Javier Salvador, @jsalvadortp
Una de las grandes incógnitas del momento es a qué juega Ciudadanos Roquetas de Mar. Su abstención puso a Gabriel Amat al frente del ayuntamiento aun sabiendo que el 90% de sus votos venían precisamente de los descontentos del PP, de hecho, con mirar los datos de 2011 y cotejarlos con los de 2015 se ve claramente que de los cuatro que perdieron los populares, 3 fueron a parar a Ciudadanos y uno al PSOE. Obviamente quienes les votaron no esperaban que dejasen al artífice de las palmeras con GPS como primer edil, pero también hay que decir en su defensa que un gobierno sostenido por el consenso de cuatro partidos es complicado, o muy complicado, en el viejo esquema político español.
Ahora bien, lo que no alcanzo a entender es que les siente mal que el resto de la oposición, PSOE, IU y Tu decides, pase de ellos en sus planes porque, sencillamente, en este momento sería como tener el enemigo en casa. Mientras sigan manteniendo a Amat, y se supone que les queda poco que apoyar porque será imputado en cuestión de días, no tendrán lugar en la mesa de los opositores. Tampoco sería muy lógico que apoyasen otro candidato del PP, salvo que ese fuese de nueva entrada y no tuviese nada que ver, ni como asesor, con los años de contratos poco claros que al final han terminado en denuncia por parte de la fiscalía. Es decir, que mirar hacia otro lado mientras se cometían tales actos puede eximirles de responsabilidad penal, pero nunca política, y espero que Ciudadanos también lo tenga claro.
A pesar de todo la formación de Rivera tiene una enorme posibilidad de prueba en Roquetas de Mar. Si miran los resultados obtenidos descubren que cuando pactan con el PP pierden, mientras que si lo hacen con el PSOE o cualquier otro se mantienen o crecen. La fórmula no es infalible, pero sólo tienen que cotejar sus resultados en Andalucía, en los últimos comicios, y compararlos con cualquier otro lugar. Y podemos ir un poco mas lejos. Si estudian un poco los comportamientos electorales fuera de España verán que en aquellos lugares en los que una formación conservadora como Ciudadanos, llamémosla moderada, apoya un gobierno conservador de pura cepa, termina fagocitado. Y si no lo creen busquen en internet un único nombre: Nicholas William Peter Clegg.
Ahora bien. Imaginen que hay nuevas elecciones generales. Ciudadanos no tiene que hacer muchos números para saber que el diputado que más baila en Almería es el suyo, que mira por donde es, además, el portavoz de la formación en el Ayuntamiento de Roquetas de Mar.
Su única alternativa es dar un golpe en la mesa, situarse frente a Gabriel Amat como una especie de podemillo light de la derecha, que es más o menos el atractivo que tenía Albert Rivera al principio, y cruzar los dedos para no haber llegado demasiado tarde a los vagones de la supervivencia.
Ciudadanos tiene que darse cuenta de lo que está pasando a su alrededor y, sobre todo, quiénes son cada uno de ellos mismos. Ninguno de los que a día de hoy ocupan un cargo público remunerado, y me refiero a la formación en la provincia de Almería, tenía antes de las elecciones, y por decirlo de una manera elegante, una situación económicamente holgada. Les hace falta lo que han conseguido, mantener y aspirar a más, porque en un partido en el que unas primarias se pueden ganar con apenas 50 votos de militantes, pueden saltar chispas a la más mínima tensión en la que se presienta que su cuota de ocupados puede bajar.
Y las lealtades en la política en general, y en los partidos de nuevo cuño en particular, son como los valores de Groucho Marx. Eso nunca conviene olvidarlo.
