Lo deseable y una de las cosas que nos produce más alivio y esperanza es crear espacios de diálogos y entendimientos , y huir de polémicas artificiales e injustificadas, que solo buscan mediante sus salidas de tono e hipérboles conseguir un titular , aunque no signifique ninguna propuesta alternativa y constructiva, sino una crítica destructiva.
Si no tenemos alivio ni esperanza corremos el riesgo de colapsar nuestro presente y quedarnos sin futuro. Ha de encontrar ambos en la sensibilidad del Gobierno y la oposición de turnos , y no generarles desconfianza y desconocimiento.
Necesitamos un discurso de concordia entre la polarización y la confrontación, historias que alivien nuestra ansiedad y nos inyecten grandes dosis de esperanza, que nos movamos y no dejemos de sentir curiosidad y asombro por lo que nos sucede.
Con alivio y esperanza analizamos y revisamos nuestra realidad e intentamos aprovechar las oportunidades que se nos presentan, con innovación y compromiso, poniendo nuestras capacidades al servicio de la comunidad, fundamentalmente de los más vulnerables..
Podemos hacer de nuestras vidas una suma y una multiplicación constante o una resta y una división sin remedio , una especie de parálisis y posesión producida por una presencia fantasmal , entre la fatalidad y la desmesura.
Más de cuatro décadas de Constitución y cuando se pone en marcha la Décimo Quinta Legislatura y los ciudadanos necesitamos claridad y transparencia , respeto y esperanza en las relaciones entre los actores de la política, porque será bueno para España , desde la diferencia y la discrepancia, la pluralidad y la diversidad.
Hemos de tener cuidado con los que andan de un lado para otro , cual lunáticos en busca de su papel en la vida , sin cosechar un alivio ni alimentar una esperanza. Se empeñan permanentemente en ser una cosa y ejercen de todo lo contrario, parecen que van en una dirección y sin embargo caminan en sentido opuesto , hablan de rectitud y son los más inmorales y corruptos , y se escudan en murallas inexpugnables para ocultar sus vergüenzas e inseguridades.
Son de esa clase de gente instalados en la constante estrategia de la confusión , que resulta más alarmante , grave y evidente , cuando el sujeto en cuestión es alguien con una responsabilidad pública , uno de esos actores en busca de un autor con la misión de conseguir que las cosas funcionen y que vivamos mejor.
Estos personajes deberían ser capaces de sintonizar con las demandas y los sentimientos de los ciudadanos y ciudadanas , y manejar los desacuerdos antes que se conviertan en incomunicaciones y abismos insalvables , e intentar resolver los problemas para evitar que se transformen en conflictos sin aparente solución.
Hacer de su vida un ejemplo, ejerciendo una pedagogía desde el ejercicio del poder. Los políticos inteligentes , aquellos que utilizan hábilmente el sentido común y están siempre dispuestos a escuchar la voz del pueblo , saben y entienden que el liderazgo no tiene que ver con el control de los demás , sino con el arte de persuadirles , para ser protagonistas y colaborar en la construcción de un objetivo común.
Mientras aquellos que tienen un concepto personalista y degradante de la política , actúan presos de un narcisismo en el que los demás no existen, salvo en la condición de espejos de si mismos.
