Por Javier Salvador Grupo Teleprensa
¡Qué fuerte!. He leído lo más de lo más y, como siempre, tiene que pasar en EE.UU. porque hay que ver mucho CSI y series cutres para llegar a este tipo de razonamientos. Resulta que un jugador de la NBA, un tal Andrei Kirilenko, que debe ser la pera limonera, -pero no me pregunten en que equipo juega-, tiene autorización para ponerle los cuernos una vez al año a su mujer. ¿Será porque una vez al año no hace daño? ¿ Porque le restringe el tema a uno solo para así no rozar los marcos de las puertas sin saberlo?.
No es broma, es totalmente cierto y lo he visto de pasada en Marca, un periódico que les confieso que no leo, pero es el de mayor difusión en toda España. Y el tema tiene su cosa de reflexión, aunque nos metamos, o más bien me meta yo, en un barrizal de difícil salida. Me explico.
A todos nos va sorprender esta información y posiblemente la estarán paseando por informativos de todo el mundo. Somos unos cínicos. Lo primero que haremos será mirar fijamente a nuestras esposas y decir que “menuda barbaridad”, y como a alguien se le ocurra intentar entablar una conversión sobre el tema, que sepa que al final le van a untar la cara. Yo no pienso hacerlo. Pero hay más.
Nos asombrará esa información, pero nunca nos acordaremos ese momento pillo en el que, como machos ibéricos, se nos calienta el pico mirando a la chica de la oficina de enfrente o el escote de quien nos pone el café. Pues ahora piensen ustedes que ellas, todas, también lo hacen, con mucho más disimulo y que el problema radicaría en si nosotros, cualquiera, fuese capaz de hacer esa oferta a una mujer. Ni de coña.
Es como la peli en la que Robert Redfor le da un millón de dólares a Demi Moore por pasar una noche con ella, con el consentimiento de su marino. La película de la polémica, pero si le hubiésemos dado la vuelta y fuese una mujer soltera, millonaria y jamona quien da el dinero a uno del montón, con el consentimiento de la propia, muchos hubiesen pensado que el sacrificio valía la pena. Todo por la patria.
Pero la infidelidad, nos guste o no, está ahí. La lejanía con la pareja, y no sólo la geográfica, es su principal caldo de cultivo y el hombre es tan tonto y descarado que se ha generado un mercado ilegal y mastodóntico a su alrededor: la prostitución.
¿Se cree alguien que las mujeres no leen los periódicos?, ¿que no sospechan el porqué hay tantos puticlub? Y el hecho de que gasten tanto en publicidad no responde más que a otro hecho relacionado: ganan mucho dinero y no les viene de subvenciones.
Ahora bien, volvamos a ojear las penosas páginas de cualquier periódico en las que hay cientos de estos anuncios. También los hay para ellas y cada vez más.
Igual nos centramos tanto en lo banal que nos estamos alejando de lo importante, de la familia, de lo supone y en lo que la estamos convirtiendo. Quizás tenemos que empezar a ver que determinadas libertades nos están llevando a situaciones de verdadero libertinaje. Quizás tenemos que empezar a rebuscar, en nuestra propia Fe, sea la que sea, para recuperar ciertos valores que estamos empezando a almacenar en el fondo de armario sentimental.
Y por cierto, no dejen los periódicos al alcance de los niños, sobre todo si saben leer. Pueden ser realmente perjudiciales. Lean y verán.
jsalvador@teleprensa.es
