domingo 25/10/20

La sombra del Algarrobico es alargada

Moisés S. Palmero Aranda
Moisés S. Palmero Aranda

El hotel de Genoveses me ha recordado a Miguel Delibes padre, por eso el titulo de esta opinión, que viene a parafrasear su primera novela, Premio Nadal de 1947, La sombra del ciprés es alargada. Aunque en realidad su recuerdo venía por el discurso El mundo en la agonía que presentó durante el acto de ingreso en la Real Academia Española en 1975. Un ensayo sobre la relación entre el progreso, la economía y la Naturaleza, en mayúsculas, por eso la necesidad de releerlo en estos días, con el 5G sobre la mesa, con la “revolución verde” puesta en marcha y las expectativas en la “nueva realidad” pisoteadas.

A Delibes, de forma general, se le cataloga como pesimista, pero como buen conservacionista, naturalista y me atrevería a decir que ecologista, a pesar de ser un gran amante de la caza, siempre deja un rayo a la esperanza, a que la juventud aprenda de los errores de sus antecesores, a la aparición de ese nuevo ser humano “que racionalice la utilización de la técnica, facilite el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalice los valores humanos y establezca las relaciones hombre-naturaleza en un plano de concordia”

Mi lucha entre esperanza y pesimismo es la misma. Las 90.000 firmas recogidas hasta el momento, quiero pensar son el resultado de la experiencia del COVID, ese renacer de la conciencia ambiental en la sociedad civil dispuesta a pelear por ese nuevo camino que se nos ha presentado como real, palpable y a nuestro alcance. Sin embargo, las declaraciones, explicaciones, argumentaciones, justificaciones, o como se quieran llamar, de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento de Nijar, sobre la importancia de cumplir la ley, me generan muchas dudas. Ellos no están para valorar emociones, ni sentimientos de identidad, ni escuchar al pueblo. Creo que hay proyectos, que por muy legales que sean, no son éticos. Y este es uno de ellos.

Me generan dudas porque todos sabemos, y ahí le doy la razón a la alcaldesa de Nijar, que las leyes son interesadas, ambiguas y demasiado abiertas, lo que ha permitido que la afirmación “hecha la ley, hecha la trampa” forme parte de nuestra idiosincrasia.

Además las leyes se cambian, se modifican para salvaguardar intereses de partido, personales, o de amigotes. El ejemplo lo tenemos en el Decreto-ley de Mejora y Simplificación de la Regulación para el Fomento de la Actividad Productiva de Andalucía, que viene con el lacito de que agilizará los transmites burocráticos, pero que nos creará graves problemas de desmanes urbanísticos y alteraciones ambientales, que tendrán que dirimirse, una vez empezada la obra y hecho el daño, en los tribunales. Con el tiempo estoy seguro que lo veremos.

Y sobre todo, me generan dudas, porque esas leyes, nuestra justicia, es lenta y ,en estos casos, inoperante. El Algarrobico nos lo recordará una y otra vez mientras siga en pie. Los cambios de uso del suelo para su construcción, las amenazas a los que pedían su paralización, la ocultación de pruebas, de errores, los pactos y negociaciones con los promotores, y el largo, intrincado y vergonzante proceso judicial, proyecta una larga sombra sobre aquellos que nos quieren hacer comprender que la ley está para cumplirse.

Porque he perdido la fe en nuestros dirigentes, porque desconfío en que sus decisiones estén basadas en el bien común, porque creo que la justicia no es igual para todos, porque la experiencia me ha enseñado que el papel lo aguanta todo, que una cosa es lo que se escribe y otra la que se hace, porque prefiero prevenir antes que curar, firmé la petición de paralización del proyecto. Lo hice sabiendo que aún no era una aprobación definitiva, sin pararme a pensar en si las palabras remodelación, ecohotel o turismo sostenible eran adecuadas o no. Lo hice porque creo firmemente en los Espacios Protegidos, en la necesidad de conservar el medio ambiente, en la seguridad de que el equilibrio entre economía y Naturaleza no pasa por repetir modelos arcaicos y fracasados, y que el Cabo de Gata, la joya de nuestra corona, está a punto de morir de éxito.

Reflexiona Delibes, que al hombre no solo se le arrebata la pureza del aire y del agua, sino también se le amputa el lenguaje y el paisaje en que transcurre su vida. Me ha parecido gracioso, una metáfora del destino para explicar lo que está pasando, que el Cortijo a “rehabilitar” se llame de las Chiqueras. Quizás debería haberme acordado de Shakespeare y titular Algo huele a podrido en el Cabo de Gata.

Moisés S. Palmero Aranda. Educador ambiental y escritor

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