jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, teleprensa.es

Y sí, no tiene otra forma de expresarse. Ya era hora de que la clase política se aflojase el nudo de la corbata, remangase puños de la camisa y viese la realidad con la misma nitidez que lo hacen los agricultores y ganaderos en el campo. La medida tomada ayer no es más que impartir justicia. Pedir a la Comisión Nacional de la Competencia que de una vez por todas se ponga a trabajar a favor de ellos y estudie por qué la bajada del precios del petróleo, los cereales y todo lo utilizado para generar los combustibles que llamamos biodiesel, no repercute en esos productos finales que luego se utilizan en el campo, si la materia prima de los mismos baja a mínimos que podríamos denominar históricos.

Puede que la medida no sea políticamente correcta, que al consejero le den un tirón de orejas, pero deja un sabor de boca cojonudo ver como se planta cara. Ahora sólo falta que otros le digan a los bancos que el dinero que reciben del Gobierno es para prestarlo, para ayudar a la Pyme y no para tapar sus agujeros o garantizarse las primas a los accionistas. Pero esa es otra guerra y no toca hoy.

El golpe dado sobre la mesa es importante, porque queramos o no, la realidad no es otra que la amenaza de pérdida de un sector que siempre ha sido el recurso invisible para sacar a éste y a cualquier país de las crisis. La agricultura, en Almería, es la que tira del paro, de la balanza de exportaciones, de las empresas de servicios y de otros muchos sectores que no podríamos ni imaginar. Y sí, sobrevolar el campo de Dalías y ver tanto invernadero puede ser hasta feo, pero ese es nuestro hecho diferencial, lo que hace que se nos pueda ver desde el espacio exterior y lo que nos da de comer.

Durante muchos años hemos visto a los pseudo promotores inmobiliarios comprar grandes extensiones de invernaderos para desmontarlos y planificar nuevas urbanizaciones sobre terrenos que estaban en producción. No sólo hemos visto como Ayuntamientos como el de Almería veían inviable que La Vega fuese zona de cultivo, sino que tengo amigos que no han querido vender sus tierras y ya están en juntas de compensación que les obligarán a trasladarse cuando aún no tienen claro si podrán acogerse a ayudas para hacer lo mismo que hacían pero en otro lugar.

Todo ello ha provocado que muchos de los agricultores que conocemos estén produciendo en los alrededores de Nador, donde no sólo es más barata la mano de obra, sino que los productos que utilizan tienen menor precio y, además, el celo fronterizo es un fiel reflejo de esa medio verdad que llamamos control de las importaciones a la UE.

Que por primera vez se llame a las cosas por su nombre tiene su mérito, cuando menos, y hablar de conspiración para alterar el precio de las cosas, para llegar a acuerdos que provoquen subidas generalizadas en productos básicos para un determinado sector está prohibido, pero no lo suficientemente perseguido.

Los datos presentados ayer por el consejero Martín Soler demuestran que mientras el petróleo ha bajado un 31,22% entre junio y septiembre, el precio del gasóleo agrícola sólo lo ha hecho un 15,71% en el mismo período. Recuerda que entre enero y septiembre de 2008 el nitrato amónico ha incrementado su precio en un 79,8%; en la urea, y para el mismo periodo, el aumento ha sido del 55% y el de los abonos complejos del 56,3%.

Pero lo más llamativo es que por primera vez también se advierte que la administración está dispuesta a secundar cualquier iniciativa que adopte el sector en este sentido. Y puestos a pensar en que esto puede ser un verdadero cambio de rumbo, quizás podríamos soñar con que se produzca una respuesta similar al origen de los bajos precios establecidos por las grandes cadenas de comercialización, porque ya no se trata de coger al toro por los cuernos, sino de ser toro o torero, y ya toca un cambio de papeles.

Por ahora parece que hay seriedad en quien tiene tomado el capote.

Ya era hora
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