miércoles 20/1/21

Malaje y empatía

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Entre la fauna humana hay personas poco simpáticas, ariscas y con escaso don de gentes y otros cuya inteligencia social los convierte en verdaderos líderes. Los primeros son popularmente conocidos por esa expresión tan andaluza que son los malajes y suelen ser  doctores de la apatía y la irascibilidad, mientras de los segundos se dice que tienen empatía y generan energía positiva alrededor de ellos.

Si estos sujetos se dedican a la vida política, la cosa se puede mover entre el atractivo  hacia quienes les rodean en el caso de los empáticos ,y la tragedia en el de los malajes, ya que tienen tan malasombra que les cuesta trabajo hacer de  la vida un sueño agradable.

Tanto unos como otros entre su capacidad y su torpeza para la relacionarse con los demás, muestran una buena o mala capacidad social y una adecuada o pésima gestión de las emociones. Ser malaje es moverse entre lo malicioso, lo borde y lo retorcido.

Mientras quienes se esfuerzan en resolver problemas con su inteligencia social, poseen unas habilidades que les facilitan comunicarse efectivamente con base en la empatía, el autoconocimiento, la lectura y la escucha de las emociones de los otros.

Entre el polo malaje, amigo de la bronca y el conflicto, y hosco y desagradable en el hablar, y el mago empático de meterse a la gente en el bolsillo, hay una mayor capacidad verbal y no verbal, que es la plataforma principal por la cual transmitimos nuestros mensajes. Además saben usar las palabras correctas, el tono idóneo  y la intención certera de dar el primer paso en una comunicación efectiva.

Sin embargo cuando topamos con el “saborio” el “sieso” que no es capaz de regalar una palabra y mucho menos una sonrisa que dificulta la comunicación, mientras que los empáticos desde su inteligencia social, facilitan la interacción con personas de diferentes edades, procedencia, gustos, ideas e identidades personales.

 Los malajes y los empáticos, ven en una relación inversamente proporcional, que cuanto más hay de uno, menos del otro, observar que cuanta más simpatía proyectan unos, menos afectos provocan los otros. cuando un político despierta la empatía de la gente, observamos como facilita la comunicación y decimos que tiene carisma o esa cualidad o don natural que tiene una persona para atraer a los demás por su presencia, su palabra o su personalidad.

Desde su antipatía los malajes, de maligno proceder se construyen y procuran mantener una imagen insoportable de malasombras, y no son amables con amigos y enemigos, y mira que sale barato. No son capaces de conectar y en su forma de manejarse domina la mentira y la falsedad, por lo que se muestran negados  de lograr el consenso y la comprensión de los demás, ni por  casualidad.

De todas formas en un mundo como el que vivimos , Instalados en las nuevas tecnologías y con una juventud que tiene acceso a  la sociedad del conocimiento y por tanto puede presumir de ser la mejor preparada de las últimas décadas , hay algo que es una gran contradicción y que con tal que observemos ligeramente estalla ante nuestros ojos.

 Los malajes y los empáticos son en su mayoría , aparte de la predisposición, autodidactas,  ya en la experiencia educativa , no preparamos a nuestros niños y jóvenes para utilizar adecuadamente y manejar eficientemente sus emociones y su inteligencia social, mostrando una gran orfandad en el desarrollo y la madurez de sus personalidades.

Malaje y empatía
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