Javier Salvador, teleprensa.es
Cuando he recibido por primera vez el email anónimo que convoca a los ciudadanos a una huelga general el 15 de julio, he de reconocer que no le he prestado mucha atención, pero a la tercera me he puesto a leerlo, primero porque venía reenviado desde la dirección de correo electrónico de un amigo y segundo porque me he preguntado a mi mismo ¿por qué no?
No se trata de darle una patada al Gobierno en sus partes bajas, ni de hacerle el juego a la oposición. Se trata de mi o de ti, como persona, como individuo que confió en que los efectos de la crisis podrían paliarse con una responsable puesta en común de todos, gobierno, oposición, empresa y agentes sociales, pero en su momento, hace meses, y no ahora que la descapitalización de los hogares llega a unos extremos que asustan.
Hambre no pasamos, pero entiendo perfectamente a quien no acepta una situación que se le viene encima, provocada por agentes externos, cuando él no ha cambiado ni su forma de trabajar, su ánimo ni contribución a la caja común.
Quizás, o casi lo más seguro, es que acepte esta convocatoria de huelga general porque en ella no intervienen sindicatos, asociaciones de empresarios ni partidos. Es distinta no sólo porque sea internet el vehículo de comunicación, y estaba cantado que tarde o temprano las cosas tenían que suceder aquí, sino porque es espontánea y podría haber sido cualquiera quien la convocase.
Igual se le ocurrió a una persona que miraba su cuenta tras recibir el ametrallamiento mensual de recibos acompañado de la bomba de profundidad llamada hipoteca. Pero también pudo ser la chica de la ferretería de Cortijo Grande, asustada del precio de un kilo de patatas en el Mercadona de su barrio.
Pudo ser el estudiante universitario que ve a sus padres agobiados como nunca por sus notas, porque tienen prisa para que termine cuanto antes y colabore en los ingresos mensuales o, por lo menos, que no sea una carga en ellos.
Pudo ser el agricultor, el pescador y hasta el periodista. Pudo ser cualquiera y eso es lo que hace grande esa convocatoria anónima y universal.
Nos quejamos de que no llegamos a final de mes, de que la gasolina no hay quien la pague y de que los alimentos tradicionales se están convirtiendo en un lujo que a este paso nos van a obligar a cambiar los hábitos de nuestra dieta.
Ni siquiera nos quejamos de que cada vez sea más difícil cobrar y que con ello se haga imposible pagar. No le reclamamos a los gobiernos que aprieten el paso para que nos proporcionen soluciones como combustibles alternativos, ni tan siquiera es la hora de exigirle que nos digan de una vez por qué el agricultor es casi tan pobre como el consumidor, si lo que pago por sus productos como consumidor multiplica por veinte sus mejores expectativas de precio.
Por eso llego a la conclusión de que esta huelga me hace ilusión porque en cierta medida me hace libre. Si. No se lo tomen a broma. Me hace sentirme libre, porque seré yo quien tome la decisión de por qué no trabajaré el día 15. Y no lo haré por el mero hecho de que no creo que el actual rumbo que toma esta sociedad, con todos sus ingredientes naturales como gobierno, oposición, sindicatos, patronal y otros, sean capaces de idear una solución que no venga de un repunte en EE.UU o un golpe sobre la mesa europea por parte de U.K o Alemania. Y el cobarde podrá retar y decir propón tu algo. Y a ese habrá que contestarle que eso ya lo hicimos todos y cada uno de los españoles hace unos meses, eligiendo un gobierno, y es él quien tiene que dar respuestas porque sus ingresos llegan de nuestros pagos, y si el principio de la cadena se rompe caemos todos al abismo.
Ahora, dichos los argumentos básicos que rondan en las mentes de todos, ¿creen que es el momento de una huelga general? Yo creo que sí, pero de una distinta, que sea como esa bronca que le das a tu hijo sin levantar la voz, casi sin mirarle y que sólo te funcionará una o dos veces, porque sabes que tendrá más efecto que miles de gritos en toda su vida. Igual esa es la huelga que necesita no este gobierno, sino algunos más de la espuma pública, ¿O era pomada? Bueno, esos que hablan de todo menos de lo que interesa al que no llega a final de mes.
