miércoles 20/1/21

Hablar con mucha gente

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Hay quienes buscan sin parar la soledad y el silencio y huyen del contacto con los demás, mientras estamos los que necesitamos por nuestra curiosidad y la necesidad de aprender de la personalidad humana hablar de muchas cosas con mucha gente. Saber qué es lo que sucede más allá, porqué se producen determinadas conducta y no otras.

Tal vez obligados por las circunstancias estamos creando una sociedad que buscando la protección, nos encerramos en el confinamiento y en nosotros mismos .No discuto la necesidad de la primera por la protección de nuestra salud, pero hemos de tener mucho cuidado de  acostumbrarnos al  aislamiento.

Nuestro estado natural como humanidad es estar en permanente contacto, aprender cosas desde pequeños por imitación, contarles a los demás lo que nos ocupa y preocupa, como somos capaces de poder entendernos  con gestos aunque hablemos lenguas distintas.

Entre laberintos e intolerancias, buscamos las salidas, que terminamos encontrando, superando  gente tóxica con las que nos topamos en el camino, ahuyentando inquietudes e incertidumbres. Al igual que en  la música si el cantar necesita el directo, el hablar precisa del calor humano.

Cuando salimos a  la calle y observamos quienes conviven con nosotros, vemos la pluralidad de nuestros coetáneos desde su lenguaje, su movilidad, sus gestos y sus ideas y comportamientos. Su lenguaje corporal, así donde hay una buena sonrisa anuncia el comienzo de un buen día, mientras que un rostro de pocos amigos, nos otorga muchas papeletas de mal humor.

En nuestras relaciones diarias hemos de tener muchos ojos con los despistes, reconocer nuestros errores y pasar a otra cosa, cuando nuestra seguridad aumenta y mantenemos el equilibrio, hacemos galas de nuestras habilidades, y debemos procurar no mostrarnos distantes, sino empeoraría las cosas.

Continuamente estamos ensayando y estrenando cosas que no sabíamos que existían, y entre parecidos y similitudes, intentamos seguir las reglas y cumplir con nuestras obligaciones. Recordamos que aquella había sido una jornada apacible, que le hacía leer y escuchar música, lo que no significaba que hubiéramos dejado de atender otras responsabilidades.

Necesitamos gestionar nuestras certezas, sin ocultamientos ni opacidades, sin hipocresías ni falsedades .No olvidemos que todavía en pleno siglo XXI no es posible acceder a internet para un 38% de la población que padecen una brecha digital

Los hechos humanizan nuestras palabras aunque en ocasiones puede que sean al revés, en un encuentro entre cuerpo y mente, alejando de nosotros el estrés y bailando entre oportunidades encontradas y perdidas. Desde pequeños necesitamos cognitivamente salir a la calle, del ejercicio de nuestra responsabilidad depende que no tengamos restricciones a nuestras relaciones y movilidad en comunidad.

Cuando nos relacionamos con mucha gente, nos encontramos con algunos ejemplares, que son inoculados por el virus del insulto, y ese al igual que el coronavirus hemos de convertirlo entre todos, no dándole ni espacio ni carta de naturaleza.

Ante el cansancio y para evitar el estrés tenemos que saber cuáles son nuestras prioridades, superar el cansancio y el agobio, rodeándonos de gente que nos aprecia y nos tiene un gran afecto, dejándonos llevar por lo agradable y manteniendo la tranquilidad ante los conflictos.

 

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