domingo. 25.09.2022

Entre fallos y desaciertos

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar    

Los catálogos de vida de los que llenamos el mundo suelen venir  con todas las características, incluso nos indican lo que tenemos que hacer en el caso que nos aparezcan algunos fallos y desaciertos típicos. En la mayoría de las ocasiones nos recomiendan que apaguemos y reiniciemos el sistema. Yo he pasado por ese trance  con la llamada cardioversión ante una fuerte crisis del ritmo cardiaco.

Tal vez, porque no nos comportamos como  aparatos ni maquinas, aunque a veces lo parezca, ni somos perfectos y estamos siempre sincrónicamente ajustados, sabemos que estamos sujetos a fallos y desaciertos que entran dentro de nuestro funcionamiento normalmente anormal o anormalmente normal.

 Con frecuencia creemos que lo correcto es lo que gusta a los poderosos, y suele ser más efectivo lo que les inquieta y les pone nerviosos, porque entre jaleos y zamarreones tendremos más posibilidades que cambien sus actuaciones en beneficio de la comunidad, a que continúen alimentando y engordando sus egos y bolsillos.

 Entre fallos y desaciertos, la actividad intelectual les da miedo a muchos de los poderes económicos y políticos, porque fomenta el juicio crítico y estimula el preguntarse y querer encontrar respuestas, lo que nos sitúa en muchas ocasiones en una situación de escepticismo y desconfianza que  nos lleva  a no fiarnos de nadie y menos de lugares y personajes  donde se concentra el poder.

 Estamos insertos en una globalización , que lejos de servirnos para ampliar nuestros horizontes y conocimientos, con  los instrumentos  de las nuevas tecnologías y las aplicaciones de las redes sociales, nos debería enriquecer  como personas y ofrecernos una visión más amplia de los demás, de nosotros mismos y el mundo en el que vivimos.

 La realidad en la que en ocasiones terminan nuestras   historias que podrían ser interesantes y apasionantes, es el pasarnos  horas y horas pegadas a una pantalla con todo lo que sucede en el mundo a nuestra disposición, creyéndonos los dueños del mismo, pero cada vez con menos capacidad y autonomía para tomar nuestras propias decisiones.

A pesar de todo, somos seres con suerte, porque en demasiadas ocasiones nos educan con contenidos inútiles de cosas que jamás vamos a encontrarnos en la vida diaria, mientras que lo que realmente ocurre, y los métodos para resolver los problemas con los que nos encontramos a diario son ignorados como si no fueran con nosotros. Incluso ahora ésta se va sustituyendo por una virtual construida a propósito como si estuviéramos en un permanente videojuego.

Incluso hay conceptos que se reconstruyen en una ceremonia de la confusión , entre lo bueno y lo desgraciado y lo malo y el triunfador , y en esos equívocos, vamos formando legiones de sujetos sectarios , dogmáticos y simplistas, incapaces de sentarse a dialogar y abrir nuestros balcones y ventanas a lo que los otros pueden enseñarnos.

Debemos acompasar nuestras palabras con nuestros gestos, sino además de pasar con facilidad y peligro de la alerta a la alarma, estaremos más cerca de oscuridades que de resplandores, de intenciones oscuras que de estrategias claras, de oportunidades pérdidas que encontradas.

Por muchas tonterías con las que pretendamos enredar, y barbaridades que queramos elevar a la categoría de pensamiento, al final los datos se imponen aunque haya quienes pretendan manipularlos o ignorarlos.

 

Entre fallos y desaciertos
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