jueves. 04.06.2026

Javier Salvador teleprensa.es

La verdad es que no sé realmente qué definir como muy de Almería, si esos lugares de los que todo el mundo hemos oído hablar o nuestra especial habilidad para machacarlos con una pala retroexcavadora y hacer luego un edificio de cutrepisos en una zona ya saturada. Cada mañana, cuando llego a la oficina,- estamos en el Casco Histórico-, subo la calle Real. Bueno subo cuando se puede, porque ahora que están tirando la bodega El Patio cortan esta vía de cuando en cuando.

Hace años, un amigo se tomó muy en serio eso de hacerme almeriense por los cuatro costados y me llevó a esos lugares a los que hay que ir. La Reguladora, Casa Puga, el quiosco Amalia, Jueves Taurinos, Casa Joaquín… me contaba el origen, cosas de sus dueños, de las tertulias que allí se daban, de las costumbres de la vieja Almería. Siempre pasábamos por la puerta de la bodega El Patio, y un día le pregunté por qué nunca me había llevado allí. Me respondió que ésa, como algunas otras, no se enseñan, uno tiene que r a ellas y saber estar. No lo entendí hasta el momento en el que, pasados uno meses me llamó y me dijo que me esperaba allí.

Porquería, lo que se dice inmundicia de la buena no había demasiada, era más bien solera solidificada, pero de inmediato lo comprendí. El tipo de gente, los chatos de vino a cuatro perras, las celosías de colores, la barra inmensa y un olor a rancio que no desaparecía por más que tuviesen sus cuatro puertas abiertas. Lo del baño no se lo cuento, pero también tenía su cosa.

Para entrar a la bodega El Patio había que entender primero el concepto del bar solariego almeriense, ese lugar donde el vino le cuesta lo mismo al borracho que al marqués, donde el vaso se lavaba con el mismo mistol y el pescado se había frito la misma noche anterior. Cada uno en su lugar, pero todos en un terreno de neutralidad.

La bodega el Patio es hoy un patio vacío, y no de forma figurada, sino física, porque una pala se la ha llevado por delante. Ahora, al menos hoy, se ven desnudas las tinajas de la trastiendas, ésas que al público no eran ajenas pero tampoco visibles, ésas de las que han salido miles y miles de chatos de vinos tomados con codo apoyado en la barra, ésas que a su manera también han contribuido a escribir la historia de Almería.

Seguramente no era un edificio singular, pese a su patio interior, arcos y demás. Lo mejor de todo, espero, es que a la familia propietaria les haya servido para trincar un buen pellizco, que no les engañasen demasiado en la negociación y que tras una vida de verdadero curro les dé para un retiro digno y bien merecido.

Decía al principio que no sé aún si lo realmente almeriense debe conservarse. Esa bodega, convertida en algo de uso público, hubiese dado la oportunidad de no perder uno de esos lugares centenarios. Y no sé si debe conservarse o si lo realmente típicamente almeriense es pasarle la pala por encima a todo lo que huela a euro.

Almería se va a convertir no ya en el triste ejemplo de la pérdida de su identidad, aunque sea la de los bares,- recordemos que la gente viene a Almería con una idea preconcebida: un lugar con muchos bares y mejores tapas-, porque nadie quiere la provincia artificial, tratada a base de cirugía destructiva. No sólo es la capital, ejemplos como Algarrobico, los acantilados de Aguadulce, las Torres de La Térmica, las intenciones de construcción en La Fabriquilla o en las Salinas de Roquetas de Mar, son otros ejemplos mucho mayores, monumentales en tamaño, de nuestra destreza a la hora de hacer el gilipollas.

Ya no se trata de que destruyamos la bodega El Patio, sino de la falta de respeto hacia cualquier espacio.

Toda la vida hemos considerado una verdadera aberración el edificio colgante del Cañarete, el Hotel La Parra y cualquier otra construcción por el estilo. Siempre nos preguntamos lo mismo ¿qué se llevaría el político de turno? Y eso es lo que nos seguimos preguntando a día de hoy. Pero lo cojonudo, lo que te hace preguntarle a tu mujer eso de ¿qué tal se viviría en América del sur o en el su de Áfica? Por si algún día pillas duros y te puedes permitir cambiar de aires, es ver que, además, las barbaridades llegan a contenciosos que resuelven a favor del bárbaro. A la Junta se le va esto de las manos y parece que nadie le va a poner fin. Igual sí tenemos que pensar en el cambio pero ¿dónde está la alternativa?

Muy de Almería
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