martes. 21.05.2024

Se acabó. Durante muchos años determinados partidos políticos habían mantenido un cierto estándar de líneas rojas o respeto que ni PP ni VOX estaban dispuestos a secundar en sus modelos de gobierno u oposición. De hecho, la mayor parte de su fuerza viene precisamente de que sus contrincantes no eran capaces de llegar a los mismos límites que ellos, ni mucho menos mostrar esa agresividad. Ya no hablamos de la policía política del gobierno de Rajoy, de los bulos sobre podemos y sus conexiones internacionales, las causas contra los Pujol, la imputación de Mónica Oltra, vicepresidenta de la Comunidad Valenciana y el uso de información a la que se tiene acceso sólo desde determinadas esferas... Años después todo archivado, construido con falsas pruebas o meros indicios, cuyo único fin era iniciar procesos judiciales, aunque luego no llegasen a nada.

¿Qué relación tiene esto con que el PP no quiera renovar el poder judicial? Sencillo. Necesitan que la estructura siga estando congelada, controlada por los suyos, pero ahora Pedro Sánchez les ha dejado al descubierto.

¿Qué soluciones hay? Muchas, muy variadas y de muy distinto calado. La primera de ellas, una legislación mucho más actualizada sobre la responsabilidad civil subsidiaria en los delitos contra el honor seguidos en la vía penal. Es más, hacer extensible esa responsabilidad civil subsidiaria a las empresas editoras de las redes sociales, como Facebook, Twitter, Instagram, Tiktok… Es decir, un medio de comunicación de estos, creados para la gloria de los partidos políticos, no son nada sin el altavoz de las redes sociales. Lo más seguro es que los medios que han publicado todas estas mentiras terminen pagando, pero si sucediese como en Estados Unidos, donde causar daño con la injuria puede costarte 100 millones de dólares, mediríamos la supuesta valentía del que miente con otras escalas. Y si de esa condena fuesen responsables civiles subsidiarias esas redes sociales que sirven como vehículos para viralizar la mentira, terminaríamos con el problema, pues ahí está la madre del cordero y sí sería un inicio del fin.

Y luego ya, si hay huevos, hasta sería el momento de hablar de por qué el pueblo no tiene capacidad de acción directa en la elección de jueces, fiscales y sus estamentos de gobierno. Por qué no podemos, como en distintos lugares de Estados Unidos, votar a nuestros jueces o fiscales. Ya tenemos claro que cada cual tiene su ideología, pues a partir de ahí que el pueblo, que es el verdadero poder soberano decida, y que no lo hagan por nosotros quienes no nos representan.

Sánchez y el inicio del fin
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