Allí, en su rincón de la hostelería en aquel mercado a pie de calle , Feliciano como todos los días seguía con sus listas de platos , raciones y tapas y su cambio en función de lo que le costaban las materias primas . En su modestia cuidaba su rincón del yantar y el degustar como el más reputado de los restaurantes.
Eso sí cada día que me paraba a saludarlo , estaba con sus listas, una tras otra ,como si fuera un principio sin final , y en la grata compañía de Flora que recibía con flores de todo los colores al que quería acceder aquel templo de la nostalgia que quería resucitar entre los mejores pescados carnes y frutas que mostraban Salvador, Pedro y Desiderio en sus expositores.
Y no faltaba el buen pan y los dulces que ofrecía Magdalena la panadera, mientras Cecilia la peluquera dejaba listo para bodas , bautizos y comuniones a todo el que se sentaba para ser arreglado. El hombre de las listas estaba lleno de miedos e incertidumbres aunque pareciera muy seguro en aquel microcosmos ante todos y de todo.
He de confesarles , que una de las cosas que más horror y pánico me producen , son aquellas personas que dicen no tener miedo de nada o aquellas otras que hablan desde la atalaya de la única verdad y santifican con el único dogma posible cualquier manifestación que hagan , no admitiendo que otras opiniones y otras voces son posibles y deseables.
No era el caso de Feliciano , por su sencillez, humildad y yo diría que escondían un gran tímido. A lo largo y ancho de nuestro discurrir por el camino de la vida , nos topamos con todo tipo de sujetos, desde aquellos que no sentían acrofobia a pesar de estar en las alturas , pero que a todas luces su posición es la más perjudicial para ellos y los demás.
O la de aquellos que se mueven en espacios abiertos , intentando contentar a todos y todas los integrantes de la humanidad , pero sin reconocer su agorafobia , o los que parecen insensibles pero no soportan el más leve y nimio de los dolores.
También conocemos a aquellos que dicen sentir necesidad de estar con sus congéneres y a la hora de la verdad son incapaces de mirar de frente a la gente que le rodea, lo que les encanta es volar con su imaginación, pero sienten terror a la ingravidez o a aquellos que les seduce buscar la razón oculta de las cosas pero tienen terror a las profundidades.
Tampoco podemos olvidarnos , de los que con su mordaz verbo producen heridas en ocasiones incurables y sin embargo en su belonefobia, se sienten turbados ante la amenaza de cualquier objeto punzante o la de quienes tienen verdadero espanto a los espacios cerrados, y en su agorafobia viven su lugar de trabajo, su ascensor o su casa como si fueran verdaderas cárceles.
En el mundo de la política, los hay quienes les entra diarrea a la hora de tomar decisiones , en una decidofobia , que paraliza todo cuanto toca o de ellos depende , pero también los tenemos con auténtico horror tanto a las multitudes , o a estar solo o cambiar de situación.
Y el colmo de los colmos es el miedo a los propios miedos , y es que este sentir abrumador temor por la posibilidad de vivir situaciones que les causen algún tipo de angustia , nos puede llegar a paralizar de tal manera , que nos provoque una fuerte inestabilidad y estrés, y no demos pie con bolo.
Miedo, mucho o poco miedo, los hay para todos los gustos y disgustos , pero en la sociedad en la que nos ha tocado vivir tal vez de los más peligrosos y destructivos , sean la soledad entre la multitud o con los aparatos y artilugios intentando conectarse con el mundo en cualquier espacio y tiempo , padeciendo la ceguera de los ojos que podrían ver perfectamente, o sufriendo de la enfermedad del aburrimiento aunque aparentemente parezcan sanos.
A Feliciano y sus compañeros en aquel pequeño templo del vender , habían superado sus miedos , y recuperado dos de los mejores remedios , la iniciativa y la ilusión , y desde su fantasía se habían resistido a uno de los peores males de la historia de cada cual , la de dejar de ser ellos mismos , la de regalar una sonrisa con la que pretenden hacernos felices .
Se habían puesto a soñar despiertos y con ingenio y creatividad , había momentos que imaginaban estar en un gran mercado como madrileño de San Miguel y en los momentos de delirio se trasladaban con sus mentes al Gran Bazar de Estambul, lo que le impulsaba a nuestro protagonista a continuar haciendo listas, cada vez más largas.
