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  <title><![CDATA[Teleprensa :: RSS de «Diego Rodríguez Villegas»]]></title>

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    <description><![CDATA[Teleprensa, el periódico digital decano de Almería, ofrece las últimas noticias de Almería, Andalucía, España y el mundo. Mantente al día con actualidad local, internacional, deportes y golf. Toda la información al alcance de un clic, desde 2002.]]></description>
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      <title><![CDATA[Teleprensa :: RSS de «Diego Rodríguez Villegas»]]></title>
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  <title><![CDATA[¿Le interesa a usted reflexionar sobre la educación pública?]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://www.teleprensa.com/opinion/diego-rodriguez-villegas/interesa-usted-reflexionar-educacion-publica/202601181624242318363.html</link>
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  <pubDate>Sun, 18 Jan 2026 16:24:24 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Rodríguez Villegas]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ La primera cuestión es que parece que nos cuesta ponernos de acuerdo sobre a qué nos referimos cuando hablamos de educación o escuela pública. Es un signo de estos tiempos. Me refiero a dudar de cuestiones que hasta hace poco no se ponían en tela...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>La primera cuestión es que parece que nos cuesta ponernos de acuerdo sobre a qué nos referimos cuando hablamos de educación o escuela pública. Es un signo de estos tiempos. Me refiero a dudar de cuestiones que hasta hace poco no se ponían en tela de juicio, no hablemos ya de esa nueva dinámica social de directamente negar los hechos o la realidad. Ahí tienen a los neofascistas, a los&nbsp;terraplanistas&nbsp;o a los antivacunas ocupando tan ufanos el espacio público con sus memeces producto de la ignorancia.</p>

<p>No podemos negar que el significado de la expresión “educación pública" se ha ido despojando, en una parte significativa del imaginario colectivo, de su sentido original que recogía "lo común", "lo de todos", “lo que nos iguala” y como consecuencia de esa pérdida de contenido se han ido desgajando de su esencia esos otros principios que la deben caracterizar: gratuidad, universalidad, laicidad, integradora o gestionada y financiada por el estado.</p>

<p>Para aquellos ilusos o descreídos que opinan que estas cosas pasan porque el mundo, los conceptos, evolucionan. Que la nueva configuración de la realidad debe hacer que reajustemos los procesos de aprendizaje. O que la ignorancia que hasta hace poco nos hacía ser prudentes, incluso temerosos de hacer el ridículo por expresar una opinión, ha quedado superada desde que tenemos un terminal informático en el bolsillo. A todos ellos y a todos nosotros quizá convendría recordarnos que esta cultura del simulacro en la que estamos instalados está diseñada con una&nbsp;intención&nbsp;aunque su teléfono móvil no le informe de ello.</p>

<p>Es cierto, hay que admitirlo, que las circunstancias aportan muchas veces matices y que no siempre es inteligente pensar que detrás del desmantelamiento de lo público hay un grupúsculo de malvados conspiradores capitalistas confabulados para hacer caja. Pero, si analizamos los hechos no es difícil encontrar patrones que nos dan pistas de que estamos asistiendo a un cambio de paradigma que va en contra de las personas.</p>

<p>Podemos mirar para otro lado pero la aparición en la educación de las lógicas de mercado, los modelos híbridos o mixtos, las empresas privadas que ofrecen servicios educativos complementarios, las plataformas digitales, las certificaciones para acreditar habilidades y conocimientos específicos que son demandados por las empresas, las administraciones que optan por suprimir plazas públicas mientras incrementan el número de plazas privadas; todo ello no es una casualidad ni una realidad propia de la evolución o una actualización de la sociedad.</p>

<p><b>Veamos algunas claves</b></p>

<p>El lenguaje financiero —eficiencia, rendimiento, competencias, clientes, rankings— se ha infiltrado incluso en las escuelas públicas.<br />
Si todas las instituciones compiten y funcionan con lógicas comerciales, lo público deja de entenderse como un&nbsp;derecho&nbsp;y pasa a verse como un&nbsp;serviciomás.</p>

<p>La consolidación de la formación on-line, las academias digitales, las micro credenciales de plataformas o empresas tecnológicas, los&nbsp;bootcamps, etc.; dejan una imagen, falsa, que hace que la educación pública parezca una categoría demasiado estrecha frente a un ecosistema mucha más amplio y rico. No me resisto a recordar lo que planteaba Debord en “La sociedad del espectáculo”, en relación a que la realidad está siendo sustituida por imágenes, y el valor primordial es la apariencia y el consumo,&nbsp;</p>

<p>Otra clave importante conecta con la identificación de la educación pública con lo estatal y esto, a su vez, con la pérdida de confianza (intencionada pero también en ocasiones producto de quienes están al frente) en las instituciones, donde lo público pierde prestigio tanto emocional como político.</p>

<p>La última clave se orienta hacia un discurso, un relato que se centra más en la empleabilidad, las habilidades técnicas o la competencia global, lo cual desplaza la dimensión social de lo público para volver a introducir en lenguaje empresarial.</p>

<p>Ese es pues el cóctel que nuestra sociedad rabiosamente capitalista nos hace beber todos los días: la educación es un servicio no un derecho, las nuevas realidades tecnológicas y empresariales nos obligan a replantear lo que entendemos por educación, las instituciones públicas son ineficaces además de una rémora para hacer avanzar al mundo y lo público no es una cosa de la gente sino de un estado que coarta la libertad de las personas.</p>

<p>Ahora, a usted que le ha interesado reflexionar sobre la educación pública porque ha leído hasta aquí, pregúntese cómo todo esto le afecta a su bolsillo, a su libertad de elección real, a su entorno o a sus derechos, a su futuro. ¿Lo ha hecho? No se asuste si de golpe y porrazo se ha dado cuenta de que se ha convertido en un&nbsp;terraplanista&nbsp;de lo público. Existe una vacuna: apoye, colabore y vote a todo aquel que defienda los servicios públicos, la educación pública. Eso no lo eximirá de su ignorancia, pero como dicen los manuales de autoayuda que a veces lee, las acciones positivas que hacemos para el bienestar colectivo acabarán revirtiendo en su propia felicidad.</p>
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  <title><![CDATA[Es lo que hay]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 28 Aug 2025 13:17:57 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Rodríguez Villegas]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Dicen que 600 aviones despegan todas las noches desde China a Europa cargados de objetos que realmente no necesitamos. Sabemos, pero no queremos pensar en ello, que con esa acción de comprar compulsivamente estamos alimentando al monstruo que...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Dicen que 600 aviones despegan todas las noches desde China a Europa cargados de objetos que realmente no necesitamos. Sabemos, pero no queremos pensar en ello, que con esa acción de comprar compulsivamente estamos alimentando al monstruo que acabará devorándonos, pero, como la cría de gacela que come hierba en la sabana a veinte metros de una manada de leones, lo hacemos como si nuestras acciones no tuvieran consecuencias, sobre todo contra nosotros mismos.</p>

<p>Unos defienden que no debemos preocuparnos, que forma parte de nuestra libertad individual y que el mercado lo acabará regulando. Que si se producen algunos daños colaterales como el incremento de las desigualdades, la pobreza, el colapso del planeta, las guerras, las dictaduras, la explotación laboral o las migraciones masivas es porque hay que regular mejor los sistemas, las transacciones, los procedimientos, las leyes, pero que el sistema es bueno y funciona, que de hecho es el mejor, el único que existe.</p>

<p>Otros mantienen que somos víctimas del capitalismo, que nos ha anestesiado, que nos engaña con sus continuas trampas y que, por ello, no somos responsables sino víctimas.</p>

<p>Algunos chicos refinados y cultos como Pedro Vallín o Javier Gomá, nos cuentan desde la atalaya de sus lecturas conceptuales y eruditas que el problema es que necesitamos educarnos en la incertidumbre, en la provisionalidad, en que no hay respuestas definitivas, porque han muerto las grandes ideologías.</p>

<p>Paralelamente, una buena parte importante de los jóvenes parece vivir en otra dimensión, en parte por cómo los hemos educado, en parte, porque el turboliberalismo es más inteligente que todos nosotros, sobre todo con su jugada maestra de meternos un espía, un agente de seguridad y un carcelero con forma de teléfono en el bolsillo.</p>

<p>Y, finalmente, un señor que esos mismos jóvenes ya no conocen nos sigue cantando desde las plataformas y, para unos pocos, desde CDs o vinilos que de vez en cuando la vida nos gasta una broma y nos despertamos que sin saber qué pasa, chupando un palo sentados, sobre una calabaza.</p>

<p>Quizá eso pensaría Kurt Vonnegut cuando escribió Matadero cinco, pero, claro, realmente ya apenas nadie lee libros de verdad sobre todo si fueron escritos en el pasado, aunque sea un pasado cercano porque, como nos dice José Carlos Ruiz en Incompletos, el pasado ha dejado de existir porque “el sujeto hipermoderno del siglo XXI ha pensado que la experiencia de vida de sus antepasados no es válida para encarar el devenir del siglo XXI”.</p>

<p>Ahora vayan a tomarse una caña o un ansiolítico que ya mañana, como decían en el siglo XX unos cómicos con chaqué y bombín, “hablaremos del gobierno”.</p>
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  <title><![CDATA[¿Universidad pública, universidad privada?]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
    <link>https://www.teleprensa.com/opinion/diego-rodriguez-villegas/universidad-publica-universidad-privada/202506021249442131570.html</link>
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  <pubDate>Mon, 2 Jun 2025 12:49:44 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Rodríguez Villegas]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ No nos engañemos; pensar, reflexionar, empatizar no es el fuerte de nuestra especie, salvo que estas acciones estén dirigidas a la supervivencia que es para lo que realmente está preparado nuestro cerebro. Esto no habla en contra, ni ignora los...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No nos engañemos; pensar, reflexionar, empatizar no es el fuerte de nuestra especie, salvo que estas acciones estén dirigidas a la supervivencia que es para lo que realmente está preparado nuestro cerebro. Esto no habla en contra, ni ignora los grandes logros y avances que hemos ido alcanzado a lo largo de la historia de la humanidad y que, dicho sea de paso, ya que estamos en ello, la mayoría han tenido su origen en una formación académica universitaria.</p>

<p>Ahora bien ¿Qué le importa realmente a día de hoy al ciudadano medio la investigación, el desarrollo o la innovación? ¿Qué le importa el conocimiento superior, el espíritu crítico, la verdad? Aunque esto no es nuevo, digamos que parece que no le importa mucho. Pero ¿no le importa mucho porque está en otras cosas o porque a otros les interesa que no le importe mucho?</p>

<p>Unos trescientos años antes de nuestra era, Diógenes de Sinope veía en su época un verdadero problema moral porque la gente en vez de formarse a sí misma y valorar su opinión propia respecto al bien y el mal, prefería actuar en función de lo que los demás opinaban. Imagínense cuando ni siquiera existe una opinión general. Dos mil años después el filósofo francés Andre Gluksmann en un artículo con tintes paródicos ponía en boca de Immanuel Kant lo siguiente: “En mis tiempos los debates decisivos no interesaban al gran público, el pueblo se resignaba y “suponía” que pensar no era asunto suyo. Ahora los conflictos ideológicos han franqueado el muro de las universidades y han saltado a la plaza pública”.</p>

<p>Lo que nos lleva a la pregunta inicial sobre el debate, universidad pública versus universidad privada. Dado que vamos a defender principios como la libertad de cátedra, la universalidad, el pluralismo ideológico, la fraternidad, la democracia, la excelencia académica pero, sobre todo, la igualdad de oportunidades, nos toca poner sobre la mesa datos y hechos comprobables, como corresponde a un análisis serio sea descriptivo, predictivo, exploratorio o de diagnóstico. Es decir, lo contrario a esa nueva barra de bar que son las redes sociales.</p>

<p>En primer lugar y para que no confundamos ni manipulemos al posible lector hay que decir que la universidad pública necesita una profunda reforma tanto estructural como educativa. Esto requiere un análisis exhaustivo en el que por cuestiones de espacio y por centrarnos en el tema que nos interesa no vamos a llevar a cabo. Ahora bien ¿Qué significó esa universidad todavía carpetovetónica después de la transición para todos y todas aquellas españolas que no eran nadie, que no tenían derecho a opinar, a pensar, a disfrutar de la cultura, que trabajaban de sol a sol o que su único horizonte era ser amas de casa? Lo decía recientemente Manuela Carmena en una entrevista: Se les “dio el protagonismo que no tenían y eso fue extraordinario”.</p>

<p>Entonces, qué ha pasado en los últimos veinte, treinta años para que algo tan extraordinario para nuestras vidas como es la universidad pública deje de ejercer como ascensor social, deje de igualarnos en el aula y fuera de ella con quienes tienen el poder económico, empiece a no enseñarnos a disfrutar de la lectura, el cine, la música, la pintura, el teatro o impida que la hija de un panadero o el hijo de una peluquera de barrio acceda a conseguir nuevos y magníficos logros científicos y tecnológicos.</p>

<p>Dijimos al principio que pretendíamos ser objetivos, que en nuestro análisis debíamos despejar los datos y la información veraz del ruido de fondo, de esa plaza pública que son las redes sociales y los medios de comunicación que intoxican a propósito la información en su defensa de intereses económicos.</p>

<p>Por ello, entresacamos algunos de los datos irrefutables y más significativos que sobre la Universidad ha expuesto en su informe la Fundación 1º de mayo: Hay una falta de financiación estructural de la formación superior pública; el gasto de las familias en educación superior en España se encuentra por encima de la media de los países de la OCDE; los perfiles familiares, definidos en torno al nivel de estudios y el nivel de ocupación de los progenitores del estudiantado, condicionan las oportunidades de acceso a la universidad, el número del alumnado de la Universidad pública se está reduciendo progresivamente en beneficio de la Universidad privada; las universidades privadas cuentan con mecanismos públicos que favorecen su financiación, como son las becas y las exenciones y reducciones fiscales.</p>

<p>Es decir, se está quebrantando el derecho del conjunto de la ciudadanía a la educación superior y condicionando el acceso a la misma según la capacidad económica de las personas y sus familias. Y esto, no lo duden, supone vulnerar el principio de la igualdad de oportunidades, la equidad y el mérito. La pregunta es si mientras compramos en Amazon, deslizamos el dedo compulsivamente por nuestro teléfono móvil, vemos una serie tras otra en Netflix o hacemos escapadas low cost en uno de los millones de apartamentos turísticos que existen, tenemos tiempo o queremos pensar en estas cosas.</p>

<p>No me resisto para finalizar a evocar unos de los principios básicos que debe defender y propiciar la universidad pública. Me refiero a utilizar la palabra en libertad. Hay un término en castellano, a su vez también muy evocador, como es la “parresía” que proviene de la retórica clásica y que curiosamente define Michel Foucault para hablarnos del Antiguo Testamento de la siguiente forma: “De manera más precisa la parresía es una actividad verbal en la cual un hablante expresa su relación personal con la verdad, y corre peligro porque reconoce que decir la verdad es un deber para mejorar o ayudar a otras personas (tanto como a sí mismo). En parresía el hablante usa su libertad y elige la franqueza en vez de la persuasión, la verdad en vez de la falsedad o el riesgo de muerte en vez de la vida; la seguridad, la crítica en vez de la adulación y el deber moral en vez del auto interés y la apatía moral”. Pues hablando en parresía, no duden que el desmantelamiento de la universidad pública proviene de un plan. De un plan orquestado y diseñado por quienes nos prefieren ignorantes y útiles para sus intereses y no deberíamos dejarlos hacer.</p>

<p>Recordad las palabras de Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca frente a Unamuno y a la esposa del dictador: “muera la inteligencia, viva la muerte”, que ahora vuelven a resonar con otros ecos en los campus universitarios (parece mentira) de la mano del Sindicato Español Universitario (SEU), la Asociación “Libertad sin ira” (curioso nombre) o “Estudiantes con la libertad”. También el fascismo y la ultraderecha nos necesitan ignorantes.</p>
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  <title><![CDATA[Una sociedad sin sindicalismo de clase]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Thu, 20 Feb 2025 10:41:18 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Rodríguez Villegas]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Aunque&nbsp;con una visión algo distinta&nbsp;y algunos otros matices,&nbsp;ya presentaba el dilema Enric Juliana en&nbsp;Aquí no hemos venido a estudiar. Este podría delimitarse en algo así como ¿tiene el sindicalismo de clase que&nbsp;volver...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Aunque&nbsp;con una visión algo distinta&nbsp;y algunos otros matices,&nbsp;ya presentaba el dilema Enric Juliana en&nbsp;Aquí no hemos venido a estudiar. Este podría delimitarse en algo así como ¿tiene el sindicalismo de clase que&nbsp;volver areflexionar en profundidad&nbsp;sobre su desempeño&nbsp;para&nbsp;poderenfrentarse a la realidad que&nbsp;estamos viviendo actualmente?&nbsp;Es obvio que la realidad donde Juliana enmarca su libro, la prisión de Burgos en 1962 y&nbsp;el contexto&nbsp;político&nbsp;y&nbsp;social español de ese momento, dista mucho, muchísimo,&nbsp;de la realidad que tenemos hoy. Por eso quizá nos ayudaría reformular la pregunta para adaptarla&nbsp;a la situación&nbsp;actual. He aquí un intento, una propuesta: ¿Es posible resignificar&nbsp;el sindicalismo de clase mediante una orientación&nbsp;distinta&nbsp;del relato&nbsp;en la época de&nbsp;la realidad (la verdad)&nbsp;virtual, la desmemoria, la sobreinformación,&nbsp;la incertidumbre sobre el futuro,&nbsp;el individualismo,&nbsp;los bulos y los&nbsp;algoritmos?&nbsp;</p>

<p>Mi&nbsp;respuesta inicial&nbsp;es que nos toca pensar, analizar y estudiar porque la&nbsp;estrategia&nbsp;y los medios&nbsp;del “enemigo”&nbsp;son hoy en día&nbsp;extremadamente complejos.&nbsp;Y mantengo&nbsp;esta idea&nbsp;a la vez que&nbsp;pienso, como ya nos&nbsp;decía&nbsp;Diógenes Laercio,&nbsp;que&nbsp;la virtud está en las acciones y no en las muchas palabras,&nbsp;ni en los estudios.</p>

<p>No tengo claro si&nbsp;soy optimista&nbsp;respecto al resultado cuando,&nbsp;después de&nbsp;analizar detenidamente la realidad,&nbsp;nostoque pasar a la acción.&nbsp;Tampoco quiero decir que ese “enemigo”&nbsp;al que me refería&nbsp;sea&nbsp;un grupo concreto de conspiradores que manipulan la realidad, las finanzas y las redes sociales.&nbsp;Sería&nbsp;un pensamiento&nbsp;simplista&nbsp;e impropio de un análisis serio. Una de las fortalezas del&nbsp;tecnocapitalismo&nbsp;es que no necesita nadie al frente.&nbsp;Sí necesita&nbsp;que lo&nbsp;dopen cuando sus dogmas económicos flaquean, algo que ocurre constantemente,&nbsp;pero su eficacia consiste en que una vez&nbsp;dopado&nbsp;marcha&nbsp;solo.</p>

<p>El&nbsp;filósofo&nbsp;underground&nbsp;Juan Ignacio Delgado nos&nbsp;da una pista&nbsp;de lo que nos está sucediendo&nbsp;cuando&nbsp;afirma&nbsp;que&nbsp;se nos está&nbsp;hackeando&nbsp;el deseo, la mirada&nbsp;y&nbsp;la opinión. Nuestra atención está distorsionada, secuestrada, esclavizada&nbsp;y, por tanto, convertida&nbsp;en una mercancía.</p>

<p>Voy&nbsp;a partir de esa hipótesis que, por cierto, tampoco es nueva. Ya en 1967, por&nbsp;citar&nbsp;un ejemplo,&nbsp;el situacionista y teórico político Guy&nbsp;Debord&nbsp;publicó&nbsp;La sociedad del&nbsp;espectáculo&nbsp;donde mantenía una cuestión muy similar.</p>

<p>Nos decía&nbsp;Debord&nbsp;que la auténtica vida social ha sido reemplazada por la representación&nbsp;donde se produce una inversión de la vida:&nbsp;las personas viven&nbsp;alejadas de su propia vida, alienadas, más como espectadoras que como participantes de un mundo completamente mercantilizado.Donde del&nbsp;ser,&nbsp;hemos&nbsp;pasado al&nbsp;tener&nbsp;y del&nbsp;tener&nbsp;al&nbsp;aparentar. Ojo,&nbsp;esto&nbsp;en los años sesenta del siglo pasado&nbsp;cuando&nbsp;las redes sociales ni se intuían.</p>

<p>En&nbsp;un&nbsp;contexto&nbsp;como éste&nbsp;el sindicalismo de clase, en cuanto a su&nbsp;observación&nbsp;de la realidad,&nbsp;está en estado de&nbsp;shock. En la Transición, aparte de las inercias&nbsp;propias de la&nbsp;historia, sí&nbsp;supo leer muy bien el momento histórico. Para otros, cuestión que no comparto, en ese momento se inició precisamente la decadencia de los sindicatos de clase mayoritarios,&nbsp;claudicando frente al sistema con los Pactos de la Moncloa de manera similar a lo que ocurrió&nbsp;en&nbsp;Francia tras el mayo del 68&nbsp;con los Acuerdos de&nbsp;Grenelle. Es decir,&nbsp;el eterno y aburrido&nbsp;debate de la izquierda: puristas frente a pragmáticos.</p>

<p>En definitiva,&nbsp;lo que se pactó fue entrar en el sistema para intentar modificarlo desde dentro&nbsp;-no podemos olvidarque, por ejemplo,&nbsp;todavía&nbsp;los Estatutos&nbsp;confederales&nbsp;de Comisiones Obreras&nbsp;mantienen como principio rector la supresión de la&nbsp;sociedad capitalista y la construcción de una sociedad socialista democrática- o en su defecto ser útiles como motor de&nbsp;cambio&nbsp;que&nbsp;equilibre&nbsp;las desigualdades sociales. Quizá el problema es que una vez dentro o no se supo bien cómo actuar o se subestimó el poder del sistema para rodearte, manipularte y socavar tus principios hasta convertirte en lo que él quiere que te conviertas.</p>

<p>Pero ahora estamos en 2025 y necesitamos pensar diferente&nbsp;para intentar responder a nuestra pregunta&nbsp;y, para ello, me voy a servir&nbsp;de algunos planteamientos&nbsp;del joven filósofo italiano Diego&nbsp;Fusaro&nbsp;en el desarrollo de&nbsp;miargumentación.</p>

<p>En el&nbsp;tecnocapitalismo&nbsp;hoy las masas son manipuladas para crear un consenso pasivo.&nbsp;Gane quien gane las elecciones siempre triunfa lo mismo.&nbsp;El sistema nos permite hacer lo que queramos&nbsp;(entre comillas)&nbsp;con la única restricción de lo económico y la premisa del crecimiento ilimitado.&nbsp;Incluso nos permite pensar contra el poder siempre que&nbsp;este&nbsp;pensamiento&nbsp;se integre en el sistema de producción.&nbsp;</p>

<p>Y ¿qué consigue? (voy matizando mi hipótesis con&nbsp;el añadido&nbsp;de que la izquierda no se atreve a llamar a las cosas por su nombre).&nbsp;Pues consigue,&nbsp;sobre todo&nbsp;con las herramientas&nbsp;tecnológicas&nbsp;puestas a su servicio,&nbsp;personas sin identidad,&nbsp;flexibles,&nbsp;sin conciencia,&nbsp;desarraigadas,precarizadas,&nbsp;consumistas, medicadas, aturdidas&nbsp;eindividualistas&nbsp;que son incapaces de comprender la explotación que sufren. El&nbsp;homo&nbsp;inestabilis,&nbsp;una muchedumbre de seres iguales,&nbsp;intercambiables,&nbsp;que&nbsp;solopiensan en disfrutar,&nbsp;indiferentes&nbsp;al vecino,&nbsp;al otro,&nbsp;sin identidad ni tradiciones,&nbsp;sin fuerza crítica ni espesor cultural y,&nbsp;por encima de ellos,&nbsp;casi imperceptible,&nbsp;un poder laxo,&nbsp;permisivo que los mantiene en un estado infantilizado ofreciéndoles&nbsp;diversión y&nbsp;aliviándoles&nbsp;del esfuerzo de pensar.</p>

<p>No hace falta ser muy inteligente para aventurar hacia dónde camina la sociedad sin el sindicalismo de clase. De&nbsp;hecho&nbsp;ya comenzamos a ver las primeras piedras de ese camino.&nbsp;</p>

<p>Decía anteriormente que no era muy&nbsp;optimista&nbsp;pero por eso mismo he escrito este artículo, con la idea de que ese&nbsp;homo&nbsp;inestabilis&nbsp;despierte de ese lugar hipnotizado donde se encuentra y&nbsp;construya el sindicalismo de clase que necesitamos&nbsp;utilizando como palanca de cambio la idea deGoethe&nbsp;de que&nbsp;“nadie es más esclavo que el que se cree libre sin serlo”.&nbsp;Por cierto, las citas, las referencias académicas&nbsp;utilizadas&nbsp;no son un intento de epatar o de adornar el&nbsp;texto con referencias intelectualistas para quedar bien&nbsp;sino una&nbsp;parte&nbsp;del argumento,&nbsp;una&nbsp;parteimportante de la tesis: sin cultura no podemos conformar nuestra identidad y sin identidad&nbsp;perdemos nuestros asideros con la realidad para convertirnos en marionetas.</p>
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  <title><![CDATA[Una ficción que contraponer al relato emocional de la derecha]]></title>
      <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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  <pubDate>Fri, 17 May 2024 12:44:53 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Rodríguez Villegas]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[ Cuando despertó el tecnocapitalismo de la vigilancia ya no estaba allí. Un estado de desconcierto y agitación vino a sumarse al sudor glacial que le recorría el cuerpo y le producía un profundo malestar. Intentó tranquilizarse buscando en su...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuando despertó el tecnocapitalismo de la vigilancia ya no estaba allí. Un estado de desconcierto y agitación vino a sumarse al sudor glacial que le recorría el cuerpo y le producía un profundo malestar. Intentó tranquilizarse buscando en su teléfono móvil alguna explicación a lo que había ocurrido pero no fue capaz de encontrar el dispositivo ¿Dónde estaría? Angustiado salió a la calle pero en la ciudad todo parecía normal: gente paseando, tomando café, algún claxon lejano y pequeñas tertulias improvisadas en las esquinas. Normalidad.</p>

<p>Para aclarar sus ideas fue a sentarse a un banco algo retirado del camino principal en un parque cercano. Sin darse cuenta volvió a realizar el movimiento instintivo de meter su mano en el bolsillo de la chaqueta en busca del teléfono móvil pero éste seguía sin estar allí. Sin embargo, palpó con estupefacción lo que parecía ser un libro. Lo sacó del bolsillo y aunque pudo comprobar que sus páginas estaban escritas no aparecía por ningún lado el autor o el título. Todavía con el temor en el cuerpo miró a izquierda y derecha después de preguntarse si estaría soñando.</p>

<p>Entre ignorar la extrañeza de lo que estaba pasando o adentrarse en muy bien no sabía qué optó, sobre todo por curiosidad, por asomarse a esa ventana de realidad que se había presentado.</p>

<p><em>Lo que viene a continuación es una transcripción no literal de los párrafos iniciales de ese libro entremezclada con algún suceso posterior de cierta relevancia.</em></p>

<p>“[…] Si quieres comprender lo que está pasando, si te estás haciendo preguntas sobre hacia dónde se encamina la sociedad, tú mismo, qué nos depara el futuro, qué es lo importante en la vida, qué valores y principios nos deben dirigir individual y colectivamente; no te queda otra opción que hacer lo de siempre, es decir, indagar, buscar, cribar y darte tiempo para reflexionar sobre la información (datos y hechos) que manejas. A pesar de tener más información que nunca y precisamente por eso, te va resultar una tarea ardua, inevitablemente, tendrás que acudir al mundo de las ideas, al pensamiento racional, al <em>logos</em>. Pero, y esa es la diferencia con otros tiempos, no descartes el poder del relato, el <em>mythos, </em>incluso como forma de conocimiento, como forma de búsqueda de la verdad o como forma de manipulación de ésta.</p>

<p>Desde la tesis de Yuval Harari que nos propone que el <em>homo sapiens</em> se convirtió en la especie dominante gracias a las ficciones que se inventó&nbsp; fueron compartidas y aceptadas por todos a Javier Gomá que nos señala que la filosofía es una rama, un género de la literatura y no de la ciencia; todo nos indica que, el cénit de las ficciones ha sido alcanzado con internet y las redes sociales y en un bucle colosal de fin de fiesta motivado por ese exceso de relatos, la confusión, el caos, el desconcierto se ha instalado en el imaginario colectivo. Ya no sabemos distinguir.</p>

<p>No te va a ser fácil. Quizá te sirvan un par de ideas. La primera es que no debes perder de vista que la Verdad a menudo es verificable, es decir, que además de ser difícilmente localizable también muta, se cambia de acera o esconde bajo un vestido de certezas una mentira. La segunda, que con frecuencia el relato está escrito, diseñado, dirigido por una minoría que siempre coincide con quienes tienen el poder.</p>

<p>Te toca a ti decidir, primero, si lo que está ocurriendo es un proceso más de los diferentes devenires de la humanidad o no y, segundo, si entre la razón y la ficción existe alternativa. Si decides que el pensamiento racional a veces no es la mejor herramienta para analizar lo que sucede la lectura de la “teoría de la sospecha” de Paul Ricoeur te puede ayudar a contextualizar esta afirmación.&nbsp; Por otro lado, si rechazas la importancia del <em>mythos</em> para fijar conceptos en la sociedad, para orientar bien o mal el camino a seguir, habrás optado por la opción complicada, incluso moralmente.</p>

<p>Por cierto, tampoco olvides que como todos estás destinado a la muerte. Por ello deberías empezar a hacerte menos preguntas abstractas, no hacer tuyos conceptos, ideas que no siendo tuyas otros te hacen creer que lo son y buscar más respuestas concretas, más propias que te hagan más llevadera la existencia alejándote de los supuestos grandes temas que, ya te digo, son los más irrelevantes […]”.</p>

<p>En ese preciso instante de la lectura sonó una voz metálica procedente de algún altavoz que sus ojos no pudieron localizar que dijo: “Señor Gómez, Su turno. Puerta 6”. Y efectivamente había una puerta allí mismo. La abrió y encontró una pequeña habitación, con una gran pantalla anclada a la pared, una mesa con una copa de vino y una silla orientada hacia la pantalla.</p>

<p>No voy a contarles lo que vio en esa pantalla porque los sueños como los deseos al contarlos o se distorsionan o no se cumplen (sí, esto es un poco de superstición. Permítase ser un poco irracional, no es malo). Pero eso sí, en la biografía que el nieto del Sr. Gómez escribió diez años después de su muerte se recogen unas palabras escritas por él apenas un par de años después de que se despertara y el tecnocapitalismo de la vigilancia no estuviera allí. Decían así:</p>

<p>Todas las formas de organización humana ideadas para mejorar u orientar a la sociedad son a la vez necesarias y traicioneras. Desconfía de quienes dan las instrucciones y de quienes dictan las reglas sobre cómo actuar, sobre todo si eres tú mismo. Permanece temporalmente en ellas y dedica tu mejor energía a la construcción de fines colectivos que tú creas que pueden mejorar la vida de la gente, también la tuya. Y luego huye también de ellas (aunque luego vuelvas a esa u otras. No es necesario volver) para concederte el disfrute, la alegría y la belleza de tu individualidad, de tus propios deseos. Haz ambas cosas con ganas, incluso con ilusión pero como si no te fuera nada en ello. Nunca como un militante, un fiel seguidor o un afiliado fervoroso, sino como un advenedizo voluntarioso, un diletante abnegado, un tipo normal que pasaba por allí.</p>
Cuentan los científicos que los dinosaurios se extinguieron hace 66 millones de años. El mundo mutó pero se originó un nuevo ecosistema que, entre otras cosas, nos trajo al <em>homo sapiens.</em> En tu novela el capitalismo desapareció de la faz de la tierra y después de algunas turbulencias no excesivamente dramáticas o sí, la vida siguió más o menos como siempre.]]></content:encoded>
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