Javier Salvador teleprensa.es
Dos y más de dos, y en cada pueblo, cada ciudad, la cosa es que siempre nos fastidian a los que menos pasta tenemos. Ni más ni menos. Pero en todo, y eso vale también para Hacienda, juzgados, bancos y todos esos que concentran poder.
Les pongo un ejemplo. Hace unos meses todos vivimos entre risas y asombros lo ocurrido con la revista El Jueves. Una viñeta en la que se veían dos caricaturas, presuntamente o seguramente del príncipe Felipe y su señora procreando para cobrar la ayuda de Zapatero. Se montó el pifostio del siglo y secuestraron la edición de la revista, que gracias a la medida judicial, fue la más vista en la historia de la modesta editorial.
Les recuerdo esto porque el otro día y no sé a santo de qué, estaba viendo, escuchando o intentando pillar algo en la tele cuando me encontré con recortes de lo que se dice ahora del príncipe, su hermana y sus relaciones. Vale, normal, pero hay algo que no entiendo.
Que salga una viñeta es injurioso, pero que contertulios de todo tipo y calaña vendan a los cuatro vientos que el heredero de la corona y futuro Jefe del Estado ha vuelto o se sospecha que ha vuelto con su anterior supuesto amor, la impresionante y bien hecha Eva Sannun, -les recuerdo que las medidas eran 88-60-90 de pura raza vikinga y bien repartida toda ella en 1,85 de estatura-, y se dan todo tipo de versiones, pajas mentales y medias frases que se convierten en las más estúpidas insinuaciones dentro de los más vomitivos programas.
Pero como su regia hermana está de moda también por eso de la suspensión temporal de la relación matrimonial, hasta le han sacado un novio portugués o de Valladolid, que da igual, lo que importa es que monta a caballo. Y eso no es mancillar la imagen de la Corona. Conclusión, hay una doble vara de medir.
Pero seguimos en la tele y los anuncios. Hace unos meses asistimos estupefactos a una retirada de una campaña publicitaria porque a Penélope Cruz le crecían las pestañas mágicamente. Hace unos meses un familiar del que suscribe, ya anciana, acudió al médico para mirarse eso del colesterol. Todo contenta ella con su dieta le dijo al médico, de manera inocente y segura de su fórmula, que diariamente tomaba un yogurcito de éstos que dice la tele que te bajan el colesterol. Esos que te aparecen con unos bichos por las tripas y las venas luchando contra los agentes malignos infiltrados, cual enfrentamiento puerta a puerta entre marines y rebeldes en las calles de Bagdad. El médico se descojonó de risa, como era normal, y le dijo a las claras que se trataba de una tomadura de pelo. Pero nadie quita esos anuncios de alimentos milagrosos, la plancha que te hace el trabajo sola o el detergente megaexplosivo que te deja la ropa nueva cada vez que la metes en la lavadora.
A mi, normalmente, me tachan de todo, ciertos amigos que se dedican a lo público, por no confiar en el sistema educativo y haberme esclavizado económicamente por tener a mis hijos en un colegio privado. Como es de pago no recibo ayudas, ni desgrava, ni tan siquiera me sirve para justificar como gasto o inversión la pasta que me cuestan los dos pelones al mes. Ahora que hemos descubierto que el nivel de enseñanza en la pública es menor que el de Turquía, vamos que estamos a la cola en resultados y a la cabeza en número de reformas aplicadas por año, se hará todo lo posible por incentivar a los causantes del desastre, los profesores del tipo funcionario, y nos costará a todos un pastón. Pero claro, lo pagaremos todos mientras que los que no confiábamos en el sistema y seguiremos sin hacerlo nos la envainamos, pondremos nuestra parte de escote y seguiremos sin pillar beneficio alguno. Conclusión, dos varas de medir.
La cosa está clara y me lo decía un amigo el otro día en un correo electrónico “España está divida en dos, entre los que están cabreados y los que están hasta los huevos” y es normal, comprensible y suficientemente descriptivo de la realidad que vivimos, un país donde se hacen políticas de titulares y pandereta, donde lo importante es la rueda de prensa y no los resultados conseguidos.
