viernes 17/9/21

Sin trampa ni cartón

Recordamos con plenitud los buenos momentos gratificantes y felices. Aquellos que somos personas implicadas y vamos a la búsqueda de soluciones, frente a aquellos otros que marcamos distancia, sin pringarnos o mirando para otro lado.

Hemos de resistir desde la nobleza, sin exhibir debilidades con los adversarios ni fortalezas con los nuestros, teniendo claro que estamos permanentemente en una carrera, aunque no veamos a los corredores, que la pluralidad es deseable y necesaria, y que no es el “esto es lo que hay” o “el pienso como yo o me voy”

No podemos dejar que los demás nos distraigan excesivamente para salirse con la suya, y manejarnos en el camino que a ellos les interesa. Tenemos que fomentar la concordia y la confianza para afrontar nuevas situaciones con una actitud muy retadora y positiva.

Nuestra forma de planificar estaba en todo su esplendor, aunque a veces nuestra impaciencia nos hiciera ser atrevidos, pero nuestra intuición nos avisaba todo aquello que debía evitar y todo lo que conviene cambiar porque son deseables e inevitables.

Cuando nuestros consejos son solicitados y apreciados, experimentamos una grata sensación de bienestar. Nuestro potencial es enorme y debemos estar dispuestos a aprovecharlo. Siempre habrá  algunos envidiosos que con todo tipo de trampas y falsedades impiden que mostremos nuestro verdadero rostro y demos la mejor versión de nosotros mismos.

  Resulta tragicómico seguir los pasos de los demás, en lugar de emprender nuestro propio camino y no sentirse agobiado y superado por los propios acontecimientos. A veces nuestra fuerza y vitalidad nos permite embarcarnos en muchas cosas.

La imaginación y la creatividad son dos poderosas armas que nos sacan de muchos apuros en los peores momentos, si la hacemos acompañar de unas gotas de habilidad para comunicar y encandilar al público. Entre atajos y senderos, hay quienes, en lugar de caminar de frente, sin trampa ni cartón, utilizan la ley del embudo, lo ancho para ellos y lo estrecho para los demás.

En el manejo de las palabras y los números, encontramos hipótesis absurdas, huellas imborrables y recuerdos innombrables, realidades creíbles y universos inalcanzables, nuevos comienzos y finales previsibles, y lo que debe ser un motivo de reflexión individual y colectiva, se convierte en una proclama más propias de un mitin que de un ejercicio intelectual de ponernos en cuestión frente a nosotros y los demás.

A veces la supervivencia nos empuja a hacer cosas que no nos gustaría. Si muere lo humano dejamos sola a la fiera que llevamos dentro y el resultado puede ser catastrófico, entre los demonios, la melancolía, la desesperación, la violencia, el radicalismo o el populismo frente a la cultura de la democracia, que es la razón y la libertad.

Si no convertimos en legalidad el sistema de valores, transformaremos en locura la cordura, y en demagogia la democracia. Aunque avancemos al ritmo adecuado hacia nuestras metas. nos sentiremos desmotivados por verlas demasiado lejos. Si enfocamos en disfrutar el presente, alcanzaremos más rápidos nuestros objetivos.

Necesitamos un cierto grado de invisibilidad para superar cualquier crisis de ansiedad. En ese anonimato de la masa, nos podemos sentir perdidos pero cómodos. Debemos mirar hacia adelante, sin fantasmas ni ataduras y todo podrá cambiar en un instante como si fuera magia.

Sin trampa ni cartón
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