirse orgulloso y en Almería aún hay espacio, oportunidades y no tiene que llamarse “sueño americano”. Pues bien esa es la guía, o los referentes que nosotros hemos tomado. Gente normal que tiene muy claro cual es su cometido y como hacerlo.
Desgraciadamente o por suerte nosotros sólo somos periodistas. No tenemos invernaderos, fábricas o grandes promotoras, sólo somos una pequeña empresa, minúscula, donde lo único que sobra es creatividad, conocimiento de nuestro sector y ganas de trabajar,- del resto que le pregunten a Cajamar. Mejor no-. Pero sí podemos aportar algo a ese castillo que es Almería. Me quedo con la torre del vigía, desde la que contar todo a todos y vocear a los cuatro vientos las bondades de esta tierra. Y lo haremos.
¿Larga la columnilla de hoy verdad? Pero entiendan que es lunes y hay que entrar en calor.
