Coloquios de los objetos

Entrar en aquella casa era como adentrarse en un estudio de una película fantástica, de terror o de ciencia ficción. Todas las voces sonaban a la vez, pero no procedían de las personas que en ella vivían, sino de los objetos que estaban en cada una de las habitaciones.

Así uno de los hermosos y cómodos butacones que se encontraba en la sala de estar invitaba a todo el que por allí pasaba a colocar sus posaderas y gritaba a los demás artilugios que poblaban la mansión “soy el mejor y el más solicitado”.

Aquello era una experiencia extraña , ya que nos habían enseñado desde pequeñitos a caminar hacia delante escribir al derecho, y que los objetos no hablaban sino las personas. De todas formas entre la curiosidad y el miedo , nuestros anhelos y aspiraciones en demasiadas ocasiones acabamos haciendo no lo que queremos y deseamos , sino lo que otros nos piden.

Desde aquel gran salón abierta , el televisor de 60 pulgadas les hablaba a todos los objetos mostrándole sus imágenes y emitiendo sus audios, todo lo que ocurría en el mundo, y ofreciéndonos películas, series y documentales de todos los géneros.

También lanzaban su mensaje de vez en cuando avisándonos en distintos tonos los tres móviles que invadían la cosa ofreciéndonos la posibilidad de tener el mundo en todos sus aspectos en el bolsillo y resolver las dificultades que se nos presentaran a través de las distintas aplicaciones.

Los grifos expulsaban sus chorros de agua para limpiar nuestros cuerpos a través de las duchas y con el cubo y las fregonas para mantener limpia la casa en todos sus rincones. A veces a través del compacto sonaba Serrat con su canción “ el hábito no hace al monje , pero da el pego”.

En este escenario deberíamos ser capaces de volar y hacer posible el sueño de Ícaro, de encontrar nuevas fórmulas para intentar armonizar este coloquio entre los objetos, en el que normalmente no nos dicen lo que queremos y no sabemos muy bien hacia donde quieren ir.

Si nos damos cuenta , gran parte de esta humanidad , del resto de la fauna y de los objetos que pueblan esta gran pelota llamada Tierra , no vive, sobrevive , y los que lo hacemos en gran medida, estamos hecho un lío entre realidad y ficción, nuestros recuerdos e imaginaciones , los fantasmas del pasado y las imaginaciones del presente y el futuro , confundiendo permanentemente realidades y espejismos.

Los momentos que vivimos son apasionantes, en los que la técnica puede lograr cualquier cosa , resucitar un rito y ponernos a vender cualquier mercancía , hasta fabricar humanoides o ir descubriendo las posibilidades de la inteligencia artificial en el que ya parece que nos adentramos en el mundo de experimentar emociones.

Resolver cualquier problema con los datos que le demos o diseñar un proyecto según nuestros deseos , pero todavía no han logrado aquello en lo que nosotros somos verdaderos maestros que es aparentar una cosa y hacer otra. Una de las mejores pruebas de que nuestra cordura deja mucho que desear , es observar la conducta de algunos políticos y comprobaremos desde trastornos de la conciencia, la concentración , la memoria , le tiempo , la percepción hasta delirios en sus ideas , sus discursos y sus actuaciones.

Mientras la vitrocerámica pitaba de forma irritante, el timbre de la puerta de entrada sonaba sin parar y en medio de este coloquio entre las cosas y los objetos evocaba a Heinrich Heine , el poeta alemán del siglo XIX , que decía que “la verdadera locura quizá no fuera otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo , tomaba la inteligente resolución de volverse loca”.