La queja constante

Una vida sin sueños , como diría Bangambiki Habyarimana , está llena de excusas y quejas. Hay quienes se instalan en el pesimismo permanente, y todo lo que les ha ocurrido ha sido una tragedia, lo que les  sucede un drama y el futuro lo auguran repleto de fracasos.

El lamento como himno de nuestras vidas , nos impiden respirar hondo, porque sentimos que las cosas siempre nos van mal y nos pueden ir  peor. Se justifican ante los demás con todo lo que hacen , con un sentimiento de culpabilidad difícilmente entendible, y en un papel de victimas sin remedio.

Incluso en un mundo fácil, son capaces de transformarlo en una vida difícil y llena de problemas, mientras que si nos empeñamos en ello y pensamos en positivo veremos el mejor lado de las cosas. Hemos de procurar darnos algún que otro capricho, hacer una pequeña locura y romper cualquier cadena que nos impida ser libres.

No hemos de tener miedo a los cambios, ni estar siempre defendiéndonos de peligros inexistentes, procurando actuar con inteligencia para que nuestros objetivos se cumplan. A veces el quejarnos puede ser útil para exteriorizar nuestras emociones y pensamientos negativos, y así nos desahogamos y expulsamos fuera toda la energía negativa.

Pero fuera de esta necesidad , no podemos hacer de la queja constante, nuestra forma de vida  o de eludir nuestra responsabilidad ante los demás y las situaciones. Una actitud muy frecuente es culpar a los otros de nuestros errores y si algo malo nos pasa, nosotros no asumimos la consecuencia de nuestros actos.

Los que todo el tiempo practican el gemido con todo el mundo, aprenden a ser negativos y cuanto más refunfuñan más refuerzan una conducta que les lleva al estrés y a la tristeza. Además no podemos olvidarnos que la queja además de aprenderse se contagia , y nos preguntamos una y otra vez ¿qué nos ha pasado?     

Hay individuos que tienen poca empatía , y por tanto poca capacidad

para situarse en lugar de los otros y entender sus emociones. Es importante que tengamos el valor de romper el bucle y el círculo de la queja constante y afrontar como resolver los problemas y cambiar la realidad.

En la atmósfera política y con las circunstancias tan problemáticas y complicadas que estamos viviendo hay quienes valoran positivamente la tarea que el Gobierno de España lleva a cabo, y están los que se quejan porque dicen necesitar más vacunas , por muchas que tengan guardadas y piden más cogobernanza , aunque hayan tenido los instrumentos necesarios desde el primer momento. 

Están los que no entienden la separación de poderes que fortalece el sistema democrático, y faltan al principio de no interferir en la esfera del otro, sin garantizar aprendizajes imprescindibles y deseables , o hacen demagogia de la cultura del esfuerzo y la meritocracia.

 Desde una colina podemos contemplar una imagen mágica, que encierra bellas estampas , músicas increíbles y bonitas  palabras que nos dibujan un cuadro muy alejado de cualquier queja sobre la suerte que hemos tenido en esta vida por poder vivir esta situación 

Nos paramos a hablar con la gente y en ocasiones, les contamos todas nuestras penas con todo lujo de detalles, o fabulamos sobre nuestras alegrías, imaginándonos lo felices que nos hacen y como somos capaces de deslumbrar al más escéptico , vacunándoles  de la queja y transmitiéndole todo nuestro gozo, contento y placer.