La caja de las sorpresas

Romper las quietudes, las parálisis y las rutinas con asombros fascinaciones y sorpresas le da salsa y aliciente a nuestro camino , a nuestro paso por nuestras vidas. Es necesario que quienes se dedican a la política y aquellos otros cuya obsesión es ocupar sillones, muestren algún tipo de sensibilidad hacia como viven y que quieren los ciudadanos y ciudadanas que les votaron o que no lo hicieron pero contribuyen con su trabajo e impuestos a construir una sociedad mejor.

Hay que tener en cuenta que nuestra normalidad no es la de otras personas, y la gente de bien de este maravilloso lugar que es España estamos en una situación de confrontación social que alimenta la derecha y algunos sujetos sin alma , ni vergüenza, de insultos y descalificaciones , sin argumentos ni propuestas , donde abundan los chanchullos , favores , enchufes y pelotazos de mediocres y oportunistas.

Están  todo el día instalados en la mentira , y en hacer estallar cualquier situación por muy positiva que sea, provocando la crispación y el hartazgo político .Por ejemplo , que se puede pensar de alguien que como José María  Aznar que ha sido Presidente del Gobierno de España diga del actual Pedro Sánchez que “es un farsante y un caudillo populista” . Y es que hay quienes con sus palabras proyectan su propio “yo”, y un autócrata ve a los demás a través de sus gafas.

Entre pliegues y repliegues hemos de fijarnos objetivos realistas , y entre visiones del mundo dispar y distinto deberíamos empeñarnos en encontrar soluciones creativas , superando todos los altibajos emocionales y sabiendo salir airoso de situaciones complicadas e inverosímiles. En definitiva la normalización de la deslegitimación del adversario no hace más que elevar la tolerancia ente el insulto.

En esta caja de sorpresas hemos de saber ilusionarnos buscando la máxima tranquilidad posible y que nadie afecte negativamente a nuestro ánimo , alternado nuestro equilibrio , sabiendo que nuestra paciencia va a ser recompensada y que los apoyos e impulsos nos llenan de afectos.

Resulta sorpresivo que entre lo invisible y lo visible todo cambie y evolucione ,pero lo esencial esté siempre ahí  y entre amigos y enemigos , aliados  y rivales , abucheos y reproches, halagos y lisonjas, haya personajes ue nos provoquen miedos y otros que nos embelesen y nos inyecten ternura.

Muchas veces , surge lo imprevisto de la caja de sorpresas , y es como si las palabras que pronunciáramos resonaran en nuestro interior con  todas sus letras y su musicalidad con sus rimas y sus disonancias, y por mucho que queramos ocultaras , la realidad nos las coloca delante de nuestras narices, y surgen entre preparaciones y espontaneidades.

A los ciudadanos y ciudadanas comprometidos nos hierve la sangre y no podemos permitir que quienes nos tienen que dar explicaciones se vayan por las ramas en un lenguaje que nadie entiende, y aunque nuestros lideres empleen con nosotros toda su capacidad de comunicación , su don de palabra y su magia logren sorprendernos y convencernos.

Queremos huir de la rutina, y entre aromas y sabores, adioses y bienvenidas , enfados y alegrías , nacimientos y muertes , comidas y defecaciones, rigores y supersticiones , equilibrios y manías , playas y montañas, fríos y calores , de pie y sentados buscamos lo que tal vez  no encontremos.

Con nuestros gritos y palabras tenemos nuestras agendas repletas de nada, aunque figuren muchos nombres y demasiados temas. Es como una cocina con muchos cacharros y sin ingredientes para llenar las cazuelas y peroles de verduras , carnes y pescados.

Nos movemos entre lo viejo y lo nuevo , lo conocido y lo novedoso entre el hogar y la calle , el terror y el romanticismo , las virtudes y los vicios , los mandones y los mandados, los cerriles y los moderados , los negociadores y los fundamentalistas , las olas y los vaivenes. El éxito está a la vuelta  de la esquina pero hemos de buscarlo sin disfraces ni decorados , en la autenticidad de la sal y la pimienta , del piensa y diviértete , de que no  perdamos la capacidad de sorprendernos , de que aunque las palabras se las lleve el viento, los hechos quedan.