martes 1/12/20

Compromiso en blanco

La Campaña “Compromiso Blanco” de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y ¿Desarrollo Sostenible? ha propiciado una variada retahíla de comentarios: ridícula, vergonzosa, de cortina de humo, poco ambiciosa, de muchas palabras vacías y pocas acciones efectivas. No puedo nada más que estar de acuerdo con la mayoría, y eso me ha llevado a pensar en el porqué de tanta parafernalia para decir lo mismo que se lleva diciendo décadas desde los grupos conservacionistas, naturalistas y ecologistas: hacer cumplir las leyes, trabajar conjuntamente entre administraciones, empresas y sociedad civil para optimizar recursos y esfuerzos, invertir en ciencia y sobre todo apostar por la educación ambiental para garantizar la conservación de la naturaleza que nos alimenta. Si Carmen Crespo la hubiese presentado con una camiseta de “No hay planeta B”  no hubiese desentonado mucho.

La única explicación que encuentro es la falta de valentía para llamar a las cosas por su nombre. Entiendo que no debe ser fácil gestionar, porque los problemas no tienen una única solución y son muchos los factores que hay que valorar para atajar un problema sin crear otro, pero si a esas dificultades le sumamos el miedo a no herir sensibilidades entre los que te garantizan el voto, o de no hacer nada que le dé la razón a los del bando contrario, o de que no te acusen de incapacidad o de escurrir el bulto, la cosa se complica mucho. Quizás por eso nunca ha habido un verdadero interés político en solucionar el tema de la gestión de los residuos de nuestra agricultura, porque habría que señalar a los verdaderos culpables y la falta de valentía, capacidad o actitud, de nuestros dirigentes.

La campaña en sí no aporta nada nuevo pero hay que reconocer que tiene su punto de autocritica y de atrevimiento. El problema es que como no terminan de creerse lo que dicen, y adornan tanto su mensaje para que nadie se sienta ofendido, para que parezca algo novedoso, para utilizar los conceptos de economía circular y sostenibilidad que exige Europa para que lleguen ayudas al sector, lo importante se pierde entre los titulares y todo parece un esperpento.

La autocritica es evidente porque reconoce que hasta ahora no se han hecho cumplir las leyes existentes. Lo que es de traca, es que los ayuntamientos tengan que firmar un compromiso voluntario para garantizar que harán su trabajo y no mirarán para otro lado ante las irregularidades que se cometan en su municipio

El atrevimiento está en señalar al agricultor incívico como el punto de partida donde se originan los vertederos ilegales y los focos de basura. Es una realidad, se ofenda quien se ofenda. Cada uno de nosotros tenemos la obligación de llevar a gestionar nuestros residuos y no buscar excusas económicas, sociales o de falta de infraestructuras para no hacerlo. Aunque la formación, lástima que no hayan utilizado el termino Educación Ambiental, irá a todo el sector porque el agricultor tiene que cumplir con la ley, pero las administraciones tienen garantizar que puedan hacerlo, exigiendo a todos los agentes implicados en el problema su participación y su responsabilidad en la aplicación de las medidas correctoras. Una solución conjunta a un problema que es de todos, pero poniendo sobre la mesa las verdades del barquero.

Habrá que leer detenidamente las medidas de este “Compromiso blanco”, porque no me quedó claro si cuando se habla de reciclar el 100% de plásticos se refiere solo a los de cubierta o a todos los demás que se generan en todo el proceso como los ganchos de las plantas, la rafia, el de desinfección del suelo, las botellas de fitosanitarios o los envases de comercialización entre muchos ejemplos. Reciclar el plástico de cubierta es lo sencillo porque es lo que permite recuperar algo de dinero, pero reciclar todo lo demás es lo complejo y a lo que deberían comprometerse. 

Tampoco me quedó claro si ese porcentaje solo contempla los que se lleven a los puntos de recogida o también está teniendo en cuenta todas las toneladas de plástico que hay tirados por los descampados o en la arena de nuestras playas y que lastran al sector.

Y lo más peliagudo de todo, si habrá recursos económicos para todas esas ambiguas medidas presentadas, o también quedará en la voluntariedad y el compromiso de los ayuntamientos. Porque si no hay partidas especificas este Compromiso Blanco, se terminará conociendo como el Compromiso en blanco.

Moisés S. Palmero Aranda. Educador ambiental y escritor

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