miércoles 25/11/20

La importancia de educar en valores

En los últimos meses, nos han sobrevenido abruptamente circunstancias excepcionales. Cuando comenzó la pandemia del Covid-19, vimos cómo la sociedad en su conjunto reaccionaba de una manera ejemplar, cumpliendo estrictamente con las normas del confinamiento y dando muestras de solidaridad y de implicación con los sectores más afectados, como los fallecidos y sus familiares, los enfermos o los profesionales sanitarios. 

En ese periodo, la percepción social que la mayoría de nosotros teníamos del colectivo de personas jóvenes era muy positiva. De hecho, tanto los más pequeños como adolescentes demostraban un alto grado de comprensión con respecto a las responsabilidades que teníamos para frenar la propagación del virus. Además, su comportamiento era irreprochable, aun cuando, desde un principio, se supo que no formaban parte de los grupos que tenían mayor riesgo de sufrir complicaciones de salud. 

Es justo reconocer los esfuerzos que han tenido que hacer durante todo este tiempo. De la noche a la mañana, han debido adaptarse a un estilo de vida que va en contra de la propia naturaleza de las primeras etapas de la vida. Se han visto recluidos, privados de libertad de movimiento y de relaciones interpersonales con sus amistades. 

Durante el estado de alarma, al cerrar las puertas los centros educativos perdieron diariamente la posibilidad de acudir a su espacio de crecimiento personal y principal lugar de encuentro y socialización: las aulas. Las interacciones personales cara a cara prácticamente desaparecieron o se redujeron al mínimo y, en cuestión de días, tuvieron que cambiar de hábitos, algo que ha creado incertidumbre y ha afectado a la salud física y mental de muchos y muchas jóvenes.

La generación más preparada de nuestra historia. 

Dicen los representantes públicos que tenemos la generación de jóvenes más preparada de la historia. No lo voy a cuestionar yo; efectivamente creo que nuestros jóvenes tienen un nivel cultural alto, pero como han vivido la mayor parte de su vida en lo que hace unos años se denominó el Estado del Bienestar, hemos olvidado enseñarles valores. 

Les hemos dado en la niñez, infancia, adolescencia y juventud más de lo que aspiraban a tener, sin transmitirles que todo eso no caía del cielo, sino que costaban esfuerzo y sacrificio conseguirlo. Si nos preguntamos si hemos inculcado valores como esfuerzo, trabajo, honradez, austeridad, previsión, generosidad y respeto, quizás podamos encontrar la respuesta, comparando a las generaciones de hoy con las de nuestros padres, que estarán entre los 70 y 80 años. Son personas que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que le abría a un futuro mejor y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles. Son una generación que compraba las cosas cuando podía y del nivel que se podía permitir, que no pedía prestado más que por estricta necesidad, que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba algo”, que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba y, cuando iban a la playa disfrutaban de tortillas de patatas y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos. 

Tenían en el respeto su mejor bandera; no solo respetaban a las personas mayores, sino que eran capaces de sacrificar su bienestar para atenderlas y darles la mayor dignidad posible. Las personas jóvenes que vemos en los medios de comunicación con actitudes irresponsables, organizando botellones y fiestas, antes de la pandemia mostraban una imagen comprometida, ecologista y presumían de sensibilidad social. Sin embargo, ahora parecen haber perdido la capacidad de aplicar en la práctica de su vida cotidiana algunos valores, como el respeto por las personas de edad avanzada o por las personas enfermas. El comportamiento de algunas personas jóvenes, en las últimas semanas, ha hecho que sean percibidas de forma muy negativa por el resto de la sociedad. ¿Están realmente preparadas para afrontar los problemas de la vida adulta e independiente? ¿Son personas maduras o son consentidas y egocéntricas que creen tener derecho a todo sin ninguna obligación?

En esta segunda ola de la pandemia, estamos conociendo un sinfín de noticias sobre grupos de jóvenes que proyectan la peor de las imágenes posibles. En ciudades como Salamanca o Granada se han producido rebrotes debido a comportamientos temerarios y despreocupados, que no solo contribuyen a aumentar los riesgos para ellos mismos, sino que tienen implicaciones muy graves en la salud del resto de personas, en el sistema sanitario y en la propia economía. Parecen haber perdido la perspectiva de lo que está bien y lo que está mal. 

Se han olvidado de los valores que estaban tan presentes en generaciones anteriores, como el civismo y respeto a las personas mayores y a los más vulnerables. Por eso, es importante que en un entorno como el actual, determinado por la globalización económica y cultural y la complejidad social a la que estamos asistiendo, educar en valores es una cuestión básica e imprescindible para formar a personas que sean capaces de afrontar los nuevos retos que nos esperan y plenamente conscientes de tener un papel activo en la construcción de un mundo mucho más justo, inclusivo e igualitario.

Matías García Fernández, Presidente de la Asociación de Personas con Discapacidad El Saliente

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