Javier Salvador, teleprensa.es
Hay una encuesta del PP que dice algo así como que en Almería, en el hipotético caso de unas elecciones celebradas hace unos meses, cuando se hizo la encuesta, los resultados de las elecciones autonómicas hubiesen dado a los chicos de Arenas una ventaja de 31 puntos. Es decir, que sacarían un parlamentario andaluz más de los que tienen ahora.
Esos resultados se ciñen sólo a Almería y en el caso de las autonómicas. Pero no hay que quitarle valor a lo que están haciendo y la forma de contar las cosas, aunque también tiene sus riesgos. Su estrategia es la de enardecer a los suyos aprovechando la fuga de adeptos que tiene la izquierda. Ojo, que no se trata de que sumen más electores, sino de que los pierde el PSOE. Pero el inmovilismo de los chicos de Griñán llega a tal punto que la gente anda por las calles pensando que la diferencia entre ambos es de 31 puntos de cara las próximas municipales, a las generales, a las autonómicas y a las planetarias. Quiere decir ello que el PP lo está haciendo bien en el sentido de manipular el mensaje y redondear a conveniencia los números, porque la comunicación política es una guerra continua en la que no hay cuartel.
Ahora vamos a analizar la realidad que sostienen los papeles que hay sobre la mesa. En el Ayuntamiento de Almería la diferencia actual es de un concejal y por ello necesita de GIAL para Gobernar, un partido escindido del PP por las irreconciliables diferencias entre su fundador con la cúpula del PP. Es decir, otro PAL, pero que en este caso nunca ganó la alcaldía aunque sí la concejalía de Urbanismo durante ocho años.
En la Diputación Provincial de Almería están empatados a escaños y ambos se disputan los dos que tiene el PAL por el partido Judicial de Berja, que salen de los electores de El Ejido, y uno que baila en la zona metropolitana o Bajo Andarax. El PP quemará todas sus naves porque su verdadero triunfo sería gobernar la provincia y la capital con mayoría absoluta.
Pero los escenarios que se pintan en las encuestas aún son prematuros por dos cuestiones básicas que afectan más al PP que al PSOE. En Murcia, por ejemplo, su alcalde tenía unas previsiones inmejorables de cara a las municipales hasta hace dos días, porque justo en el momento que la Guardia Civil entraba en las dependencias de urbanismo del consistorio y se llevaba detenidos al gerente, un abogado, un ingeniero e imputaba a ocho tipos más, concejales incluidos, por presunta corrupción urbanística, esos números, estimaciones o encuestas son papel mojado. Es decir, que al PP de Murcia le pasa lo que al PAL en El Ejido, que por mucho que pongan su cuello como garantía, en la vecina provincia de Almería hoy sólo se habla de cómo se han puesto supuestamente las botas en el Ayuntamiento pimentonero a costa de todos y cada uno de los ciudadanos.
De hecho el PSOE, en líneas generales, parece esperar en su rincón a que el PP caiga como una fila de fichas de dominó, y realmente no le faltan motivos, porque en Valencia está Gürtel, en Castellón el presidente de la Diputación Fabras y los quince años de cárcel que le piden, en Alicante el presidente de la Diputación y las contratas de basura con presuntos pisos de regalo. En Murcia ahora el escándalo urbanístico, en Baleares mejor ni mencionarlo… Etc.
El ciudadano no habla de ello, pero tampoco olvida, y cosas como ver a Richi Costa, uno de los hombres de la presunta trama volviendo a la primera fila de Valencia, pues le generan demasiado ruido. Y al final no podemos olvidar una cosa, que a Felipe González no le apeó del Gobierno una mala gestión, sino la constante aparición de casos de corrupción, cosa que en este caso puede apear al PP de sus aspiraciones no sólo en el Congreso, sino allí donde se presente como no sean capaces de quitar de las listas a todos aquellos que estén imputados, investigados o lleven ocho años en el cargo, elemento este último que también empieza a cansar.
Pero hay más, el otro gran problema del PP siempre ha sido el reparto. Los 31 puntos dan a entender a la militancia que habrá cargos para todos, y la mayor parte de ellos entiende que los que ya llevan ocho años deben dejar paso a otros que también luchan por su partido, cosa que al que tiene el sillón no se le pasa ni por la cabeza. Llegados a este punto el problema es evidente, porque no se trata de militantes decepcionados, sino despechados, y no votarán al PSOE porque va contra su religión, pero buscarán listas refugio como hicieron en Almería capital con GIAL hace años, que consiguió nada menos que cinco concejales de una tacada, por un mosqueo de ese tipo, de reparto de listas cuando las encuestas eran inmejorables.
Es decir, que sí, que hay 31 puntos, pero ojo, que nada está ganado aún.
