Javier Salvador Grupo Teleprensa
No entiendo lo que quiere decir la consejera María Jesús Montero, de Salud, cuando se refiere a las marcas de tabaco baratas, porque eso implica bajo coste y, yo que soy fumador, les puedo asegurar que barata, como tal no hay ninguna.
Pero creo que esto del tabaco, de su persecución es un poco, demasiado, extremadamente hiriente en algunos momentos. Ilegal no es fumar, pero sí hacerlo en determinados lugares.
El Estado lo prohíbe, pero al mismo tiempo es el que da las licencias para la apertura de los estancos y, además, incrementa su precio con un porcentaje de impuestos directos que ningún otro producto tiene.
Se subvenciona la producción del tabaco como planta y así, en este plan, podríamos enumerar una lista interminable de incoherencias en esta guerra del buen rollito contra el tabaco. Pero una guerra que, además, entiendo que no tiene más aliciente político que la oleada de titulares que arrastra desde su inicio.
Si es tan malo, tan conveniente de prohibir y tantas otras cosas más, ¿por qué no se corta el grifo de verdad?.
Si el tabaco es tan malo como el tabaco, por qué no hacemos lo mismo con el alcohol, por lo menos con el que se consume en la calle. ¿Y si destinamos el mismo presupuesto de la lucha contra el tabaco a erradicar el botellón?
A un amigo mío el otro día le prohibieron la entrada en un estanco porque iba fumando. Que manda huevos.
No entiendo la forma en la que hacemos las cosas y, mucho menos, la persecución contra los consumidores y otros.
