jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, teleprensa.es

El verano de 1.972 comenzó a destaparse lo que pasaría a la historia como el Watergate, un escándalo sin precedentes de escuchas telefónicas, seguimientos, espionajes, robos en las oficinas del partido contrario y otros delitos que llevaron al entonces presidente de los EE.UU. a dimitir un par de años después. Eso es parte de la historia, como también debería pasar a serlo,- aunque al final quedará como un calentón de boca-, que la principal voz de la oposición de un país cuente que a su gente se la está espiando, dando a entender que España tiene su propio Watergate por descubrir.

El problema generado con esas afirmaciones ha sido la tromba mal calibrada que se le ha venido encima, y no por culpa suya sino por la suma de una serie de casos y circunstancias que hacen poco creíble que precisamente ella, valedora de senadores, diputados, alcaldes y presidentes autonómicos acogidos no sólo por las siglas de un mismos partido, sino de un mismo caso de corrupción que se ramifica por todo el Estado, sea quien ahora denuncie este tipo de hechos sin aportar prueba alguna.

Al mismo tiempo que esto sucede en la tele, la sociedad se queda sin uno de sus soportes vitales, que es la credibilidad de un partido que cumple el papel de principal voz de la oposición, dejando al gobierno un enorme campo de acción prefabricado en el que sólo las minorías cuentan con credibilidad para ser escuchadas, las mismas que no deciden por si solas o le apoyan mercenariamente en la hora de las grandes decisiones.

Pues vale, todo esto del circo político está muy bien, pero la tralla, la de dar caña, viene ahora y sólo faltaba que en el mismo partido del gobierno alguien dijese como desliz que con Acebes estas cosas no pasaban. Y quien la lleva la entiende y para quien no se entere aún le adelantamos que no menos de dos familias en el PP se preparan en verdaderos campos de entrenamiento para el asalto a Génova 13.

Y antes de que ese baile se produzca el gran escándalo, la gran trampa, tiene que salir a la luz. Mientras en España nos tomamos el aperitivo sin despeinarnos o atragantarnos con hueso alguno de aceituna cuando vemos salir del furgón policial a concejales, directores generales, gerentes de sociedades públicas y otros por escándalos como el de Palma Arena, donde una obra se multiplicó en costes sin que nadie sepa aún el por qué, mientras somos testigos de todo ello parece presentirse que la más gorda se anuncia en enormes carteles por toda ciudad y pueblo de España.

El Plan E, los 8.000 millones de euros liberados para hacer obras y generar empleo, están a punto de cumplir su fecha de caducidad y ahora habrá que hacer números. Es decir, que habrá que saber qué empleo se ha generado con ese dinero que se ha dado y que Hacienda trata de recuperar a toda leche de las pymes con inspecciones o revisiones de lo más inverosímil.

Me apuesto lo que quieran a que escándalos habrá, porque nubarrones ya se avecinan. Por ejemplo, en Almería se le ha comprado a un único proveedor miles y miles de metros cuadrados de un granito chino cuando la provincia es líder nacional en estas cuestiones de la piedra. Pero hay más, en el currículum de ese proveedor apenas hay más obras que las hechas para los almerienses. La oposición en algunos ayuntamientos ya empieza a hablar de sobrecostes y de que estos fondos han ayudado más a algunos concejales que a la sociedad en sí. Estas cosas siempre se sospechan, pero cuando hay cuatro millones de parados en las calles al que pillen con las manos en el fango le van a dar la del pulpo en plan linchamiento popular. Y mira por donde es en los principales núcleos de población, en las ciudades, donde se centran las sospechas, así que lo de luz y taquígrafo va a ser lo básico y quien ahora denuncia un Spanish Watergate luego dirá que lo del Plan E fue una conspiración para pillar a los suyos. Al final, cada uno terminará en su lugar.

PD: Sigo de vacaciones, creo que merecidas, pero en respuesta a algunos correos de lectores y amigos prometo actualizar la bitácora de vez en cuando. Sólo de vez en cuando.

Spanish Watergate
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