Javier Salvador Grupo Teleprensa
Lo decíamos el lunes, ¿recuerdan? Algo así como que el lunes nos despertaríamos con la reforma del estatuto andaluz en plena ebullición y así ha sido. Pero no somos magos, adivinos, ni nos fiamos de lo que dicen las cartas del tarot, es sólo una muestra más de lo previsible que está llegando a ser la comunicación. Así, hoy se habrá levantado usted con dos informaciones totalmente distintas, la que escuchaba en la SER y otra, muy diferente, la que lanzaba la COPE. Para unos se trata de un plante desleal y para otros una muestra de cordura política.
Pero lo mismo, con las mismos puntos y comas se puede ver en los kioscos, en El Mundo destacarán la coherencia de Arenas y el PA mientras desde El País se plantearán interrogantes sobre quiénes defienden los intereses de Andalucía y el porqué debe aprovecharse una oportunidad, que seguramente definirá alguien como histórica, para que esta comunidad sea más moderna y eso quede reflejado en el papel.
Y el problema que genera el hecho de ser tan previsible la comunicación es la propia confusión que genera en el lector, que al final lee interpretaciones de una realidad a la que, al final, no tiene acceso y hay veces, demasiadas veces, que te tienes que leer dos periódicos con versiones distintas para luego, si te queda tiempo, sacar tu propia opinión. Pues bien, esto no es nada, porque los mensajes se van a empezar a radicalizar en las próximas semanas anunciando que llegan las elecciones, y serán tan constantes como los anuncios del calvo que nos recuerda que hay que comprar lotería de Navidad.
Previsibles y monótonos, hechos casi para un grupo cada vez más reducidos de personas y con mensajes entre líneas que el gran público no es capaz de entender, así definía un amigo mío en una charla de café el camino que están tomando algunos periódicos. Prueba de ello, pues acusaciones sin nombres y apellidos, pseudónimos y otros velos que ocultan al que se cree valiente tirando la piedra y escondiendo la mano.
Les aviso, la información no es eso y mucho menos la comunicación. ¿Volverán las aguas a su cauce?, pues nadie lo sabe. Pero realmente me tienen que reconocer una cosa. Que el patio está muy divertido.
Y si no lo entienden así sólo tienen que hacer una prueba, un experimento casero. Contemplen la información y no la crean. Fíjense en la magnitud de los escándalos, que nunca dura más de tres días en portada. Y cuando desaparece de estas páginas principales, ya nadie quiere seguir hablando de ellas, porque nadie quiere ser protagonista en una página seis de un periódico o ser tercera o cuarta in formación en una radio o, a lo peor, pasar a ser carne de tertulia. Y entonces nos daremos cuenta que esos sobresaltos de primera hora de la mañana, cuando nos levantamos con el corazón en un puño, no valen para nada. Sólo envejecen. Prueben y verán.
