jueves. 04.06.2026

Javier Salvador teleprensa.es

Hay una cosa que, como ustedes, que tienen poco tiempo para leer las informaciones de arriba abajo, no alcanzo a entender, bueno, sería difícil de entender si no viviésemos en esta Almería nuestra. Por ejemplo, fuentes oficiales del Gobierno de España señalan que en Almería hay algo más de 800 parados menos. PSOE y CC.OO salen el mismo día diciendo que la cifra es positiva y luego aparece Rafael Hernando, diputado del PP diciendo que noviembre ha registrado la peor cifra de la historia de Almería en un mes como este. Como no tengo tiempo para mucho más, pues ya no sé si miente el Gobierno, si lo hacen PSOE y CC OO o es Hernando, pero la interpretación de los datos de alguno de los cuatro es muy distinta a la del resto.

Decía que esto es extraño, pero normal en una Almería como la nuestra, ésa que anhela un soterramiento del ferrocarril que se supone es la obra en la que deberíamos centrarnos, utilizar todas nuestras fuerzas y recursos para conseguirla, pero al mismo tiempo nos damos de leches e ilusionamos al ciudadano diciéndole que, además, queremos un tranvía y un Palacio de Congresos, -el de El Toyo ya no es tal cosa y aunque se concibió como un centro de convenciones ahora será sede de Asempal-, que sea diseñado por Norman Foster, el afamado arquitecto de reputación internacional y que cobra minutas interplanetarias, por lo altas que están.

Y todo eso en unas semanas en las que el aceite de girasol sube, los lácteos y sus derivados, los cereales y algunas otras cosillas más. Y todo eso antes de una navidad en la que decíamos que comeríamos pavo en vez de cordero, pero que tampoco lo tenemos muy seguro porque el bicho en cuestión al final también cacareará.

Les cuento esto porque ayer mismo sentía un poco de envidia sana. Estaba en San Sebastián y me llamaba la atención el número de personas que utilizaban bicicletas para circular por la zona noble de la ciudad. Pero no eran chavales, sino personas de todo tipo, con vaqueros y con trajes de chaqueta. Esto sucede en una ciudad en la que normalmente llueve. Yo estaba en una cafetería gorroneando un poco de conexión wifi, ese acceso a internet gratuito que hay en un montón de sitios fuera de Almería. Descargaba unas fotos en el portátil y uno de estos vasquillos que son más curiosos que el que suscribe se acercó y me preguntó ¿turista no, verdad? Y le dije que no, que sólo descargaba unas fotos y terminaba un artículo que debía enviar.

Charlamos y le pregunté directamente por el carril bici, su extensión y antigüedad. Estábamos detrás del Ayuntamiento donostiarra y eso me llevó a intuir que era un trabajador más del consistorio. No debía tener mucho trabajo y menos aún ganas de volver al despacho o, por otro lado, pensó que era una buena oportunidad para vender las excelencias de su ciudad. Así que, ni corto ni perezoso, llamó a otra persona, un chico también, que al igual que él trabaja en el mismo Ayuntamiento y conoce perfectamente la red del carril bici porque depende de su área.

La conclusión de todo, del té más largo que me he tomado en los últimos años, fue que “se planteó desde plataformas ciudadanas; el ayuntamiento lo vio bien porque además ahorrábamos tráfico en la ciudad y lo hicimos”. Ahí entré a saco y las respuestas cada vez eran más claras, es decir, que consensuaron un plan entre peticiones de colectivos y posibilidades del Ayuntamiento. Así, hay zonas de carril bici y otras en las que simplemente están pintadas en las aceras y los viandantes las respetan al igual que los ciclistas no se salen de ellas. Además, para más envidia, tienen la ciudad plagada de aparcabicis y como vehículos cuentan la misma preferencia que los pasos de peatones.

Luego llegaron las preguntas de ellos:

¿De donde eres?

-De Almería

-Pues allí disfrutaréis la hostia de las bicis con el solecito y el clima.

-Pues no mucho,- respondo-.

-¡Claro! la ciudad es pequeña y vais a pie ¿no? Mejor así, claro.

-Pues no. No hay mucho y lo poco que existe no está conectado, así que no lleva a ninguna parte.

- ¿Y qué inútil gobierna? Pregunta mi primer interlocutor.

- ¿Sabes?, - le digo-, si te contesto me voy a buscar un problema, porque tengo la manía de escribir estas cosas en mi bitácora. Pero bueno, el acalde se llama Luis Rogelio, es del PP y bueno, me da igual que sea culpa suya o de sus concejales, el caso es que, ciertamente, uno siente envidia.

Cuando les conté que nuestros problemas más actuales eran el soterramiento del ferrocarril, un palacio hecho por Norman Foster, tranvía y recogida neumática de basuras en el casco histórico me decían algo así como, y por qué no se centran en una cosa grande y varias pequeñas, que suele ser más barato y rápido. Y bueno, lo dejamos ahí, porque empezaban a generar una mala leche interna de esas difíciles de soportar, así que me despedí de ellos y sólo les dije: Bueno me marcho, que parece que va a llover, cosa que no sucede en Almería normalmente.

Vamos, que tampoco son perfectos. Pero sí, yo creo que en bien de Almería, el alcalde de esta ciudad debería dejar de regar todo los jardines y centrarse en algo concreto de una puñetera vez.

Que se centre el alcalde
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