jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, teleprensa.es

Estamos en crisis económica. Todos lo sabemos, como palpamos que sube el paro, que la gente se queda en la calle y que en muchos casos algunas empresas se están aprovechando del asunto, se inventan deudas ficticias para tapar sus desmanes y cosas por el estilo, pero estamos en crisis y es una realidad. Es decir, que no es normal tener un par de cuadros de Visconti en el despacho y comer caviar con champán al mismo tiempo que no le pagas a tus trabajadores hace cuatro meses.

Pero quitando esos casos, que casi no merecen ya ni atención, tenemos dos opciones, tomar la realidad entre las manos y adaptarnos a ella, buscando alternativas que nos ayuden a superarla de la mejor manera posible, o llorar por las esquinas y ver como se desmorona todo. Es cierto que no todos se van a salvar, pero tampoco es mentira que muchas empresas nacieron de falsas expectativas.

Podemos hablar o escribir durante horas de lo malo que se presenta 2009 o empezar a actuar. Almería, por ejemplo, porque es el territorio que nos duele y donde tenemos nuestras empresas o puestos de trabajo, ya ha sorteado otras crisis a lo largo de la historia y es cierto que ésta es distinta y por ello tenemos que buscar otras opciones, ser creativos y proactivos, y hasta llegado el momento, cerrar fronteras, filas o como queramos llamarlo. Encontrar soluciones aquí y no en China o la conchinchina.

No entiendo como algún político con mando en plaza, uno importante y no uno cualquiera, no ha tirado ya de agenda y ha convocado su pequeño gabinete de crisis. Uno que no salga en las fotos, en el que los componentes estén comprometidos a no decir que forman parte de él. Un grupo de sabios almerienses, que los hay, obviando cámaras, asempales, sindicatos y leches en vinagre. Hablamos de hacer algo de manera seria y efectiva, y con ello no quiere decir que en esas organizaciones no podamos encontrar a alguno de esos sabios.

Imaginen que ese grupo existe y que tiene el poder suficiente para hacer que los muchos millones de euros que llegan a Almería este año desde la Junta y el Estado realmente lleguen. Que obliguen de alguna manera a que, por ejemplo, esas obras que tienen que hacerse las hagan empresas almerienses que se abastezcan de personal que esté en las listas del paro de esta provincia. Que los estudios y los proyectos los hagan gentes de aquí y que se produzca un reparto equitativo, como por ejemplo premiar a esas empresas que tienen y mantienen a sus trabajadores y no a las que contratan para delegar en subcontratas.

Podemos seguir imaginando y llegar a pensar que para esas obras se utilizase sólo, bueno en la medida de lo posible, materia prima made in Almería, que la hay, y siempre vigilando que se haga un reparto justo de los encargos, para evitar que sean cuatro los que se lleven el gato al agua, y se enriquezcan al mismo tiempo que otros caen.

Sólo con la obra pública conseguiríamos equilibrar la pérdida, al menos en esta provincia, que ha ocasionado la debacle del mundo de la construcción.

Pero tiene que haber más, porque seguro que hay alguna forma de forzar a un banco almeriense a que se arriesgue y abra un poco la mano, que inyecte liquidez a las empresas a precios consecuentes con la situación y no con las previsiones de su cuenta de resultados, siempre positiva y arrojando beneficios.

Por ejemplo, que se produzca un complot positivo en la agricultura almeriense no sólo para rescatar mano de obra local, sino para utilizar a empresas de servicios de aquí, desde el transporte hasta la provisión de consumibles, diseño de campañas publicitarias, todo lo imaginable con la premisa de volver a los precios justos. Y hablar de precio justo es volver a hacer cuentas a medio y largo plazo, olvidarnos de juntar cuatro euros para comprar un terreno y dar un pelotazo, y pensar no sólo en nuestras empresas, sino en el entorno que tienen influencia.

Se necesita un grupo de sabios que hasta sea capaz de provocar que las administraciones entren en el juego, pero en el sentido de ser ágiles, capaces de ponerse del lado del ciudadano y no en su contra, porque ésa es la sensación que tienen en estos momentos los administrados. Si somos capaces de agilizar un trámite de una construcción de un invernadero con dinero que está destinado a ello, haremos al mismo tiempo que quien los construye entre en el juego, que el banco pueda adelantar el dinero con una resolución positiva en la mano y que en poco tiempo estén trabajando un grupo de personas que luego proporcionarán negocio a cooperativas, alhóndigas, transportistas y demás.

Pero es más, si fuésemos capaces de poner a disposición de la cesta de la compra de los almeriense esos productos que se retiran porque no llegan a un precio óptimo para la exportación, ayudaríamos a las amas de casa para que pueden ahorrar en esos precios que les obligan a pagar. No es normal, por ejemplo, que una berenjena se tire al contenedor en El Ejido y que en Almería la compremos por 80 céntimos la unidad.

¿Hablamos de crisis o seguimos gastando pañuelos de papel?

Ideas para una crisis
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