Javier Salvador, teleprensa.es
La perseverancia es uno de esos valores humanos que siempre me ha gustado reconocer en las personas , uno de esos que te hace estar más cercano a ellos y compartir sus objetivos y luchas porque son personas pacientes, disciplinadas, decididas, valientes y responsables. Pero en una misma guerra puedes encontrarte al perseverante y al que desiste con enorme facilidad, esos que son falsos de voluntad, caprichosos, impacientes, indecisos y mediocres.
En el campo almeriense, como en todas partes, hay de ambos perfiles y como el movimiento se demuestra andando, mientras unos llaman a la unidad de acción, pidiendo que se dejen las individualidades y las poses para las fotos de los periódicos, otros se lanzan a la calle para buscar esa foto que refuerce la imagen de líder bolivariano que justifique su existencia.
El lunes una empresa a la que conozco hace mucho tiempo, que agrupa nada menos que a cuatrocientos agricultores y que a lo tonto y a lo bobo representa los intereses de más de 3.500 trabajadores entre empleos directos e indirectos, muchos más que algunas fábricas en crisis que han sido portada en distintos periódicos durante los últimos tiempos, hizo un llamamiento a la unidad y a la acción coordinada que escondía entre sus líneas una enorme crítica constructiva hacia su propio sector.
No han sabido evolucionar como lo han hecho otros sectores que viven de ellos. Un sector cohesionado es capaz de obligar a la empresa de plásticos a bajar sus márgenes cuando al cliente le aprietan por otro lado, así como al proveedor de fitosanitarios y al mismo proveedor de semillas, porque no olvidemos que esas casas que les venden a ellos esconden en sus accionariados, en muchos casos, a esos otros que luego venden con sus poderosas distribuidoras los productos que ellos cultivan.
La base de la recuperación del sector agrícola almeriense es que a estas alturas de la crisis ya deberían estar más que llorados. Es decir, que las lamentaciones tocaban el año pasado y que éste hay que remangarse y ponerse a formar parte de este mercado y no verlo como una amenaza por el hecho incuestionable de que es el que hay. Pero, además, es el que habrá durante muchos años, tantos como dure una recuperación económica que en ningún caso nos va a llevar a los mismos índices de generación de riqueza de hace unos años.
Que no vamos a crecer hasta los niveles de 2005, por ejemplo, es también un hecho incuestionable. Aquel crecimiento se produjo sobre una falsa economía, un sistema cogido con alfileres que los estados no se pueden volver a permitir y, por tanto, hay que ajustarse sin más remedio.
Cuando se habla de redefinir empresas y sectores económicos no se trata de hacer páginas web o tener becarios con batas blancas que justifiquen qué hacemos i D. El sistema productivo tiene que ajustarse a una nueva realidad y quizás esa realidad pase por ser menos solidaria con los países terceros, ya que al igual que hace años hubo que defender al campo francés frente a la invasión española, ahora toca hacerlo con el de aquí frente a la de Marruecos, Turquía y todos esos lugares que, lamentándolo mucho, no son miembros de una UE que significa Unión Europea y no Euromediterránea o Eurogenerosa.
