La tarea de sobrevivir tiene mucho que ver con la capacidad de resolver problemas, tomar decisiones , afrontar obstáculos y aprender de los errores. Nuestra capacidad de observación y análisis , combinada con las facultades de la inteligencia , la memoria , la imaginación y la creatividad vamos haciendo frente con eficiencia a los desafíos que la vida nos presenta.
Nuestros políticos intentan tener todas las claves , predecir que va a ocurrir , acumular la máxima información , conseguir saber qué les preocupa a los demás, administrar lo mejor posible sus presencias y ausencias, sus tensiones y distensiones.
Muchas veces estamos convencidos de que somos de una manera determinada y nos parece imposible llegar a cambiar entre ficciones y realidades. El servicio a la comunidad es una de las actividades más nobles y completas que puede ejercer el ser humano , siempre que se haga desde la dignidad y el respeto a sí mismo y a los demás.
Debemos ver nuestra personalidad, nuestra identidad no como una estructura rígida y definida , sino como un proceso dinámico. Si la personalidad es un proceso dinámico , tienen que haber ciertas fuerzas que la vayan creando, que le den estabilidad y también que puedan alterarla . Comprender este juego es importante si queremos abrirnos a un proceso de cambio personal.
La práctica diaria , tiene altos y bajos , claros y oscuros , tensiones y distenciones y se contamina de aquellas personas que hacen del arte de la política una mezquina y despreciable actividad. Quiero rendir un sincero y merecido homenaje a esas mujeres y hombres, que son la inmensa mayoría y que dedican su inteligencia y esfuerzo a mejorar la realidad y nuestras condiciones de vida.
Por todo esto , vaya mi aplauso a quienes tienen como principal objetivo las demandas de los ciudadanos y no el de complacer los deseos de los jefes que les han colocado en la lista de turno o les han designado con el dedo. No olvidemos que cuando nos importa la verdad y sentimos el miedo al vacío , hemos de confiar en que, cuando demos un paso adelante , a pesar de nuestros miedos , comenzarán a desplegarse nuestras alas.
Levanto mi imaginario sombrero por quienes , desde la defensa de sus ideas , son capaces de respetar al adversario y ser leales con los amigos , por aquellos que no necesitan ocultar sus intenciones , intentando impregnar toda su actuación de claridad y transparencia.
Denuncio por tanto , a los que pretenden mantenernos desinformados , llevarnos por el camino equivocado o envuelven en humos y falsedades su quehacer cotidiano para tapar sus vergüenzas y corruptelas. La reputación y credibilidad de quienes se dedican a la cosa pública debe ser un valor irrenunciable , quienes la pierden , se vuelven vulnerables y blanco de todos los ataques .
Los ciudadanos van a creer en nosotros , si somos capaces de predicar con el ejemplo , si nuestro discurso se corresponde con la ética de nuestra acción política , si les seducimos no venciéndoles , sino convenciéndoles . Una peligrosa tentación en la que incurren algunos de nuestros representantes, es la de considerar que el mundo es peligroso y ver enemigos por todas partes.
Este sentimiento , les lleva a construirse su propia fortaleza , rodeándose de escoltas , arbitrando todo tipo de obstáculos y barreras para resultar difícilmente accesible y permaneciendo distante ante los demás. Aquellos que se colocan en esta situación deben saber que los más indefensos y que el aislamiento que hoy se procuran, acabará separándoles del principal capital de un responsable institucional , el contacto con la gente.
Trabajar, trabajar y trabajar debe animar nuestro camino y hacerlo desde el ejercicio equilibrado entre audacia y prudencia , que en la mayoría de las ocasiones es el empleo del sentido común y la voluntad decidida de planear todo hasta el final, sin dejarse llevar por impulsos del momento o malgastando energías en improvisaciones inútiles . Actuar apresuradamente, denota una falta de control sobre uno mismo y sobre el tiempo.
