miércoles 20/1/21

Una explosión de necesidades

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Si miramos al fondo de cada uno de nosotros, nos daremos cuenta quienes somos, más que si nos quedamos en la apariencia de lo externo., quedará de manifiesto encima de la mesa lo que nos apasiona y aquello que nos deja fríos, lo que nos arrebata el entusiasmo o lo que nos deja pasivos y a verlas venir.

Nuestro orgullo puede ser una simple autoestima, una  satisfacción personal que se experimenta por algo propio o instalarnos en una arrogancia insufrible e inaguantable en la que no nos soportamos ni nosotros mismos.

Vivimos en una sociedad dominada por intereses y ambiciones, por esa tristeza o disgusto por el bien ajeno o por el cariño o estimación que otros disfrutan .Hay quienes en su buenísimo hablan de envidia sana, permítanme la desconfianza, ya que con frecuencia confundimos en muchas ocasiones, eso que llamamos envidia  con un sentimiento de admiración, porque si no estamos hablando de sufrimiento y eso es envidia  más mala que un virus mortal.

En ese bosque de emociones, pasiones y necesidades, nos encontramos con los que son incapaces de levantar la cabeza y dejar de mirarse el ombligo, de no ser capaces de salir de la prisión del YO, quedando atrapados en un egoísmo nocivo que les impide ser felices.

Y pasaremos cerca de aquellos y no nos verán, porque no nos miran, no nos escucharan, porque no nos oyen, no se enterarán de nada de lo que le digamos porque son unos intolerantes, incapaces de admitir que los demás piensan, tienen su criterio y su propia personalidad.

Todo este espectáculo de nuestra condición humana y más, forma parte de nuestras vidas individuales  y colectivas, pero tal vez, lo más llamativo de la actualidad globalizada es ver como el imperio de los mercados juega con nuestras necesidades e incluso hay ocasiones que si no las tenemos nos la fabrican a nuestra medida.

El carrusel de nuestras relaciones se suele guiar por el dominio y subordinación, entre unos y otros. Y en esa comunicación e influencia, la inteligencia  y la fuerza moral serán una constante , que evidenciarán el poder de unos sobre otros , la fortuna que las circunstancias nos deparan , las responsabilidades que nos corresponden ejercer o la fama que se convertirá en un premio o un castigo según el afecto o el rechazo que inspiremos entro los demás.

Hay  juegos que  requieren un cierto talento, si queremos ganar las partidas que se nos plantean o una suerte probabilística que encerramos en el azar .Por eso tal vez nos preguntemos en muchas ocasiones, porque ganamos o perdemos.

Es posible que sea porque tenemos las cualidades necesarias para influir y actuar sobre la sociedad y los otros, o porque nos ayudan las circunstancias. Ya que en caso contrario, da toda la impresión que tenemos todas las papeletas para perder.

Para cubrir o apaciguar la explosión de nuestras necesidades, las oportunidades que se nos presentan suelen ser diversas e infinitas, unas operan en nosotros con lentitud y sucesivamente, sin embargo otras nos sorprenden porque lo hacen inesperada y repentinamente.

De todas formas por muy rigurosos y coherentes que seamos, no hay nadie capaz de asegurarnos que es lo que pensaremos  dentro de unos minutos,  y con bastante frecuencia el desenlace de las situaciones no suelen producirse por ninguno de los medios previstos entre afortunados y desafortunados.

                 

Una explosión de necesidades
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