Javier Salvador Grupo teleprensa
No es por hacer patria, pero me parece una gilipollez lo escrito, y lo he leído, en el informe que Consumer, la revista del Grupo Eroski, realiza sobre los menús del día en Almería. Independientemente de que ningún pollo de éstos nos va a venir a poner el pan barato, las informaciones sacadas de contexto no aportan nada y dañan más de lo que podamos creer.
Dañan a los restaurantes almerienses, pues el eco de esa información, que es lo que buscan, no hace especial mención a los detalles sino a lo genérico, y el mensaje que se tiene ahora en el exterior es que los restaurantes de Almería son malos.
También tiran piedras sobre su propio tejado, porque no creo que le venga muy a ellos, Eroski, este regalo que nos han hecho a los almerienses cuando tienen una de las mayores grandes superficies que hay en la provincia, la de Gran Plaza en Roquetas de Mar.
En el informe, que está muy bien, se dice que el 64% de los menús en Almería, en líneas generales, son malos. Dicen que el 43% no ofrecen ensalada y en el 60% las legumbres brillan por su ausencia. Que tienen demasiada proteína y que, además, son caros.
Pues vale. Igual a estos muchachos que terminaban de comer y pedían la hoja de reclamaciones “para ver si la tenían”, habría que explicarles tres cosas. Por ejemplo, que la media de personas que en Almería come fuera de casa todos los días o casi todos, no tiene nada que ver con la del Bilbao de sus amores, San Sebastián o Vitoria.
Almería, gracias al cielo y nunca mejor dicho, es una provincia donde hace tan buen tiempo y está todo casi tan cerca, que nos vamos a comer a casa. Y muchos de nosotros con andar quince minutos desde el centro a la puerta de la queo nos vale. Restaurantes especializados en menús del día hay muy pocos,- igual tendría que haber más-, pero somos tan chulos que o comemos de tapas o nos tiramos, en la mayor parte de los casos, a la carta. Pero, por encima de todas las cosas, nos gusta comer en casa, con los nuestros, con nuestra familia y hasta, si es posible, con nuestros hijos.
Me hierve un poco de la sangre que nos vengan éstos de arriba a tocarnos los platos a los de aquí abajo, cuando nunca les hemos pedido nada, ni tan siquiera que vengan.
Yo sí conozco los restaurantes de allí, donde hay más fantasmeo que jamada encima de la mesa. Donde si los sacas de los cuatro platos tradicionales se encuentran más perdidos que un pulpo en un garaje y donde el servicio en el establecimiento medio no tiene ni por asomo, la misma calidad que en Almería.
Y por cierto, no comemos ensalada porque lo mejor lo mandamos a la exportación para que fantasmas como Eroski le pongan una mierda de precio a nuestros productos. Nos gusta la chicha colegas, y los restaurantes de Almería, qué le vamos a hacer. Y el raf, que es lo que comemos, no se pone en ensalada. Si lo quieres lo pagas.
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