miércoles. 07.12.2022

Dumping fiscal

La polémica medida sobre la eliminación del Impuesto de Patrimonio en la comunidad andaluza propagada a bombo y platillo por su presidente Juanma Moreno, es un hecho más que indica el caos fiscal existente en España y la apuesta de ciertos políticos por un nacionalismo autonómico, que además de ser desleal con sus vecinos, es una bomba en la línea de flotación para la convergencia económica y social de todas las regiones españolas. Y es que esta desarmonización de los impuestos a nivel nacional que promueven estas medidas cortoplacistas va mucho más allá de la maniqueísta postura de más o menos impuestos. Los impuestos son un gravamen al dinero de los ciudadanos que a todos nos disgusta, pero son una condición sine que non para garantizar la estructura estatal que da viabilidad al curso de cualquier nación que pretenda serlo. De aquí la seriedad del asunto. Subir o bajar impuestos es una cuestión técnica y coyuntural que, evidentemente, se debe de hacer de forma racional y progresiva, sin caer en fiscalidades abusivas ni caer en la trampa de la fiscalidad mínima, pues está demostrado empíricamente que a quién más beneficia es a las grandes fortunas en detrimento de los segmentos sociales más pauperizados, ya que los servicios públicos se ven mermados y con menos capacidad para proyectar una igualdad de oportunidades a las clases más menesterosas. El sistema impositivo está, entre otras cosas, para impedir que un país vire sus destinos hacia una república bananera de pocos ricos y muchos pobres (plutocracia rentista)

Por esto es difícil entender la competencia fiscal entre comunidades, porque a largo término es un daño irreparable al conjunto de España, porque una España divida internamente entre comunidades diferenciadas por un sistema impositivo más o menos gravoso, es de facto, generar paraísos fiscales a nivel intra-nación. Esta práctica fiscal va a generar resentimientos entre comunidades, daña a las empresas instaladas en comunidades con mayor fiscalidad haciéndolas no competitivas, genera monopolios, desalienta la inversión productiva y alienta la inversión rentista, puede afectar profundamente a la distribución de la riqueza y generar una espiral negativa de bajada de impuestos que haga inviable la estructura estatal que sostiene la nación. En definitiva, es debilitar económica y socialmente al país en los años venideros. Esta incoherencia de la política pone los pelos de punta, pues todos se desgañitan hipócritamente con los mantras de la igualdad de oportunidades, la creación de riqueza, mejora de los servicios públicos, etc, cuando lo único que hacen es blindar sus privilegios. Los del lado conservador tienen fijación oligofrénica por beneficiar a los grandes patrimonios y rentistas para concentrar la riqueza; y los del lado progresista tienen un afán recaudatorio, igualmente oligofrénico, que solo sirve, por ineficiente, para dispensar la cebada oficial que retiene los votos y lubrica los sillones burocráticos.  Como vemos, ambas opciones son igual de mortíferas para la nación.

Un sistema tributario tiene que ser justo y ejemplar, que trate a sus tributarios de forma honesta y aplique sus exacciones en función de las rentas y las coyunturas económicas de igual modo en todos los territorios del país. Sin embargo, nuestro sistema tributario autonómico es de todo menos ejemplar e igualitario. Lo que está pasando en Madrid, ahora Andalucía y lo que venga, evidencia la no garantía de un sistema tributario justo, igualitario y solidario en todo el territorio nacional, porque una cosa es bajar impuestos, que es legítimo y satisfactorio en determinados momentos, y otra es rozar la línea del dumping fiscal predatorio, que es lo que se está operando en estas comunidades, es decir, bajadas de los impuestos de forma desmedida, llegando a límites demasiado bajos en relación a la media del país. 

Esta supuesta bicoca de que cada Comunidad Autónoma en España tenga el 100% de la potestad para determinar sus impuestos autonómicos, ofertando condiciones fiscales que pueden variar considerablemente dependiendo de cada región, es un craso error en detrimento de la unidad y el futuro del país. Esto es muy parecido a lo que nos están haciendo Holanda, Bélgica y otros países del norte de Europa desde hace mucho tiempo a los países de sur (PIGS). El dumping fiscal entre los países de la Unión Europea pone a España y otros países en una situación muy crítica y de desamparo. Nosotros nos empobrecemos y ellos se enriquecen.

La fiscalidad es un asunto tan primordial y sensible que dejarlo en manos de 17 comunidades es como pegarse un tiro en el pie. Diferencias tributarias tan dispares solo acarrean disparidades económicas y sociales que minan la confianza interna entre ciudadanos y debilitan la seguridad nacional a largo plazo. Miren Estados Unidos, al borde de una guerra civil según atisban muchos autores. Entre sus causas, un sistema de tributos que no funciona para distribuir la riqueza. Hallar una armonización fiscal donde exista un promedio de gravamen fiscal equivalente en todo el territorio nacional es una causa justa y un bien nacional. Es imperativo, pues, corregir el tiro.

Luis Fernando Lopez Silva. Máster en Periodismo

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