Cuidar el verbo y la capacidad de comunicación debe ser una de las virtudes de un buen político. Y en las fechas que vivimos abundan demasiado las porquerías y los desperdicios verbales , bien porque están bajo presiones, o por incultura . Y donde debería haber un termino ajustado a lo que se quiere expresar , llenamos la atmosfera de palabras malsonantes.
Pero no solo podemos criticar a los políticos por un verbo no deseable sino porque algunas cosas de las que hacen, están más cerca de ser unas porquerías o unos desperdicios para tirar , que una excelencias de gran utilidad para los ciudadanos y ciudadanas .
En sus chapucerías , recurren a pretextos en lugar de argumentar sus verdaderas razones , y cambian la narrativa de las realidades , perdiendo la iniciativa ante la toma de decisiones., y lo importante es que se den cuenta que lo han hecho mal .
Por eso en la dialéctica de los personajes públicos es más importante la calidad de sus actuaciones y no la cantidad de sus gestiones. Para todas ellas la atención y las demandas de los ciudadanos se deben convertir en el eje de sus líneas estratégicas de hacer política.
Satisfacer tanto las expectativas actuales como futuras es lo que permite a una organización política un posicionamiento ventajoso , creando lazos especiales de vinculación y fidelidad con los militantes y simpatizantes . Este reto es fundamental y básico para quienes se dedican a la política viéndolo y viviéndolo todo como un proceso.
Por eso , merece la pena que no perdamos el tiempo en disquisiciones y movimientos inútiles, y debemos prestar atención a aquellos que lejos de la retórica vacía se ponen a trabajar para resolver los problemas que afectan a la ciudadanía.
En ocasiones, sin embargo, caemos rehenes de porquerías y desperdicios y presos de un letargo desconocido, nos enredamos en los laberintos de la rumorología y acabamos por perder el rumbo entre tempestades que nos llevan de levante a poniente o viceversa , sin saber hacia que puerto hemos de enfilar nuestra proa.
Lejos de dispersarnos y disgregarnos en paraísos perdidos , nos conviene colocar los pies firmemente en el suelo y plantearnos con realismo que hacer, porque no debemos ignorar que una sociedad avanza o retrocede en base a los problemas reales y no en elucubrar sobre situaciones imaginarias o simbolismos.
No obstante nos planteamos con quienes y como emprender nuestra aventura , para qué y por qué tomar un sendero y no otro, cuando y donde llevarlo a cabo y con cuanto vamos a contar . Ser pescador de sueños es difícil , pero enrolarse en los acontecimientos del día a día es además complicado, sobre todo si hemos de mirar hacia delante con el único tesoro de nuestro equipaje personal, con la sola identidad de nuestra existencia.
Me pregunto , entre la curiosidad y el descubrir algo nuevo , porque nuestros años parecen más cortos conforme tenemos más edad, nuestros cielos y tierras más tangibles , nuestras luces y sombras más reales , y nuestros pensamientos y sentimientos más lejanos de los espejos en los que solo somos capaces de ver nuestra propia imagen.
Tal vez, cuando empezamos a quitarnos el polvo de nuestras vanidades y superamos las olas de nuestras soberbias , es cuando tomamos conciencia de que lo importante no es lo que tengamos sino lo que realmente somos entre nuestras dudas y contradicciones , entre las bondades y maldades que seamos capaces de fabricar , entre amores y desengaños , verdades y mentiras, , límites y horizontes sin fin.
