Javier Salvador, teleprensa.es
Suscribo todas y cada una de las palabras de María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, dichas ayer cuando afirmaba que traspasar la línea de lo político a lo personal es más que peligroso y nada honorable. A ella le han tocado al marido, que según las informaciones publicadas, consiguió un puestazo de esos de varios cientos de miles de euros al año por ser consejero en una empresa pública de una caja, la de Castilla y La Mancha, que fue intervenida por el Banco de España por su alarmante situación económica. Un hecho, el de la intervención, que corrobora que cuando se entra a saco en una entidad no se lleva el gato al agua sólo quien manda, sino todos para evitar envidias.
Pero Cospedal tiene un problema. Le pide a los demás que no hagan lo que algunos elementillos de su partido vienen haciendo desde hace tiempo. Es decir, fijarse un objetivo y si no lo pueden derrocar y así eliminar incomodidades optan por atacar a los de su alrededor haciendo uso de la más burda mentira, sabiendo que es falso lo que dicen y publican y, para más coña, con el único objetivo de ensuciar para recibir las alabanzas de los suyos y el odio más profundo de quienes saben que mienten. Es decir, lo que Cospedal dice que ahora hacen con ella.
Pero vamos a dejar las historias entre unos y otros, los dobles raseros y las leches en vinagre. Vamos a hablar del Partido Popular, de lo que ocurre en sus bases y del descontento de los simpatizantes por mucho que las encuestas digan lo contrario, porque dos años es mucho tiempo y como se produzca una mínima recuperación económica más de un castillo de naipes se puede venir al suelo.
El principal problema que se ve desde fuera es el de identidad. La gente del PP de toda la vida no se identifica con ese partido que se ve en el telediario de hoy. Corrupción en Baleares, Murcia, Madrid, Valencia, Castellón y demás. Pero bueno, hasta eso puede salvarse aunque algunos no entiendan que un ex presidente del Gobierno Balear y ex ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, viva a todo trapo en un lujoso apartamento de New York.
La gente del PP quiere un partido firme en sus principios, de frente ante la corrupción y sin dudarlo, sin importarle lo que hagan los del PSOE, porque ellos son sencillamente de derechas y no buscan reflejos en la izquierda. Quieren un partido de frente ante temas como el aborto, aunque no sea políticamente correcto entre la gente joven. Buscan líderes con determinación, que aporten ideas y no gresca política, pero sobre todo quieren que exista una diferencia sustancial de los lugares en los que gobierna el PP y en aquellos en los que rigen sus oponentes. Ese simpatizante quiere que si el líder nacional marca una política determinada, en su ciudad o provincia se refleje a las 24 horas y que el partido no sea el cajón desastre en el que por norma cada cual hace lo que le da la gana.
El ejemplo lo tenemos en las bajadas de sueldos. Si el PP lo puede hacer mejor, ¿por qué le baja el sueldo a quienes no son funcionarios y gestionan comunidades y ayuntamientos con las mismas deudas o superiores que las reprochadas a otros supuestos cafres de la política?.
No. El problema del PP es que no ha sabido renovarse y aún hay una extraña mezcla entre la vieja guardia y la nueva, entre los que vienen de Aznar y aquellos que aparecieron con Rajoy, con candidatos que no han cambiado en casi veinte años y que están sobradamente amortizados.
Ayer un amigo de El Ejido, del PP, me decía que no entiende la postura del partido en temas tan clave en sus valores como la homosexualidad. Él es de derechas y no de centro, y le desconcierta que su partido se suba a carros de orgullo gay en los que a su juicio no debería estar. Y aunque no comparto muchos de sus principios admiro a esa persona que es capaz de hablar y mostrar su opinión en temas supuestamente tabúes y que no tiene por qué compartir si no van en su ideología. Pero su pregunta es si el PP actual está respondiendo a lo que a él le enseñaron que era la ideología conservadora del Partido Popular.
Y ahí está la cuestión. Por lo menos, a ese que les vota siempre, merece que el partido al que siempre le da su apoyo y una cuota, reflexione sobre la respuesta que le está dando y que le diga a las claras si es ese PP que él quiere.
Y ahora cambien lo de PP por PSOE y tendrán otra versión de la película, porque la gran pregunta que se hacen todos es ¿dónde está la identidad de los partidos?
