jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, teleprensa.es

Hace mucho tiempo escribí que Cajamar había perdido o estaba perdiendo un tren de esos que pasan por nuestras vidas. En esta ocasión se trataba de uno de cercanías, porque dejaba de sentirse la entidad como algo cercano y la percepción que se tenía de ella, yo entre ellos, no tenía nada que ver con esa devoción apostólica de mi propio padre o de empresarios del sector del mármol con los que prácticamente eché los dientes mientras te decían aquello de “ésta es la nuestra Javi, no te equivoques”. Simplemente no me convencía, la veía lejana y ajena, sin más historias que una caja y punto. Quiero decir que hay muchas y hemos dejado de ser apostólicos para convertirnos en mercenarios.

Pero todo cambia y hasta podemos asumir que nos equivocamos o que, simplemente, se empiezan a adaptar a un perfil que nada tiene que ver respecto a cómo eran antes y lo que se esperaba de estas entidades. Mi madre, por ejemplo, pasó de no ver coches en la calles durante su niñez a pelearse con un teléfono móvil en la vejez, pero en todo ese proceso hubo una cosa que no cambió, su cuenta en Cajamar, y allí nos abrió las nuestras. Para ella era una caja estupenda y para mí algo impuesto.

Hace relativamente poco me encontré de sopetón con una realidad que, les aseguro, no me esperaba. Del nada al todo en un solo paso. Desde hace algunos meses en las oficinas de la entidad aparecen unas enormes pegatinas con una dirección web: www.tuencajas.com

Se trata de algo tan sencillo como una comunidad, una de esas que utilizamos desde años los más pegadillos a internet como algo experimental y que mis hijos usan a diario para comunicarse con sus amigos. Es su estándar de comunicación. Mi madre o yo mismo nos pasábamos horas pegados al teléfono de casa para hablar con los amigos y mis hijos, ahora, lo hacen por medio de una pantalla, teclado y con un total e irreverente desprecio por la ortografía.

La comunidad de Cajamar es ciertamente un poco heavy, porque de no tener nada en este sentido se han lanzado a dar un paso más y generar una especie de fábrica de sueños. Es decir, tu grabas en un vídeo que te haces con tu propio móvil un sueño, cuentas en qué te gastarías 2.000 euros y si el resto de gente que pertenece a esa comunidad, que también buscan hacer realidad sus propios sueños, te votan porque creen que te lo mereces te llevas el gato al agua o lo que es igual los 2.000 euros para que te pegues ese viaje, montes una fiesta, le compres las camisetas al equipo de tu barrio o lo añadas al bote del viaje de estudios.

La movida no consiste en atraer gente entregando dinero, sino en generar un microbanco de sueños, que se muevan y cuenten aquello por lo que lucharían y convencer a tus semejantes, a tus hermanos de comunidad y no a un director de banco.

No tengo ni idea de si han sido 1.000 o 10 los vídeos que se han subido en la primera tacada, pero parece una iniciativa que, por lo menos, merece un reconocimiento del resto de comunidades de internet porque se trata de una apuesta decida que no pinta nada mal.

Tuencajas.com
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