Javier Salvador, teleprensa.es
Estoy un poco cansado de oír hablar de la crisis. No se trata de no creer que estamos en plena recesión, porque en mi hipoteca la llevo, pero también es cierto que me chirrían los oídos cuando escucho hablar de ella a quienes menos problemas tienen para llegar a final de mes, a esos que sufren no por perder, sino por dejar de ganar o no poder mantener el ritmo de crecimiento que hasta ahora se ha disfrutado. No se trata de hacer una defensa de nada ni de nadie, pero escuchamos tanto los problemas del ladrillo que pocas veces se habla del consumidor raso, que es quien más padece el encarecimiento general junto a las pequeñas empresas, que son las que dejan de cobrar cuando las grandes compañías no pagan a sus proveedores porque estamos en crisis. Que manda huevos.
El problema es uno, fundamentalmente, según me cuenta un amigo que de esto de la vida sabe un rato. Los bancos han dejado de prestar dinero y cierran el grifo porque jugaron tanto a una sola carta, la del ladrillo, que ahora tienen situaciones más que comprometidas y si a ello le unimos a que jugaron con el dinero del ahorrador para invertir en fondos extraordinariamente rentables detrás de los cuales, muy detrás, volvía a estar el sector inmobiliario de aquí, de Estados Unidos y de donde uno pueda imaginar, al final con todos su maquillajes y caretas se han caído a los pies de quienes menos culpan tienen y que, a su vez, son el motor de cualquier reactivación, es decir, tú y yo, que somos los consumidores, los que compramos casas, coches y productos bancarios de pequeño ahorrador.
Hace muy poco me decía una persona que tanta política social iba a terminar con el saco común, de ese que se tira cuando hay crisis como en EE.UU. Puede que tenga razón, pero eso es ver el vaso medio vacío y a mi me gusta verlo medio lleno. Cierto es que hemos avanzado mucho en prestaciones sociales, que eso nos da ciertas garantías por muchos casos de listos y caraduras que coman del Estado, -y muchos van de traje bien entalladito, que no son siempre gitanos, parados y otros-, y por ello confiamos más en el sistema. El trabajador, con su doble papel de consumidor y mano de obra, tiende a producir más cuanto más seguro se siente e igual lo que estamos generando es la posición adecuada para poder salir de un bache en el que los españoles siempre hemos tenido en contra nuestra baja productividad. Simplificando hasta el absurdo el análisis de una larga conversación, podríamos decir que más o menos ésta es la esperanza que nos queda, pero lo cierto es que me chirrían los oídos cuando se quejan de las crisis aquellos que tienen el pan asegurado y las vacaciones planeadas desde enero, llueva lo que llueva y truene lo que truene.
Hablando de crisis ayer se comentaba otra con la que no se contaba. La venta de coches ha disminuido terriblemente y volvemos a lo mismo. No hay dinero y la gente no se atreve a gastar. Los bancos quieren seguir manteniendo su nivel de rentabilidad y eso hace subir los tipos de interés al dinero que ya tienen en circulación, pero difícilmente conseguirán una reactivación de consumo si el ciudadano de la calle piensa antes de entrar a un banco que no vale la pena ni pasar por la puerta porque te vas a llevar un no por respuesta. Igual esa no es la situación, pero así es como se pinta en el gran confesionario de España, que no es otro que esa barra de bar en la que te tomas el café diario.
Volviendo a lo del motor y a las crisis y centrándonos en Almería. Ayer comenzaba una feria en la que una treintena de empresas exponen su producto. Los balances habrá que hacerlos el domingo y los gestos dependerán del número de vehículos vendidos, pero eso no quita para que se comenzase con mal pie.
Si ya era pocos los que acudían, que la feria del motor no la organice un profesional del sector tiene algo más que delito, pero que además no consigan llevar ni a las autoridades provinciales para el acto inaugural, pues sienta mal y precisamente a esos que han pagado importantes sumas de dinero para estar, exponer y jugar a la lotería de intentar vender. El análisis de la feria del motor quedará para la próxima semana y nos servirá también para ahondar en esto de las crisis, del éxito y del fracaso, que no siempre van ligados con la coyuntura del momento económico y sí con la capacidad de gestión y aptitudes profesionales del director de orquesta. La semana que viene lo veremos.
