La vida sin titulares
Reto tras reto , nuestros personajes públicos van a la caza del titular que les garantice una buena presencia mediática, un titular nos marca el día sobre lo que queremos hacer, les da nombre a lo que estamos tejiendo o hemos llevado a cabo., entre moderaciones y radicalidades.
Muchas veces un titular encierra desde un aviso a una amenaza, pasando por una provocación, un desanimo o una motivación o el triunfo de un éxito cercano. Debe ser tan claro que hable por si mismo en su forma y contenido y no necesite muchas explicaciones.
Hay complicadas relatos e historias que se encierran de manera clara y sencilla en un titular , a veces con una sola palabra y otras creando buenas vibraciones en nuestro alrededor aunque se transmita lo más duro. Sobre todo , cuando asoma a nuestra vista nos tiene que atraer , y si es posible que nos impacte con ingenio.
El impulso o la energía que en ocasiones produce nos emociona, y nos plantea si vamos a tener el atrevimiento o nos vamos a quedar en la puerta sin ningún interés por entrar .Los ruidos y jaleos se traducen más en pobres textos que no significan nada y que lo único que logra es cargarse lo que era un excelente artículo o una buena noticia.
Deberíamos poner todos de nuestra parte por recuperar el sentido común y no perdernos en perífrasis interminables, en lugar de anunciar con claridad aquello de lo que vamos a hablar, de manera inequívoca y concreta, para transmitir nuestras ideas.
Cuando anunciamos en el titular lo que queremos decir , debemos dejar claro nuestro espacio, y nuestro tiempo, donde y cuando está ocurriendo lo que contamos , sin dejarnos llevar por una corriente que no sabemos hacia donde nos conduce.
Escribir es entre otras muchas cosas un ejercicio de paciencia: Hemos de tener cuidado para no quedar apresados por la rutina y caer en el aburrimiento. Son aquellos que de tanto estar en la pomada se le funden los plomos y no hablan de otro tema ni piensan en otra cosa.
Y los titulares se quedan en lo anodino y los lugares comunes, que no nos dicen nada, y son el anuncio de la perdida de la identidad, en lugar de estar dispuestos a vivir una situación mágica e inolvidable y ser capaces de expresar con las palabras adecuadas ideas tormentosas y laberintos emocionales.
No todos , a la hora de manejar las palabras podemos seguir el mismo ritmo ni sostener la misma ética o desarrollar idéntica épica , tampoco es posible transmitir con los mismos vocablos la intensidad y el grado de odio y afecto en momentos y espacios diferentes.
Los tiempos que corren no son para alimentar la intolerancia, el populismo , y crear enfrentamientos para convertir las diferencias de opiniones en obstáculos insalvables y enemistades irreconciliables. Los demócratas hemos de ganar nuestras posiciones con respeto y participación.
El respeto nos lo ofrecen el valor de nuestras palabras y la ejemplaridad de nuestras conductas ,y nuestra presencia en las instituciones nos da con nuestros votos la posibilidad de transformar la sociedad que nos ha tocado vivir.